Y yo a mi bola. Erre que erre. Las visitas a los psicólogos a veces pueden causar un efecto boomerang hacia uno mismo. Rebuscar en lo que lastima no es tan recomendable como algunos estudiosos, doctos, titulados y toda la parafernalia que se le pueda acompañar a sus abultados honorarios, puedan sabiamente recetarnos. Explícome que ya sé que a veces y no pocas, no sé decir, es decir... sí, redundantemente pero hablo así, en eso como en otras cosas como me da la gana. Una visita al psicólogo, aún cuando no se sea el objeto de la consulta, es peligrosa. Y ahora va la explicación. Sé de una que acompañó a su hijo, no porque fuera estrictamente necesario, el motivo fue dejar de aguantar al padre de la criatura que sabiamente aconsejado por sus hermanas, doctas psicólogas, no paraba de calentarle los oídos telefónicamente, por eso lo de calentar, que los auriculares se calientan y bien y queman la oreja del interlocutor que ya de por si está quemado, metafóricamente, pero muy quemado. El caso fue que tras las consabidas entrevistas (el niño no estudiaba, vamos que era y es un mangante y un vago de tomo y lomo, algo tímido y un mucho comodón) vinieron las entrevistas con sus progenitores, era necesario estudiar si había algún trauma oculto en la pobre criatura. Lo que le haya dicho a y  la parte paterna no es asunto que nos ocupe, pero a la parte materna, después de preguntarle todo y más, sin pedirle nada al señor psicólogo, le dieron dos fórmulas magistrales, la primera facilita de asimilar no hay que ser sabio para entenderla, le dijeron, no te cierres, eres joven y no estamos hechos para estar solos,  te pasará factura... que cosas, hay que oír... pero ese no fue su mejor fórmula, la mejor fue que de tanto hacer hurgar en los qués, los cómos, los cuándos y los por qués, provocó un estado de meditación que no existía en la susodicha parte materna, y... cuando diagnosticó muy profesionalmente que el niño tenía un cociente intelectual casi por encima de lo normal, vaya usted a saber que es lo normal, y detallar una larga lista de profesiones para las que estaría capacitado y haciendo una rebajilla en sus honorarios, para algo éramos amigos de un amigo, dio por terminado su cometido con una sonrisa y un tú vales mucho, saldrás adelante, es que la parte materna se había quedado sin trabajo para más  poner a prueba su valía... Resultado final, el niño siguió sin pegar palo, la madre sufrió su primer ataque de ansiedad, tanto hurgar dio su resultado, revolvió lo que estaba posado y pasado, le siguió una depresión y sus consiguientes negaciones de sí misma... se volvió más desconfiada, ella no valía para nada. El resultado fue magnífico, eso que no había sido ella la que había acudido a su consulta... Por cierto y porque me vino así como de repente a la cabeza, que aún va más por libre que yo y me interrumpe... el huir de lo que nos puede hacer daño o de lo que nos lastima, el dar carpetazo... vamos, que por si acaso no lo haría, hasta que sea uno mismo el que decida irse o quedarse, aguantar o plantar, es que... volverse de hielo tiene el peligro de morirnos de frío, a veces vale la pena derretirse, el frío conserva pero es tan  frío...