sábado, 12 de julio de 2008 16:09
por
macarey
Humo
La última vez que lo intenté, o tal vez lo intento todavía, no fue fácil pero lo hice. Soñar es tan breve que ya no sé si merece la pena por el amargo sabor de boca que deja al despertar y ver que era tan sólo un sueño. Lo malo de los sueños no es el mal sabor de boca, lo peligroso es cuando ya no soñamos a ratos y despiertos y se infiltran en el mundo de los sueños mientras dormimos. Cuando eso ocurre no podemos hacer nada, lo que nos queda es aceptar que no es un sueño, es nuestra realidad, nos guste o no, nos duela o no.
La última vez que lo intenté quise ir tras ese sueño y lo hice. No sirvió de nada. Fue un sueño amargo, en él me encontré caminando sola y al llegar la noche, cuando paraba de caminar y necesitaba el descanso no pude evitar llorar, noche tras noche. Después regresé, me despedí de cada rincón con un hasta luego. Cuando vuelva ya no será para ir tras un sueño, no hay nada que soñar allí. Volveré y caminaré sola de nuevo sin abrir antes la boca. No diré nada, no soportaría verle esfumar de nuevo, es humo. Cuando el camino nos lleva por la senda equivocada, cuando no hay salidas, es aconsejable volver sobre nuestros pasos. Sentarse a esperar no cambia lo erróneo de la senda.
Lo muy difícil y casi imposible es aceptar que no hay nadie al final del sendero.
Lo fácil es no querer ver, no querer oír, no querer decir. Lo posible son las gotas de agua salada que fluyen solas.
No duele el sueño. Duele aceptar que no es más que un sueño pero dolorosamente real.