No tengo nada que decir, por eso no escribo. Ni risas, ni llantos. Nada. Vacío de palabras. Vacío de sentimientos. El día está gris. Es simplemente un comentario porque acabo de mirar por la ventana. Son bonitas las nubes. Siguen volando las gaviotas, las palomas y los vencejos. Los árboles, un sauce, se agita con el viento. Hay más árboles, pero desde donde estoy sólo se ve ese sauce. Un tejado de uralita, una buhardilla, la fachada trasera de un edificio, pintada de blanco y con chorretes grises deslizándose desde el recoge aguas del tejado, un tendedero del que se desprende otro chorrete de oxido. Tejados, fachadas, pájaros, árboles, nubes, el monte a lo lejos. Todo como siempre. Si escribo ahora es porque os leo. No he desaparecido. Os sigo leyendo. Si no dejo comentarios es por lo mismo que no escribo, no tengo nada que decir. No hay nada en mí que decir. Animo para todos, para los que recuerdan y tratan de vivir, para los que buscan y esperan encontrar, para los que sufren y necesitan amor, para los que sueñan, para los que son ellos en sus palabras, para los que buscan ayudar a quien lo necesite, para los que leen a los demás y no dicen nada, para todos sin decirlas van mis palabras. No va más. No encuentro nada más en mí que dar o compartir. Hablar por hablar no sé. Escribir por escribir menos todavía. Nada más.

Mi cariño para todos.

Carmen