martes, 09 de septiembre de 2008 15:29
por
macarey
Senderos
Hay momentos en que debemos parar y detenernos. Hay momentos en que no podemos seguir golpeando contra una pared de piedra que nos cierra el camino. Hay que sentarse al borde del camino, respirar profundo y esperar. Hay momentos en que tenemos que aprender a esperar a que la pared nos muestre el umbral por donde podamos pasar al otro lado del sendero. Si la pared no se abre no debemos insistir, sólo la pared tiene el poder de dejarnos atravesarla. No debemos gastar más fuerzas, no debemos agotarnos. No es que no sepamos llamar al dueño de la llave que abre el sello de la piedra. No es que la piedra no nos oiga. La piedra es sorda porque es piedra. La piedra es ciega porque es piedra. La piedra es piedra y nosotros no somos el cantero que ha de trabajarla, no hemos sido elegidos por ella. La piedra no quiere ser esculpida por nuestras manos.
Más allá de ese sendero se encuentra lo prohibido para nuestros ojos, el jardín de las delicias al que se nos niega el acceso. Somos ángeles caídos condenados a permanecer a las puertas del paraíso soñado. El paraíso de dos gotas de agua hechas luz en unos ojos.
Voy a matar el amor que nunca debió estar vivo
Voy a volver a la zona de la sin ti mejor vivo.
Voy a darme media vuelta, para no echar de menos,
lo que me había jurado no volver a echar de menos.
Voy a volverme de esponja para absorber el silencio,
para ahogar de nuevo voces que nunca decir debieron.
Voy a salir de mi misma para no volverme luego.
Voy a enmudecer la lengua condenándola al silencio.
Voy a apagar los sonidos que me despierten de nuevo.
La realidad es quien manda sin otra vuelta de sueño.
Voy a sentarme a esperar a la orilla del sendero.
Voy a atarme pies y manos para no ir tras el dueño
de la piedra que me cierra el camino donde espero.
Voy a mentirme a mi misma y decir que no te quiero
Voy a mentirte a los ojos y decirte: ¡No te espero!
Voy a esperar que me busques y atravieses, tu primero,
la puerta que no traspasas siendo tan fácil hacerlo.
Sólo la cierra una verja hecha con ramas de seto,
el seto de hojas rebeldes que protegen mi sendero.
C. R. C. (09-09-08)