No le creían, yo tampoco me lo creía, lo escuchaba en silencio porque me gustaba escuchar cuando contaba sus historias, sus recuerdos. Algunos eran bonitos y de pequeña me encantaba  oír como los niños la víspera de su noche mágica se sentaban en las rodillas de mi abuelo, ese que no conocí nada más que a través de lo que me contaba mi padre. Ese recuerdo de los niños sentados en su regazo y recordándole lo que habían pedido ilusionados es como me imagino a mi abuelo. El escenario supongo que es fruto de mi imaginación o de que allí vivieron años después uno de sus hijos y su familia. Me lo imagino sentado en los escalones de un crucero, en una plaza pequeña con losas de piedra, y una fuente de esas de piedra también y con un grifo grande y de metal del que caía el agua. No recuerdo si hay o no fuente en esa plaza, el crucero sí que está allí y la cara de mi abuelo no la imagino porque ni en fotografía los conocí, ni a él ni a mi abuela de lo que lo único que sé es que tuvo nueve hijos, eso creo, no lo sé  muy bien, mi padre hace ya veintidós años que no está y ahora me gustaría poder sentarme con él y escucharle más atentamente y preguntar tantas cosas que no me atrevía a preguntar. Mi abuelo era pintor de brocha gorda, estuvo en Cuba cuando en el 98 dejó de ser española, de allí se trajo su gusto por las habaneras que transmitió a sus hijos y nietos, esa manía de cantar después de las comidas de familia... como se perdió todo eso, pero que bonitos recuerdos en casa de mi prima en su santo o en el de su marido y cantando todos, al terminar de cenar... cantos de habaneras, de rondallas, de canciones gallegas y al final, cuando no lo cantaba nadie aún,  se remataba la cena con el himno gallego... lo aprendí así sin saber lo que era, simplemente era la canción del final de las cenas en casa de mi prima. Estaba  escribiendo que de mis abuelos no recuerdo nada más que eso, que era pintor, que estuvo en Cuba y que de allí además de las habaneras se trajo el escorbuto que le dejo sin dientes y mi padre me contaba que para poder comer, cosa que le encantaba, llevaba una pequeña navaja en el bolsillo con la que picaba en trocitos pequeños la comida y así podía disfrutarla. Tuvieron una tienda de ultramarinos y mi abuela hacía callos con garbanzos un día a la semana, supongo que los domingos y supongo que los vendían también a la clientela de la tienda... Lo que sí sé seguro es que hacía los callos como nadie, eso me lo dijo mi padre. Mi abuela cuyo nombre es también uno de mis nombres, enfermó y sólo se alimentaba de café con leche, no comía nada más... estuvo años alimentándose sólo de café con leche... y de ellos no recuerdo más. Hay un revoltijo de hermanos de mi abuelo que se quedaron en Filipinas, de un hermano de mi padre que se fue a Chile con la mujer que quería, se fugó con ella porque no la querían en su casa, era coja, bizca y cacarañada de viruelas... pero el amor hizo que desertara de la marina y se fueron los dos... De un hermano de mi abuela que era pintor, ese de brocha fina y algo de escultor también tenía, aún hay un retablo en una iglesia hecho por él, según me contaba mi padre y un techo de un teatro no sé si existe o si fue pasto de las llamas una noche de San Juan... tengo mis lagunas, y mi madre que no hacía mucho caso a las historias de mi padre, me ha dicho que el pintor era hermano de mi abuelo y se fue o para Villagarcía o Vigo, yo creo que eran dos y no son el mismo pero... tendré que preguntarle un día a mi primo, él seguro que recuerda algo... incluso puede que me diga donde era ese cortijo de donde vino mi tatarabuelo, y si fue él o un hermano o un hijo el que montó la academia... que algo de eso también recuerdo...

Y ya no digamos la historia del rapto, sí... a mi padre con dieciocho años lo rapto una americana, despertó en el camarote de un barco y acabó en Montecarlo, casino, hoteles, ropas, dinero... pero él se escapó y volvió, dejó todo allí y a la americana y se vino... al poco tiempo en un  viaje a Barcelona con su equipo de futbol, jugaba al futbol y muy bien según él, se encaprichó de él la hija de un joyero y su padre quería que se quedase y se casase con su hija, pero... estaba enamorado de su novia de aquí  y se volvió y se casó... De su estancia en Barcelona tengo una foto suya al pie de la estatua de Colón y en el reverso tapado con un papel que despegué hace unos años, estaba escrito con su letra de veinte años: “Mi querida A... no sabes como mi corazón llora cada día que estamos lejos, sin ti mi corazón no tiene razón para latir porque mi vida es y será siempre  tuya. Tu E...”

Volvió se casaron y ella murió cuarenta años después,  año y medio antes de que alguien le dijera a mi padre que tenía que mirar de rehacer su vida y que había una rapaza muy maja que estaba sola y se iba a ir a México porque aquí no tenía a nadie ya... lo demás ya lo recuerdo, al año y medio nací yo, pero me gustaría poder oírle de nuevo teniéndole conmigo y escuchándole en silencio,  porque aunque al verle llegar y contar estas historias sus amigos dijeran: ¡Vamos a contar mentiras que ahí viene R..! hoy sé que todo lo que contaba era su verdad.