viernes, 11 de julio de 2008 14:22
por
macarey
Lamadme
La Razón hablaba siempre,
tan sensata se sabía,
experiencia demostrable,
diplomada por la vida.
Rara vez se equivocaba,
comentaba a su vecina
que también la aconsejaba,
Intuición es su vecina.
Realismos,
desengaños,
son maestras
¡son tan listas!
Razonan ambas
y ambas,
saben decir,
¡dicen misa!
Pronostican,
aconsejan,
vaticinan,
diagnostican.
Tan sensatas,
tan dispuestas,
tan seguras de sí mismas,
no escuchan nunca otra voz
que a la lógica que las guía.
Desconfían de ese otro,
que les cuenta,
que les guiña.
No le oyen,
no le imitan,
ni tan siquiera le miran,
ya verá lo que le espera
por no oír a sus vecinas.
Pobre iluso,
tonto ciego,
inocente que confía,
tan soñador que se cree
lo que él mismo se fabrica,
una maraña de sueños
que les cuenta a sus vecinas.
Fantasías,
ilusiones,
esperanza de vivirlas.
Lo miran,
algo perplejas,
y se mueren de la risa,
diciéndose la una a la otra,
mirándolo divertidas,
¡Pobre loco!
¡Que inocente!
¡Ya despertará algún día!
Mientras,
él también sonríe
y les dice con malicia
Llamadme loco,
llamadme,
ya me llamareis un día,
cuando aprendáis
que yo sólo
soy el que a las dos os da vida.
¡Mira quien habla!
responden,
Mirad quien habla,
vecinas,
soy el Corazón que sueña
y el que os mantiene con vida.
Llamadme loco,
llamadme.
¡Ya me llamareis un día!
C. R. C. (11-07-08)