Ya que no valgo la pena,

que escriban solas mis manos.

Van por libre y  a su aire.

Ni me importa lo que escriban,

ni les dicto, ni las freno.

Hoy lo escrito es cosa  de ellas,

no hay ni motivo ni objeto,

sólo el vicio de escribir.

Ya que no valgo la pena,

ni siquiera para mí,

dejaré que libres ellas,

vuelen donde quieran ir.

Si dibujan un paisaje

que disfruten al mirar.

Si sueñan con que las besan

que se mueran por amor.

Si rompen todos sus sueños

ya volverán a soñar,

tal vez no sea tan malo

llorar por querer llorar.

Ya que tú vales la pena,

no te dejes engañar.

No confundas.

No confíes.

No sufras, nunca jamás.

Si tus manos se amotinan

enjuiciadas serán

y  ni tan siquiera a  tus manos

dejes libres para amar.

Ya que tú vales la pena.

Hazte valer.

Hazte amar.

Hazte invisible a los ojos,

no te vayan a engañar.

Sigilo.

Sombra.

Silencio.

Ausencia.

Interrogación.

Duda siempre.

Y nunca  olvides:

Ata en  corto al corazón.

Pero en eso eres maestro,

¿cómo se te va a olvidar?,

que de tanto atarlo en corto

no sabe  lo que es amar.

Y es que tú vales la pena,

por eso nunca te das.

Por eso nunca te entregas,

no te vayan a engañar.

No vaya a ser que te ocurra,

por caprichos del azar,

que dejes de ser maestro

por aprender a confiar.

No vaya a ser que no valgas,

no vaya a ser, no será.

No vaya a ser que suspires

por alguien que no se da.

No te arriesgues.

No te ablandes.

Que no aprendas nunca a amar.

Nunca esperes un te quiero.

Nunca tengas que esperar.

Que no ames nunca nunca.

Que nunca sepas amar.

 

C. R. C. (17-07-08)