Leo,  vuelvo a leer, me asombro encontrándome ensimismada mientras leo. Escribo. Las palabras no son las mismas, tienen sus propios giros, vida propia. En ellas se encierra algo más de lo que expresan. Se dibujan como figuras hábilmente diseñadas o  son garabatos rotundos de trazos vacilantes, pasando por suaves espirales apenas dibujadas en el vaho del espejo...

 

Se elevan cantando, riendo, bailando.

Se hunden sollozantes, dolidas, gritando.

Son el deseo, la pasión, las ansias del otro.

Son el quejido, la renuncia, el llanto con voz propia.

Sueños de ser, de estar, de reencontrarse.

Disfraz de altivos negando su derrota.

No se confía, no se dice, no se llama.

Por todo ello se buscan las palabras

que nos derraman sin ser reconocidos.

Somos nosotros cuando las escribimos,

somos el fondo que encierran las palabras.

Son como el aire que escapa en un suspiro

cuando al lanzarlo relaja los pulmones,

dejando el pecho  llenándose en vacío,

sin el veneno dióxido agobiante.

Cuanto se dice cuando estamos a solas,

sin más testigo que el ojo que nos mira.

Cuanto sentimos diciendo, confesando,

lo que negamos al otro que nos mira.

Reconocernos leyendo otras palabras,

alimentarnos de dudas, de sollozos.

Amar con otros la imagen que ellos aman.

Morir de amor muriéndonos en otros.

Descerrajar con ellos nuestras puertas.

Desentrañar el grito que se calla.

Hay tanto amor detrás de cada puerta

tanto dolor, rompiendo las gargantas.

Neguemos pues, neguemos, reneguemos

Más al leer no es fácil renegarse.

Al escribir latiendo desde dentro,

sin antifaz, sin mascara ocultante,

gran protectora del yo que se avergüenza,

Muestra su faz,  sin polvo maquillante

la gran verdad que escapa desde adentro:

 

Sentir amor, amor sentir amando

Querer amar, amar querer sintiendo

Muertos de amor, amores que se han muerto

Rotos de amor, amor rotos despojos.

Amor, amar, querer, morir queriendo

Vivir de amor, amar toda la vida

Por dar amor, amor el más hiriente

Laceradura que araña en las entrañas

Más sin su diente profundo que nos rasga

Somos diamantes de gélida luz fría,

buscando ser el polvo enamorado

que lastimó la esencia de la ostra.

con esa herida más cruel y más perfecta

que hizo brotar del pliegue de sus llagas,

gotas de amor... son perlas imperfectas,

con irisados rosados palpitantes...

amarillentos, grisáceos, nacarados...

Nácar de amor... heridas palpitantes.

 

C. R. C. (05-07-08)