Acaricio tu luz cuando me besas

envolviendo mi cuerpo con tu bruma

perfumando mi piel con el aliento

que me hace sentirme sólo tuya.

He sentido en mis manos la caricia

del helado frescor con que las amas

y en mi ser, poro a poro, siento el beso

con la sal de la arena de tu playa.

Sólo tú me recuerdas que te amo

y has cuidado con esmero tu presente

como flor palpitante sobre piedra.

que se entrega otorgándose y donándose.

Y en el templo de columnas diseñaste

con el mimo amoroso de tus manos

esa ojiva que da paso a la capilla

de las pétreas formas de tus labios.

Traspasando el umbral  oí el gemido

del  quejido de amor  que son tus manos.

 

C. R. C. (21-07-08)