Lo sabías, lo sabes
¿quién te mandará hacer lo que sabes que te puede hacer daño?
¿quién?
Está ahí
Ese dolor no ha muerto, ese no
Ese no ha desaparecido
Viste sus ojos
Y algo dentro se estremeció
Continuaste con las puñeteras fotos, toda la tarde, toda la tarde tentando al diablo.
Era sabido
No te llegaba con las fotos, no
Tuviste que leer aquellos papeles doblados, guardados,
¿por qué los guardas si te hace tanto daño verlos?
Si te hace tanto daño rozarlos con tus dedos
Si te hace tanto daño pensarle escribiéndolos
¿y ahora?
Duele dentro como hace ya casi siete años
¿Era el día? ¿Tal vez fue eso?
¿Le recordaste llegando sonriente con sus bártulos dispuestos?
¿Fue eso?
No, no pienses en la música, ni en el sonido del mar, no
Aquella noche sabes que fue la noche en que ocurrió lo que no llego a ser
Fue esa noche, lo sabes, tuvo que ser esa noche
¿Y todavía alguien se pregunta de que huyes?
¿Todavía alguien se pregunta por qué te castigas?
Porque es castigo
Es tu castigo, el que te has impuesto, el que no has podido todavía levantarte
Tu silencio
Tu aislamiento
Tu negación de ser
Tu condena a la soledad por el pecado no cometido
Sabes que no eres culpable pero te sientes culpable, te sigues sintiendo culpable de sus lagrimas, de su desesperación, de su desgarro... de su amor.
Seguramente él ni se acuerda de ti, si no es para despreciarte, para maldecir el día en que te conoció, el día en que te amó
Sin embargo, no puedes olvidar ese dolor, ese no, ese no lo soportaste.
Duele hacer sufrir, ese es el dolor que te condena y está ahí dentro, no se ha ido.
Que te lastimen a ti es un dolor más llevadero, es tu propio dolor y así lo aceptas.
Duele ver esas fotos, duele leer lo que escribió, como si lo hubiera escrito hoy.
Y lo que más duele es que no tengo nada por lo que pedirte perdón, sólo por tu dolor que me duele aunque a ti ya no lo haga, me dolerá para siempre, por breve que haya sido, es el dolor que me duele.
La última foto que me enviaste, las últimas palabras que me escribiste y llegaron a mis manos. Hubo otras pero las rompieron sin que las pudiese leer... tal vez fue mejor que ella las rompiera, no habría cambiado nada, no podía ponerte a ti por encima de ellos, aún me necesitaban y yo... sí fui culpable de no enseñarte a esperar por mí... o tal vez... no te amaba lo suficiente o pensaba que no me amabas, que no era yo a la que amabas que era a N... y yo había llegado a tu vida en el momento en que necesitabas sentirte querido por alguien cuyas manos te gustaran. ¿Qué más te gustaba de mí?, mi cabezonería no, sabes que discutíamos, que nos enfadamos un montón de veces y... el que no me creyeras cuando te dije que no podía ir porque mi madre se había caído, mis hijos se irían con su padre y no quería dejarla sola... tú me contestaste por teléfono si no iba a ir nunca más... si tenía a otro... y eso... fue lo que me hizo decirte que de acuerdo, que no iría nunca más, que lo dejábamos estar porque sería mejor para los dos... Aquella noche viniste. Cuando te abrí la puerta y te vi, supe que habías ido porque no me habías creído... y yo estaba muy cansada de luchar sola, de ser fuerte yo sola, lo último que necesitaba era cuidar de alguien más... ya me llegaba con mis hijos, con mi madre, necesitaba de ti para compartir contigo, para sentirme segura cuando lo necesitara, para que te sintieras seguro tú... pero no para ser yo la fuerte, la que cuidara, la que mimara, yo sola no podía, no podía darte lo que me pedías... tal vez era que no te amaba, tal vez...
Recuerdo tu frío, estabas helado cuando te metiste a media noche en mi cama, intentaste besarme y te dije que no. A la mañana siguiente te fuiste sin esperar que volviesen mis hijos, a R. le dejaste tu gorro de lana... aún lo tiene.
Después las llamadas diciéndome que estabas muy mal, tus fotos, tus cartas... menos la última... los mensajes que recibí aquella noche en el hospital... no te contesté, no podía decirte lo que había ocurrido... no quería que sufrieras por mí, mejor que no lo supieses... y que me odiases por cruel... que pensaras que había jugado contigo, que era una caprichosa insensible consentida... todo era mejor que tu dolor... ese no lo podré quitar nunca de dentro de mí... aunque no te haya querido... duele.
