Hace fresco, por no decir frío, ha llovido de noche y ya no apetece estar con la ventana abierta mientras escribo, podría ponerme una chaqueta, pero aún estoy sin vestir y me gusta este dejar de correr de  los sábados, cambia el ritmo, debería ir a ducharme, pero lo haré dentro de un poco, no hay prisa. Ayer ha vuelto mi hija, a penas la vi cuando llegó porque me iba para el trabajo, cuando volví a la noche estuvimos hablando y rebuscando entre sus fotos de niña porque quería poner una de ella y otra de su niño en la portada de un álbum  que quiere regalarle, después iremos a comprar uno que vio ayer pero no lo compró porque quiere que lo vea yo y la ayude a escogerlo. Al rebuscar entre las fotos, hay álbumes pero un montón están en sobres todavía, encontramos un sobrecito con fotos y otras cosas, ya ni me acordaba de dónde estaban, fotos chiquitas en blanco y negro, una tira de esas de maquina callejera, recuerdo cuando me las hice, tenía diecinueve años, a mi hija esas le encantaron, me dijo que tenía que escanearlas y ponerlas todas juntas en un portarretratos, no lo haré o tal vez sí y se lo regale a ella. Estaban también casi todas las fotos que tengo de mi primer novio, tiene gracia, hace unos días “Detalles”, nuestra canción  que bailábamos y nos susurrábamos al oído, recuerdo un día en que bailando jugábamos a que habían pasado los años y éramos dos extraños que se habían encontrado y se habían puesto a bailarla, él me decía “esta canción me recuerda a una chica que conocí hace mucho tiempo, no sé que habrá sido de ella” yo le contestaba “a mí siempre me gustó, me recuerda también a alguien muy especial para mí que nunca olvidaré”, que crios eramos. Al verlo ayer me acordé de él, cómo no iba a hacerlo, sus fotos dedicadas con un “tuyo siempre” como firma, él con su madre y su hermana, “de nosotros para ti”, otra de los dos que me devolvió cuando nos despedimos, esa tiene escrito algo tachado. Entre las fotos había también unas hojas de libreta dobladas, ni me acordaba de haber escrito eso, ni cuándo lo hice. Hay otra foto en la oficina, se ve en ella mi ordenador y el teléfono, esa me hizo recordar a alguien, no tengo su foto, la rompí. Había un folleto de las fiestas de verano del año 2000, cinco de agosto, Joaquín Sabina, las entradas las tiré hace poco. Hay días que al ir hacia el trabajo aún se me van los ojos hacía dónde me esperaba en su coche. Fue bonito porque fue la primera vez que me enamoré, sí esa vez de las mariposas en el estómago y todo lo demás, la definición de Lope.  No había sentido nada parecido por nadie nunca, por eso fue tan doloroso cuando acabó, adelgacé, me desgarré por dentro, me odié por decirle adiós, fui cobarde y no me lo perdonaba,  sufrí como no lo había hecho al separarme, de otra forma. El divorcio fue un palo como para todos, pero en mi caso y aunque según mi ex  nosotros nos destrozamos  la vida al separarnos, no fue traumático en el sentido de no poder vivir sin él, en eso fue una liberación.  Eso me lo dijo hace unos cinco años cuando quedamos porque quería volver. Fue tal mi asombro al recibir sus mensajitos en mi móvil y llamarme para quedar un día nosotros solos y charlar... en fin que no me pude resistir a la curiosidad y quedé con él. Necesitaba preguntarle el motivo de nuestra separación, tal cual, no lo sabía aún, suena difícil de creer pero fue así, en dos meses pasamos de estar  según él mejor que nunca a un mejor nos separamos, y nos separamos, le hice las maletas, fuimos con los niños a las hogueras de San Juan, volvimos a casa, nos sentamos en el salón, se tomó una copa de licor de guinda de despedida, y al día siguiente se fue. ¿Absurdo? esperpéntico por lo sin razón. Se manda a la mierda un matrimonio y se deja a dos niños de tres y siete años ¿por? Pues esa fue mi motivación, que me lo dijese catorce años después, ya no me importaba pero seguía sintiendo curiosidad por sus motivos. La respuesta fue “NO LO SÉ. NOS DESTROZAMOS LA VIDA”. Yo sí sé la respuesta, chantaje, imponer su voluntad y anularme del todo. Lo pasé mal, hay maltratos de muchos tipos, nunca me puso una mano encima pero... si me destrozó la vida, sí me hizo sentir una mierda, sí me hizo sentir que yo no sabía amar, que no era nada, que ni sus hijos ni yo eramos otra cosa que un objeto más que lucir y usar, y  en mi caso un objeto “ajado” con treinta y tres años, una carga y sus hijos una factura  más a fin de mes. Yo una inútil que con “dos carreras” no iba a ser capaz de volver a trabajar nunca... Catorce años después, era una “dama” siempre había sido una “señora”, su segunda ex, estaba “loca”. Pobre Marta, debí hablar con ella antes de que se casaran, decirle que estaba con ella porque me había dicho que o íbamos al piso de mi madre y nos acostábamos o se iba a casar con una chica separada que había conocido, todo esto en la habitación donde jugaban mis hijos en la entrada de mi casa, del piso de alquiler que habíamos compartido e intentando abrazarme y besarme,  mientras los niños se despedían de su abuela. Con mi madre no habló en muchos años, la culpaba de no haberme obligado a ser sumisa con él, de  no haberme hecho ver que mi obligación como esposa era obedecer y nada más, que mal me había educado y aún encima me había dejado decidir sin decirme que no debíamos separarnos por los niños y por el que dirán que en 1989 aún daba que hablar una separación, que mala influencia había sido para mí. En fin, agua pasada pero que enfanga una vida. Me quedo con las fotos que encontré ayer, con mis hijos, con lo que tengo y con lo que me queda por vivir, me gustan las sorpresas.