Se llamaba Melancolía y escribía lagrimas a amores inventados.

 

Como era tan fantasiosa, hasta había sido princesa y cambió su nombre por el de Azucena. Escribió a una estrella, a un eucalipto bajo el que nunca se había sentado pero que una tarde de esas con su nombre auténtico, le dio por pensar en él, como si alguna vez lo hubiese mirado y se hubiese ido muy lejos, añorándolo. Se sintió otra vez extranjera en su tierra, extrañada y extraviada. En el colmo de su nombre se deleitó con  amores que quemaban la piel, amores a los que desdeñaba, amores que se la llevaban en el King Size (sí aquel barco filipino) donde un marino le daba su primer beso, beso filipino nada menos, que no iba a ser de un lugareño, ella era tan  fantasiosa.

Después del filipino, al que hábilmente rehuyó (porque querer si  que se la quería llevar) y no estaba para mantones de Manila, se l e ocurrió darse un garbeo por las islas Hawai (no eran auténticas, era una disco), con sus bailarines y sus verdes palmeras (todo era un dibujo en un posavasos pero... su imaginación ya sabéis...) es que no le iba la luz monocolor de la villa, ni los nombres más  sugerentes de la concha o de la perla, sugerían pero... eran tan clásicos.  Por aquella época leía los amores de Angélica y Joffrey de Peirac. Resultó que le cogió gusto al ritmo no demasiado tropical pero rítmico y  se fue alejando de las palmeras y de las dos letras mayúsculas. Escuchó los compases de una canción “Y que hiciste del amor que me juraste...”   y de otra donde alguien le decía a alguien que no  querían verla triste... “ escribiré la historia de nuestro amor... con toda el alma llena de sentimiento.. la escribiré con sangre... con tinta sangre del corazón...”  que melancolicamentre bien le iban a su nombre. Que cría era cuando dejaba deslizar la frágil pluma sobre el marchito pergamino...  que mente calenturienta...  si la hubiese conocido entonces... se iba a enterar y la iba a despabilar de golpe... pero se me escapó... como Helena... menudas dos, menuda pareja hacían, la una se derretía vertiendo lagrimas, a la otra no había quien la doblegara, rara amistad la suya... ¿dónde estarán?

 

La niña de las lagrimas suspira melancólica

Su rubio marinero en su barco se marchó

En busca de los brazos de sirenas de cuento

Penélope,  tejiendo llorando lo esperó.

La niña de las risas la mira de reojo

Menea la cabeza y la arrastra a bailar

Y mientras va llorando la otra se la lleva

De su mano a  una isla y la hace danzar.

La niña ya no llora, la niña ya no gime

La niña ya no encuentra en su llanto placer

La niña de las lagrimas a la vida sonríe

No todo eran lagrimas también sabe reír.

Y la niña llorona y la niña que danza

Siguen siendo dos niñas

  con corazón de mujer.

 

Y se ponen sensibles y se hacen las duras

Y se miran de lejos cuando se ven pasar

Y la niña que baila es la niña que llora

Ya la niña que llora ahora le va el bailar

Y cuando se contemplan sin decirse se dicen

Que en los labios las besan sin quererlas besar

Y se mandan los besos a través de la nubes

Y se duermen en brazos que las quieren amar

Y reciben de golpe cuando menos lo piensan

El regalo más bello que les puede llegar

El color de unos ojos que ahora piensan en ella

Y que encierran en ellos el color de la mar.

Y a  la niña más dulce,  corazón de princesa,

los duendes de la noche un beso le darán

El beso que ella espera, mientras besa sus labios

El nombre de ese hombre que la hace temblar.

Unos ojos soñando

Un beso que se sueña

El enigma del nombre

La pregunta en la piel

La belleza del tacto

La caricia que llega

                                                                               De la mano de un hombre cada noche a su piel.