La Razón hablaba siempre,

tan sensata se sabía,

experiencia demostrable,

diplomada por la vida.

Rara vez se equivocaba,

comentaba  a su vecina

que también la aconsejaba,

Intuición es su vecina.

Realismos,

desengaños,

son maestras

¡son tan listas!

Razonan ambas

y ambas,

saben decir,

¡dicen misa!

Pronostican,

aconsejan,

vaticinan,

diagnostican.

Tan sensatas,

tan dispuestas,

tan seguras de sí mismas,

no escuchan nunca otra voz

que a la lógica que las guía.

Desconfían de ese otro,

que les cuenta,

que les guiña.

No le oyen,

no le imitan,

ni tan siquiera le miran,

ya  verá lo que le espera

por no oír a sus vecinas.

Pobre iluso,

tonto ciego,

inocente que confía,

tan soñador  que se cree

lo que él mismo se fabrica,

una maraña de sueños

que les cuenta a sus vecinas.

Fantasías,

ilusiones,

esperanza de vivirlas.

Lo miran,

algo perplejas,

y se mueren de la risa,

diciéndose la una a la otra,

mirándolo divertidas,

¡Pobre loco!

¡Que inocente!

¡Ya despertará algún día!

Mientras,

él  también sonríe

y les dice con malicia

Llamadme loco,

llamadme,

ya me llamareis un día,

cuando aprendáis

que yo sólo

soy el que a las dos os da vida.

¡Mira quien habla!

responden,

Mirad quien habla,

vecinas,

soy el Corazón que sueña

y el que os mantiene con vida.

Llamadme loco,

llamadme.

¡Ya me llamareis un día!

 

C. R. C. (11-07-08)