lunes, 07 de julio de 2008 19:43
por
macarey
A solas
He comprendido que escribo porque me gusta escribir a solas. No escribo por otro motivo, me gusta escribir a solas, me complace escribir a solas, me gusta hablarme a solas, pensarme a solas, reír a solas, dejarme ir a solas, desconcertarme a solas, sorprenderme a solas, anularme a solas, moldearme a solas, razonarme a solas, revivir a solas. He comprendido que no digo más que estupideces a solas, me digo y me desdigo a solas. He comprendido que me gusta hablar a solas, porque he comprendido que me gusta mi soledad a solas. Después he comprendido que me gustan las soledades a solas, las lagrimas a solas, los suspiros a solas, los quejidos a solas, los gritos a solas, los reproches a solas, los sueños a solas, las ansias a solas, los amores a solas. He comprendido que las soledades escritas no están solas, son soledades solitarias a solas pero no solas. Las soledades se solidarizan, se suman a solas, se unen a solas y por ser tantas soledades solas se multiplican a solas cuando a solas son solitariamente soledades a solas. A solas, sinceramente a solas, con la verdad a solas. Si es que estamos muriendo a solas, viviendo a solas, desgarrándonos a solas, celebrándonos a solas, para qué disimular a solas, mentir a solas, engañar a solas, fanfarronear a solas, presumir a solas, para qué si estamos a solas, para quién si estamos a solas, por qué si estamos a solas. Somos sólo lo que somos cuando estamos a solas. A solas.