Fin de semana tranquilo. Sábado para mí, desde la comida, me di y di caprichos comprando y cocinando, entre ambos momentos media hora sentada en mi banco dejándome acariciar por el sol, quemaba la piel y lo disfruté con los ojos cerrados,  después dejé que me deleitara el paladar un vino blanco y un nuevo capricho, me apetecía mimarme, encendí una vela aromática, me tumbé en la cama y escuché música, me dormí y el resto de la tarde permaneció el olor a la vela, aún huele al entrar en mi dormitorio y me hace sonreír. Domingo de relax también, buena comida de nuevo, un par de películas y a esperar el lunes. Hoy me levanté con la sonrisa puesta, estoy contenta, me siento bien, a gusto, dentro de un rato me iré al trabajo y a la vuelta tal vez me siente un rato al sol, tengo que hacer una foto a mi árbol, están empezándose a dorar sus hojas. El sábado sentada delante de él lo miraba y recordaba todos los momentos vividos allí a lo largo de este año, instantes felices y otros muy tristes de esos que aprietan por dentro y ahogan. Sé que recordaré esta sensación de calma y sonrisa, sé que volverán los momentos grises, y no me importan, los compensan estos otros. En los momentos bajos sé que siempre habrá quien tire de mí hacia arriba, quien me diga palabras amables e incluso me riña, me siento querida por los míos y por si no fuera bastante, siento el aprecio sincero de mis compañeros en el trabajo, de la gente que por razones laborales han ido apareciendo en mi vida, de amigos que se van encontrando por estos recovecos con los que comparto sonrisas, de esos otros amigos de siempre con los que comentas y se te olvida el tiempo,  también recibo bofetadas, algunas muy duras, pero... duelen, hunden, sublevan y al final las asimilo con un ¡qué le vamos a hacer, es la vida! Balance hoy, será por el día, será por la sonrisa, será porque es la realidad, soy afortunada y quiero dar las gracias a todas esas personas que forman parte de mi y me dan motivos para esta sonrisa.