Desde el silencio.

Desde la ausencia.

Desde el presente.

Sin más motivo,

sin más objeto que tú me leas.

Porque no tengas que repetirlo

Porque me encuentres en tu camino.

Porque me encuentro mientras te escribo.

Porque te entiendo.

Porque te estimo.

Van mis palabras que son silencios

desde esta especie de desencuentro

con mis motivos,

con mis razones,

con mis palabras que ahora se callan

porque no encuentran otro sentido

al sinsentido.

Porque no saben como expresarse,

porque se duermen en el silencio,

en el olvido,

en el reloj de los  tiempos muertos,

que son  la calma del fin de un ciclo.

Acudo a ti.

Voy a tu encuentro.

Sigo el camino.

Cansinamente.

Casi sin fuerzas,

como se arrastran los pies descalzos

del penitente,

del peregrino,

cuando de pronto cede ante el peso

de tantas cargas,

de tantos pasos,

de tantos días en el camino.

Los ojos fijos,

mirada al frente,

hondo respiro.

Y poco a poco,

muy lentamente,

vuelvo a la senda de mi camino,

para que al verme,

tambaleante,

como camina quien está herido,

quiero que sepas,

que pese a todo,

hoy me levanto para ir contigo.

 

C. R. C. (22-09-08)