Hay un poema de Carolina Coronado que empieza así:

 

¿Cómo te llamaré para que entiendas
que me dirijo a ti ¡dulce amor mío!
cuando lleguen al mundo las ofrendas
que desde oculta soledad te envío?...

Es un poema, por su final, dirigido a la Suprema Divinidad, pero todo él es un canto al Amor, sentido como lo siente quien ama con todo su ser mortal, mejor dicho puede expresar el amor concreto a alguien imposible, lejano, inalcanzable y a pesar de todo ello amado con toda la pasión de las entrañas, de la carne y con toda la dulzura y ternura con que el corazón ama por primera vez.

 

La felicidad sin ti es imposible, la felicidad contigo no la concibo, sé que no alcanzaré, me conformo con amarte, no puedo pedir más. Estoy bien, a ratos, como puede estar bien quien siente que le falta el aire y sin embargo respira, como al que le falta la luz y sin embargo ve, como al que le falta la vida y sin embargo vive. Me levanto, sonrío, te pienso, te añoro, te aparto de mi mente, acallo el estremecimiento de mi pecho, me vuelvo de corcho, mi cara se vuelve de palo, suspiro, busco un algo que me haga respirar, ver, vivir, capto los olores, los colores, la vida... me obligo a saborearlos y sonrío de nuevo... me obligo a ser feliz y a vivir sin ti. Empeño en ello mi coraje y mi bravura, doblego mi llanto, me domo de nuevo, me hago sentar frente a mí y me leo la cartilla, letra a letra, me hago repetir en voz interior, no puede ser, no puede ser, no puede ser, y... respiro, me tomo un respiro hasta que de nuevo indomablemente me respondo, es, es, es... no podrá ser, pero es, y ya está, no habrá otra forma, no habrá otro modo, será imposible, pero es. Como te dije: el amor tiene razones que la razón no entiende... el que discurrió la frase,  sabía muy bien de lo que hablaba. No se pueden hacer razonar al amor, se ama porque se ama, sin pedir permiso a la lógica, sin considerar el propio provecho, se ama o no se ama. Dichosos son los que aman a dos y entre dos. El amor solitario, es el puñal que se clava y rasga nuestro ser, cicatriza una y otra vez, se calma, se conforma, sangra lagrimas entre sonrisas y vuelve a desgarrarnos sin que deseemos que el desgarro deje de clavar su hoja en nuestro ser.

 

 

Te regalo mi amor, no vale nada,

pero mío no es, te pertenece,

guárdalo en un rincón, si te apetece,

arrójalo al olvido, hazlo trizas.

Allí donde lo arrojes, trozo a trozo,

volverán a reunirse los pedazos,

tomaran nueva forma y reunidos,

volverán a buscarte en el camino,

te hallarán y ante ti, dirán callados,

sin palabras, sin voz, sólo un susurro

mi esperpento de amor, dirá: Te amo

Tu regalo es mi amor, no vale nada.

 Mi regalo eres tú, tú lo eres todo

 

C. R.C. (05-01-09)

 

 

 

 

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