A unos ojos
Nunca he visto tanto amor en unos ojos.
A unas manos
Nunca nadie así mi pelo ha acariciado.
A unos labios
Nunca hallé tanta dulzura en otros labios.
A una voz
Nunca nadie así mi nombre ha pronunciado.
A un amor
A ese amor que, hace ocho años, los dos matamos.
¡Que demonios! ¡Yo te amo!
Veinticinco de agosto, lleva escrito,
en la lápida, el sepulcro de un ¡Te amo!
Pasado
El amor que no se arriesga es sepultado.
Y se fue como vino, entre sombras,
sin romper con su luz la medianoche.
Se marchó sin entregarle su sonrisa.
Se olvidó de su cara y de su nombre.
En el fondo del hueco de la esfera,
de un reloj hecho de horas no pasadas,
se apagó, consumiéndose, la cera
de la vela de la duda de encontrarla.
No apostó por ella, ni un segundo,
del sentido que da vida a la idea,
simplemente él se fue con otro rumbo,
dando el brazo a la que nunca le espera.
Presente
El amor y el corazón marcan las horas.

Entre lagrimas de amor vivió su vida
y se va, poco a poco, marchitando.
Se encontró a solas, con la compañía,
de la mano del amor nunca encontrado.
Se acaricia musitándose palabras
que son lagrimas de amor en cada letra.
Cuanto duele el saber que no te aman.
Que agridulce la derrota de la espera.
Caminando se fue, languideciendo,
Melancólica, triste y sonriente.
En sus labios saborea la dulzura
de los besos de amor que son sus lagrimas.
Futuro
El amor grita callado, languidece solitario.
C. R. C. (09-08-08)