En el mar de la Marola donde merienda la artabra,

con jarabe de agua-coco mezcla de piña-colada,

se columpia en el columpio de las palmas de mandrágora,

hecho con palma de mano que le resulta más mansa,

que es tan poco lo que usa, cuando teje sus lianas

en las orillas de jade del coral de Platas Muralla.

En las costas de Libunca,  que no es capital de Atlanta,

que es ciudad donde la noche plantó su cruz  chamorrana,

recoge todas las noches las cantigas de la casta

y se las sirve al relente de la luz de madrugada,

aderezadas con agua de la fuente de la escarcha

recogida en Lobadiz cuando los habanos cantan.

 

C. R. C. (19-07-08)