Nadie puede decirnos que no duele

lo que se siente dentro y nos lacera.

Nadie puede apuntarnos con un dedo

y negar que nuestra yaga  no es sincera

Nadie puede exigir que no suframos

por sentir que no sienten como sientas

Tú y tu yo de tus razones es el  sabio,

 nadie puede ser en ti como tú seas.

Cada cuál tiene mil y un argumentos

que se ajustan al guión de su cabeza

nos  enredan desde el pie hasta el cerebro

y nos rompen por rompernos los esquemas

En la hora del desaire de las manos

En que darse de baja es breve gesto

con que hacer borrón de cuentas y alejarse

arrebato anonimante, distanciante,

empujón al cerrar puertas, cerrojazo.

Que no quede ni la aldaba que nos llame,

que no haya quien pueda  sorprendernos.

Sólo el yo de si mismo es el más sabio

el guardián ante los yos que nos invaden.

Ante eso sólo queda darte un beso,

un adiós si es que no quieres un saludo,

un meneo de cabeza al pensarte,

un suspiro hondo,  triste, acompañante.

Se levantan y se bajan estos hombros,

que ni pueden muchas veces con su peso,

se dirigen hacia el suelo las miradas,

se curvean hacia abajo las sonrisas.

Se te tienden desde lejos las palabras.

C. R. C (02-07-08)