También he revisado los blogs, y esto cada vez parece más una multiconferencia  de y para entre nosotros. Ayer me acosté tarde, anteayer me quedé asomada a la ventana intentando captar una foto con los relámpagos en todo su esplendor, no hubo forma ellos eran más rápidos, pena penita, me hubiera gustado una foto con ese zigzag, no puedo ser pero yo los vi y fueron reales y el retumbar de los truenos también. Como decía antes ayer me acosté tarde también, fue una buena velada, la saboreé, es bueno conversar y que el tiempo vuele, estar a gusto con alguien también es algo real, de lo más real y sencillo pero tan raro de conseguir, cómo se consigue, digamos que soy muy rara eso ya lo sabéis, por eso para estar a gusto con alguien necesito lo mismo que doy sinceridad y dejar fluir las palabras y las sonrisas, no intentar aparentar lo que no se es o lo que no se siente, no impostar, no jugar a ser mejor o peor de lo que somos, no imponer nuestro criterio, ser valientes y mostrarse tal y como somos  y recibir lo mismo, tan sencillo tan poquita cosa, pero para mí mejor que cualquier tratado de filosofía o de buenos consejos para ser uno mismo. Para ser uno mismo simplemente hay que ser y dejar que nos conozcan sin disfraces, tan sencillo y tan complicado, rarezas que son  lo que valen la pena en una amistad.

Hoy me levanté tarde, dormí a pierna suelta y al levantarme sonreía. Desayuno a deshora, pero no perdono mi zumo de naranja y mi café y por supuesto el cigarrillo, como ahora mismo que hace un rato que he comido, he dejado la cocina a medio recoger, toca limpiar la campana extractora, he dejado los filtros y  la parte metálica a remojo en la bañera, les hace falta un buen baño, y mientras se desincrusta la grasa, que tenía eso algo abandonado, me he sentado un momento para escribir porque simplemente me apetece hacerlo, como a vosotros, como a todos los que bien o mal escribimos. Acabo de levantarme de mi butaca, dejé el portátil e el suelo y fui a la cocina en busca de mi paquete de Royal Crown  me apetecía un pitillo, en la cocina me he servido un trago de café negro frío y sin azúcar como me gusta, he cogido mi tabaco, mi encendedor Bic naranja y mi cenicero rojo, es un triángulo equilátero, lo uso desde ayer, el otro, una cazuelita pequeña de barro se hizo añicos al caerseme al suelo en el cuarto de baño y cazuelitas me quedan sólo cuatro, las justas para los cuatro que somos en casa si un día me da por cocinar unas gambas al ajillo o unas gulas, pues que no voy a usar una cazuela con sabor a ceniza. Aún tengo el pelo mojado, me he duchado antes de comer y dejé el pelo al aire que se seque solo, me gusta esta libertad de los fines de semana en casa, sin salir se disfruta de momentos para una misma, como ahora. Me he puesto unos pantalones cortos de tono tostado clarito y una camiseta naranja de tirantes, los pies descalzos, me encanta ir descalza también aunque no sea por la orilla del mar. Estoy terminando el cigarrillo y toca irse a la cocina, me subiré a la escalera y limpiaré los azulejos, y los cachivaches de encima de las alacenas, ventajas de no pasar calor y estar fresquita en casa. Acabo de recordar a alguien que me dijo un día que para esas cosas hay robots que limpian todo y hasta compran lejía... vaya pues yo soy mi propio robot de limpieza, y la verdad no necesito ningún otro robot ni para eso ni para sentirme a gusto conmigo misma, tanto cuando voy de ejecutiva agresiva como me ha llamado alguien, ejecutiva tal vez, agresiva sólo con los tiburones, planto cara por lo que creo que es lo importante y para mi desgracia o mi fortuna, paso de figurar y defiendo lo que siento como justo, administro, vendo y trabajo como soy, el día que no me entregue no seré yo, esa que prefiere pasar desapercibida, esa a la que no le gustan las adulaciones y que no sabe darlas, esa que o dice la verdad o se calla, la que mira un paisaje y se emociona, la que llora cuando siente, la que necesita escribirlo, la que percibe la verdad en una mirada y la que sueña y vive realmente con su rara manera de entender la vida. Esa, fregona o currante de oficina, sensible o desilusionada por las mentiras y las conveniencias que acallan la verdad de muchos otros debajo de un patético disfraz coraza para no recibir heridas pero que no dudan en causarlas en defensa propia, no vaya a ser que salgan lastimados en su ego, plañideras de falsos funerales o lisonjeadores de palabra falsa, escépticos decepcionados y no confiables por no saber confiar, soñadores que no saben apreciar la realidad o realistas que no se permiten soñara, no vaya a ser que les guste, todo eso somos todos en algún momento, ni mejor que peor unos que otros. Somos imperfectos y  la más imperfecta, vulnerable e insegura muchas veces es esa que soy yo y a la que me gusta dejar pensar, porque la que piensa y ahora está escribiendo es mi auténtico y verdadero yo.