miércoles, 15 de octubre de 2008 22:18
por
macarey
Gracias
Estoy cansada, debe ser el otoño o como dice mi compañera de ofi, los años, la verdad ni me preocupan, pero si ella que es catorce años más joven que yo lo dice, pues le echaré la culpa a los años, a alguien hay que echársela ¿no? En fin, bromas aparte
Esta semana no es como la pasada que fue puro frenesí y no precisamente frenesí de ese que nos hace vibrar sino de ese otro que nos hace vivir intensamente por no tener tiempo para nada, se aprovechan los segundos, se repasa mentalmente mientras vas camino del trabajo lo que se te ha podido olvidar y no piensas en otra cosa que en que el tiempo corre y no llegas, no llegas y al final se llega, con la lengua de fuera pero se llega, al menos de momento.
Esta semana y sobre todo hoy ha sido de otra manera, más tranquila sin tiempo para aburrirse pero sin la presión del no llegas. Hoy antes de ir a la oficina fui a hacer unas gestiones, cuando terminé y ya salía del Ayuntamiento, oí que me llamaban por mi nombre, “Carmen, ¿necesitabas algo?” Estaba empezando a bajar las escaleras hacia la plaza y no lo había visto, supongo que estaba fumando un cigarrillo en los soportales de la entrada. Al oír mi nombre y la pregunta me volví y le sonreí, diciéndole que no, que había ido a otro departamento, le di las gracias y le sonreí diciéndole adiós, mientras pensaba: para que después hablen mal de los funcionarios. Lo que importan son las personas y no los estereotipos. La verdad, sinceramente o tengo la suerte de tropezar con gente maja o aquellos con los que por mi trabajo tengo que tratar con frecuencia son todos igual, todo amabilidad y colaboración. También es cierto que nos conocemos hace años, será por eso, no sé, pero no tengo queja de nadie, ni de funcionarios, ni de ninguna persona con la que haya tenido que tratar, algún borde he encontrado y a algún pasota también pero al cabo de dos o tres visitas suelen cambiar o me lo parece a mí, debe ser que hoy tengo el día positivo y solo me acuerdo de lo bueno, pero prometo que intento hacer memoria de algún episodio desagradable y no me acuerdo de ninguno... Miento, ya me acuerdo... fue en agosto, un mal bicho que se creía el capitán de un barco negrero. Habíamos subido al tren en Chamartín, eran las nueve y media de la noche y teníamos por delante un viaje de once hora. Ibamos en coche cama para poder dormir algo de noche y no llegar molidas a la ofi, de la estación con maletas y todo ibamos directamente al trabajo. El caso es que las camas estaban bajas y le pedimos que las subiera para poder sentarnos, aún no nos apetecía dormir, su respuesta tajante fue aquí no se va sentado, acabo de hacer las camas y se quedan así, ¿ a qué hora las llamó mañana?... Me sentó como una bofetada su prepotencia y mala uva. En el viaje de ida había una chica, ella sin decirle nada fue por los compartimentos preguntando si necesitaban algo y subiendo la cama de arriba que también estaba baja, pero que cualquiera con dos dedos de frente sabe que no se va uno a acostar once horas y si no se sube la cama superior es imposible sentarse porque hay que estar encorvados y con la cabeza se choca en la otra cama. Al maleducado del viaje de vuelta le dijimos lo que su compañera había hecho con una sonrisa amable, el susodicho, sin pestañear, nos miró y nos contestó que no estaba para tonterías y que las camas se quedaban así, se dio media vuelta y continúo gruñendo y molestando con su actitud a todos los que nos había tocado viajar en ese vagón con un dictador como encargado. Me sentí tan indignada que bajé del tren, necesitaba fumarme un cigarrillo, paseé andén arriba y abajo mientras pensaba que pondría una reclamación nada más llegar a la estación... al final no lo hice, pensé cuando me calmé que habría tenido un mal día el fulano, pero... fue un episodio indignante. En el AVE todo sonrisas y anuncios de viaja en tren ofreciendo imágenes de vagones de trenes de largo recorrido que invitan a hacer el viaje en ese coche cama que nosotras habíamos pagado como si fuera el del anuncio y en ese tren tercermundista que nos habían colocado, pagado como si fuera de primera, aún encima de estar oxidado por fuera, lleno de migas y porquería en el aparato del aire, mal olor, un cuchitril escaso y asfixiante, casi claustrofóbico, por si fuera poco nos toca aguantar el malhumor o la mala educación del señor Aquí Se Hace Lo Que Mando Yo... Señores de RENFE, suspensos en el trato que nos dan a los de siempre, sí a estos de la esquina noroeste y que por idiotas no sabemos protestar. Como dijo el otro día mi jefe nos tratan como “apaches”, en Coruña hay un tren como el del anuncio del AVE, y a nosotros como siempre que nos zurzan, a pagar y a callar. Creo que ahora hay ya un TALGO, han jubilado a esa inmundicia de tren con nombre que no merecía...
Pasemos un tupido velo, y volvamos al día de hoy. Poco después tropecé con otra persona que de nuevo me hizo valorar lo que importa la actitud de la gente, un saludo y un “adiós Mari Carmen, tu sonriente como siempre, es una maravilla”
¿Qué nos cuesta sonreírnos cuando nos acercamos o nos vemos? Al menos a mí me han hecho sentir bien esos dos saludos de hoy, lo demás... no merece la pena. Gracias por alegrarme el día.