jueves, 18 de septiembre de 2008 14:38
por
macarey
Mientras tanto
Demasiados naufragios en estos mares de negras aguas. Demasiadas llamadas sin ser escuchadas. Demasiados ojos que no ven. Demasiados vínculos sin romper. Demasiados miedos. Demasiados desamores. Muy poco amor. Muy poco abandono al amor que nos llama. Muy poco somos cuando no somos nada más que náufragos que no queremos ser habitados por nada más que el mar de nuestra soledad. Abrir los ojos es ver a quien nos llama sin palabras. Oír sin voz la llamada que nos habita en el silencio de nuestro mar interior. No estamos solos. Somos solos. Existamos. Me declaro en rebeldía contra esa parte de nosotros que no nos deja existir. Guerra a muerte contra el dejarse ir sin ver al enemigo que nos hurta la luz. Muerte al ladrón de las sonrisas. Dejemos de maniatar nuestras manos. Aprendamos a abrirlas para recibir otras manos que no se atreven tomar nuestros dedos por lo mismo que no nos atrevemos a tender nuestras manos. Somos cobardes rodeados de cobardes. Aferrarse a la mano que se niega es olvidar que nacimos solos y nos recibieron unos brazos que no tuvimos que suplicar que nos amasen. Abramos nuestros brazos. Crucémoslos extendidos abrazando el aire y llevémoslos hacía nuestros hombros. Abracémonos y sintámonos latir. Sintámonos existir, sintámonos vivir. Luego miremos alrededor y veremos a los que se abrazan para poder después tender sus brazos. Tomémonos el tiempo necesario. No es para ya, es para luego. Mientras tanto no dejemos de abrazar al aire que nos rodea y atraparlo contra nuestro pecho. Respiremos el aire que nos ama. Besémoslo, amémoslo, él nos descontaminará.