Ayer hablando con mi hija me acordé de alguien que fanfarronea de no soñar y de vivir maravillosamente sin pensar en lo que puede ser o no ser y lo que no es no vale la pena ni imaginar como pudo haber sido o si pudo haber sido. Ayer mi hija, sí, la de los escaparates, la que me dijo un día al decirle yo que aunque él no estuviera durante dos meses cerca de ella ni se le ocurriera dejar de salir y me contestó ofendida que saldría a mirar escaparates pero no a comprar, porque lo quería, y eso me lo contestó porque yo la había visto llorar porque lo estaba echando de menos y acaba de irse y esos dos meses le parecían eternos. Pasaron los dos meses, él volvió, directo sin pasar por su casa vino a verla y salieron juntos como lo que son dos personas que se quieren y que me hacen mirarlos embobada, como una tonta y no me importa decirlo. Él es un encanto de niño porque para mí son niños. A mi hija le escriben versos, le hacen dibujos y tanto los versos como los dibujos están hechos con un amor que por auténtico es más hermoso. Mi hija dice que somos calcaditas, vamos que tenemos el mismo carácter, por eso tal vez nos entendemos a las mil maravillas y hablamos, ella me cuenta todo y cuando digo todo es todo, yo últimamente le cuento a medias y me estoy refiriendo a esto de escribir, ella sabe que lo hago, me mira se sonríe y se pone con cara de madre diciéndome que vete a saber lo que cuento y lo que escribo sobre ella, le digo que muy poco, lo de los escaparates y ahora esto porque ayer al decirle yo mientras la veía sentada en el sofá esperando por su niño que ni se le ocurriera dejarlo escapar.... vamos que era una forma de decirle que cuando se tiene algo tan bello como lo que ellos tienen hay que cuidarlo y saber darle la importancia que tiene, a eso me refería con lo de no dejarlo escapar... pues va ella y me contesta con una de esas salidas calcaditas a su madre: mientras “lo quiera” no lo dejaré escapar... La miré, me reí y le dije : niña hoy sí que voy a escribir sobre ti: “amor con fecha de caducidad” o “el amor en los tiempos del kleenex”, vamos amar pero pensando que se va acabar y que se tira, se busca otro y ya está, fácil, fácil, facilísimo, amor de usar y tirar, amor desechable, amor en envase de reciclaje, amor con código de barras en envase no retornable... en fin, todo eso que cuando somos realistas pensamos del amor para no sufrir por si se termina... porque al decirme ella que eso era lo que pasaba, que no iba a pensar que iba a durar para siempre, que cuando acabara ya buscaría otro y no pasaría nada, yo la miré y le dije, vale de acuerdo mi niña, tienes toda la razón del mundo, pero... imagínate que ahora él llega y te dice: “lo siento, pero ya no te quiero, lo dejamos...” ¿qué sentirías?, ¿qué le dirías? . Me miró y su cara dejó de ser risueña, se puso triste y me llamó mala... Me reí y le dije, niña cuando se quiere y aún sabiendo la teoría de la realidad, ¿a qué duele simplemente pensar que se acaba?, pues nena, déjate de kleenex que cuando no dejes de querer y te dejen de querer llorarás, y lo sabes, por más que tengas los pies en el suelo, el corazón no entiende de fechas de caducidad, a no ser que esté caducado y lo que valga sea el envase y no el contenido, y eso mi niña, es lo menos importante y lo sabes.

Salieron juntos y lo recibió como me contó después, saltándole al cuello literalmente, que nuestras conversaciones también versan sobre el no enmascarar los sentimientos y no temer ser rechazados, mostrarse auténticos y darse como se siente sin temor a las fechas de caducidad ni a sufrir por si nos entregamos y dejamos ver lo que sentimos, por si alguna vez dejan de sentir o por los temores a mostrar toda nuestra vulnerabilidad, vamos en otras palabras, que a veces no somos auténticos simplemente por miedo a sufrir, no decimos, no nos entregamos, no nos damos, no manisfestamos lo que sentimos por un mecanismo de autodefensa. Lo malo de la autodefensa es que crea una coraza protectora que mientras no rompemos no podemos recibir ni entregar lo que de verdad queremos y somos, nos convertimos en unos corazones enlatados sin frescura ni olor, duraderos y sin riesgo a contaminarnos pero... nada como el corazón al natural y fresco, enlatados somos  simples sucedáneos de lo que de verdad queremos ser y sentir.