Me senté en ese banco, donde siempre me siento,
aún sus hojas son verdes resistiéndose al tiempo.
A su lado las hojas de otro árbol van siendo
de ese color dorado que les pinta de nuevo
la anunciada llegada de este otoño viniendo.
Esta noche la lluvia, que llegó con el viento,
tal vez dejó a sus ramas con el verde en el suelo.
Poco a poco del árbol se le irán desvistiendo
una a una sus hojas se le van ya cayendo,
será de nuevo árbol palo, elevándose al cielo,
recibiendo en su tronco la caricia del viento,
el calor de los rayos del sol tibio de invierno,
el mirar de mis ojos de camino a su encuentro.
Al sentarme en el banco, compañero lo siento,
el que me está esperando cada vez que yo llego,
entornando los ojos, sin hablar, nos sabemos
esos dos que en el parque en silencio bebemos
una gota de lluvia, un aroma en el viento
y ese rayo de sol que nos calienta el cuerpo.

C. R. C. (07-10-08)