miércoles, 09 de julio de 2008 17:19
por
macarey
Las dos
Se llamaba Melancolía y escribía lagrimas a amores inventados.
Como era tan fantasiosa, hasta había sido princesa y cambió su nombre por el de Azucena. Escribió a una estrella, a un eucalipto bajo el que nunca se había sentado pero que una tarde de esas con su nombre auténtico, le dio por pensar en él, como si alguna vez lo hubiese mirado y se hubiese ido muy lejos, añorándolo. Se sintió otra vez extranjera en su tierra, extrañada y extraviada. En el colmo de su nombre se deleitó con amores que quemaban la piel, amores a los que desdeñaba, amores que se la llevaban en el King Size (sí aquel barco filipino) donde un marino le daba su primer beso, beso filipino nada menos, que no iba a ser de un lugareño, ella era tan fantasiosa.
Después del filipino, al que hábilmente rehuyó (porque querer si que se la quería llevar) y no estaba para mantones de Manila, se l e ocurrió darse un garbeo por las islas Hawai (no eran auténticas, era una disco), con sus bailarines y sus verdes palmeras (todo era un dibujo en un posavasos pero... su imaginación ya sabéis...) es que no le iba la luz monocolor de la villa, ni los nombres más sugerentes de la concha o de la perla, sugerían pero... eran tan clásicos. Por aquella época leía los amores de Angélica y Joffrey de Peirac. Resultó que le cogió gusto al ritmo no demasiado tropical pero rítmico y se fue alejando de las palmeras y de las dos letras mayúsculas. Escuchó los compases de una canción “Y que hiciste del amor que me juraste...” y de otra donde alguien le decía a alguien que no querían verla triste... “ escribiré la historia de nuestro amor... con toda el alma llena de sentimiento.. la escribiré con sangre... con tinta sangre del corazón...” que melancolicamentre bien le iban a su nombre. Que cría era cuando dejaba deslizar la frágil pluma sobre el marchito pergamino... que mente calenturienta... si la hubiese conocido entonces... se iba a enterar y la iba a despabilar de golpe... pero se me escapó... como Helena... menudas dos, menuda pareja hacían, la una se derretía vertiendo lagrimas, a la otra no había quien la doblegara, rara amistad la suya... ¿dónde estarán?
La niña de las lagrimas suspira melancólica
Su rubio marinero en su barco se marchó
En busca de los brazos de sirenas de cuento
Penélope, tejiendo llorando lo esperó.
La niña de las risas la mira de reojo
Menea la cabeza y la arrastra a bailar
Y mientras va llorando la otra se la lleva
De su mano a una isla y la hace danzar.
La niña ya no llora, la niña ya no gime
La niña ya no encuentra en su llanto placer
La niña de las lagrimas a la vida sonríe
No todo eran lagrimas también sabe reír.
Y la niña llorona y la niña que danza
Siguen siendo dos niñas
con corazón de mujer.
Y se ponen sensibles y se hacen las duras
Y se miran de lejos cuando se ven pasar
Y la niña que baila es la niña que llora
Ya la niña que llora ahora le va el bailar
Y cuando se contemplan sin decirse se dicen
Que en los labios las besan sin quererlas besar
Y se mandan los besos a través de la nubes
Y se duermen en brazos que las quieren amar
Y reciben de golpe cuando menos lo piensan
El regalo más bello que les puede llegar
El color de unos ojos que ahora piensan en ella
Y que encierran en ellos el color de la mar.
Y a la niña más dulce, corazón de princesa,
los duendes de la noche un beso le darán
El beso que ella espera, mientras besa sus labios
El nombre de ese hombre que la hace temblar.
Unos ojos soñando
Un beso que se sueña
El enigma del nombre
La pregunta en la piel
La belleza del tacto
La caricia que llega
De la mano de un hombre cada noche a su piel.