Tengo un buen amigo que me dijo un día que él no escribía poemas a no ser que tuviera alguien especial a quien escribirlos y a pesar de todo, algún poema me ha escrito y no soy nadie especial para él, simplemente una amiga, gracias por tus palabras, hoy soy yo la que quiere compartir las mías sin más motivo que las ganas de hacerlo porque me sale de adentro y  sin dedicarlas a nadie y a todos, como me dijo alguien también, tenemos algo maravilloso que es  LA PALABRA,   compartimos las palabras, y hoy ellas son para esas y para esos, que también las comparten.

 

En un tarde tibia, de calor hogareño,

cuando la melancolía llega y se sonríe,

como tan sólo hace quien aprendió a amarla,

como tan sólo sabe sonreírle a la cara,

mientras en los ojos languidece una lagrima,

una sonrisa asoma entreabriendo los labios,

un suspiro se escapa,

un sueño permanece,

mientras las horas marcan el fin de la jornada,

de la roja jornada del gordo del invierno,

de la dulce jornada de niños que sonríen,

esperando en la noche escuchar el tintineo,

de un trineo tirado por remos voladores,

mientras buscan la estrella, oteando horizontes,

de la noche más bella entre todas las noches,

van llegando de Oriente con perfume de esencias,

con perfume de sueños,

con perfume de infancia,

tres figuras lejanas, a lomos de camellos,

y esa noche al cerrar y dormirse los ojos,

sé, porque lo sé,

y que nadie lo niegue,

que al abrir nuestros ojos, la mañana de Reyes,

cada año soñamos, sin ser niños soñamos,

que no sean un sueño,

que nos volvamos niños,

y en la alfombra del cuarto,

en la sala,

en la puerta,

de repente encontrarnos pisadas de camello,

y, aunque no las veamos,

aunque no lo creamos,

cada año al dormirnos... seguiremos soñando.

 

C. R. C. (25-12-08)