Centrémonos, que estoy yo muy dispersa hoy, centrémonos en lo que tengo que escribir o en lo que iba a escribir.

Puedo decir que la tarde ha sido calurosa, que me quedé adormilada, que vagueé como de costumbre, que alabaron mi “ortografía”, que me examinaron de latín y que me tropecé con un poeta. Bien, más o menos eso ha sido a última hora de la tarde.

Ahora sigo con calor, estoy sentada a la mesa de mi cocina, con el delantal aún anudado a la cintura y saboreando en mi vaso azul cobalto un café de esos frío, sólo y sin azúcar. Oigo de fondo el girar de un tambor, sí, girar, no es que me haya equivocado de palabra, el tambor de la lavadora gira y suena y el agua dentro de él también suena. No es el sonido de las olas, ni el murmullo del arroyo, ni el susurro cantarín de la fuente en un jardín dorado al atardecer. Es el agua de la lavadora girando dentro del tambor, pero es agua, es tambor y suenan,  de eso doy fe  aunque  no sea notario.

Centrémonos, que lo que iba a escribir era para el poeta y su soneto. Me comentó que va a publicar un libro con sus poemas, que lleva escritos más de quinientos sonetos. Me ha prometido, no, me ha dicho, no debo mentir, no me ha prometido nada, simplemente me ha dicho que la próxima vez me dará la dirección de una página WEB donde podré leer más poemas suyos. Pues a esperar y mientras tanto y como raro sería lo contrario, ahí va sin métrica, sin ritmo y dando mil patadas a la rima, lo que me ha inspirado su bello soneto.

 

A un soneto,

que me han dado a leer en esta tarde.

Encerraba en sus letras, el soneto,

una critica hiriente y punzante

a la necia injusticia de los medios.

Y una loa,

a la figura insolente del ausente.

Él se fue sin decir:

¡Adiós, muy buenas!

A su modo,

se largó dando un portazo

y en el fondo ese soneto es el elogio,

al portazo del que siempre supo darlos.

Quien supiera darle al mundo en las narices,

y decirle:

¡Ahí te quedas! ¡Que te aguanten!

Que me voy donde no podéis seguirme.

Ni queréis, ni se os quiere

¡Que os aguanten!

 

Bueno poeta, aquí tienes, yo también te avisé de que escribiría algo… Hasta la próxima, amigo y espero esa dirección para poder leer tus poemas, que ya te dije que pese a los números me gustan las letras… No diseccioné las neuronas, pero, de vez en cuando arrincono las que no me interesan, que no todo son hojas de cálculo, ni asientos contables… hay que darle un respiro a las que piensan.