Tarde perfecta, mi primer día de playa, pero antes... visité mi faro, hacía casi siete años que no me acercaba hasta él, me acompañó mi hija y también quedó fascinada por la belleza del mar. El viento nos zarandeaba, incluso movía nuestro coche, él también hacía años que me echaba en falta, por eso hoy lo quise llevar a mi sitio, a mi lugar último y primero. Hicimos un montón de fotos, he estado viéndolas y a pesar de que en ellas no se aprecia todo lo que desde allí se ve, me hacen sentir viva, por haber escogido precisamente este día para ir a mi cita pendiente, no podía ser otro día, esta fecha es especial, la recuerdo cada año. Recuerdo una discoteca, recuerdo una chica bailando y un chico tocando su hombro, recuerdo a los dos bailando “Amapola”, recuerdo cuando se fueron sin avisar a tomar un café, recuerdo cuando al volver su amiga la estaba buscando nerviosa, recuerdo cuando él la acompañó hasta su casa, recuerdo como se despidieron hasta el día siguiente... Veintinueve de junio, hace ya tantos años tantos y sin embargo es uno de lo recuerdos más bonitos que siempre acuden a mi mente, lo mimo, lo cuido y me siento de nuevo aquella chiquilla de dieciocho años junto a otro chiquillo de dieciocho. Fue un amor breve, no pasamos de unos besos apasionados. Él se fue y durante un año nos escribimos todos los días, luego volvió, continuamos saliendo y recuerdo cuando me decía que nos casáramos... era demasiado cría, no quería casarme aún, no era el momento... cuatro meses después nos despedimos... Aquel verano, llamaron a mi puerta, me traía todas mis cartas, me dijo que se iba a casar, cerré la puerta, me vestí y bajé corriendo a la calle... ya no le vi... se había ido para siempre... Un par de años después, un guiño a la salida de un cine, él iba abrazado a otra y yo iba del brazo de otro... Nuestros ojos se cruzaron y mi corazón se estremeció... seguí pensando en él, seguía acudiendo a mis sueños, sin llamarle, eran sueños de los que despertaba feliz y enamorada... No era nuestro momento, no fuimos nada más que esos chiquillos con su primer amor... “Os amoriños primeiros son moi malos de olvidare, ¿verdad Carmen?”... Verdad, no se olvidan, se dejan de amar, se dejan de añorar, pero no se olvidan... son eternos en nuestros corazones... Pasaron veintiún años y una tarde sonó el timbre en mi casa, fue mi madre a abrir la puerta y le dijeron, hola, ¿está Carmen? Soy el primer novio de su hija... Mi madre le mandó pasar para la sala y me llamó, yo estaba en la cocina leyendo “Roswell: Secreto de Estado” de Javier Sierra, cuando me dijo que él estaba allí, me cayó el libro al suelo, era imposible... desde que me había separado su nombre y su recuerdo era lo único que me hacía soñar. Cuantas veces había soñado con volver a verle, cuantas veces había soñado hablarle de nuevo, saber cómo le iba, saber si era feliz, y ahora estaba allí. Me dirigí a la sala, él estaba hablando con mis hijos, contándoles que habíamos sido novios y al verme entrar se levantó, se dirigió hacia mí y nos dimos un beso en la mejilla. No sé cual sería la expresión de mi cara, lo único que recuerdo es la sensación que recorría mi cuerpo, nunca antes y nunca después he vuelto a tener esa sensación, un frío en mis labios y en mi cara que no he vuelto a sentir... Hablamos, me dijo que había venido porque quería volver a verme, que había venido varias veces pero no había nadie, pero no se rendía y sabía que algún día nos veríamos... Estuvimos un rato en mi casa hablando con mis hijos y mi madre, después salimos los dos al café de nuestras últimas citas, me contó que se había casado dos veces y se había separado las dos, se entristeció porque yo tampoco hubiera tenido suerte en mi matrimonio, me dijo que su madre se pondría contentísima cuando le dijera que me había visto, que siempre que venía por el norte le preguntaba si me había encontrado... me dijo que aún me brillaban los ojos y que nuestro amor no lo olvidaría nunca, que había sido el amor más bonito que había tenido... Nos despedimos, recuerdo que lo encontré igual de guapo, él me dijo lo mismo, habíamos cambiado muy poco, solamente lo recordaba más alto, pero eso es culpa de la altura de mi hijo, ahora ya no me parece nadie alto al verle a él todos los días. No había o no teníamos teléfonos móviles todavía, me llamó al fijo al cabo de un par de meses, había vuelto y quería que bajase a tomar un café con él, no pude, estaba con cuarenta de fiebre, pero me levanté de la cama y le saludé desde la ventana, estuvimos mirándonos mientras se tomaba un café en el bar de enfrente y después se despidió con un beso... Volví a verle un par de veces y después no volvió, me enteré después de que había seguido llamándome pero no me daban sus recados... siempre fui una niña pequeña por la que se decide... y él era “el demonio” para aquella que tenía miedo que su hija se hubiera ido lejos de ella, él era del sur y por eso era “el demonio”, sólo mi padre, me había dicho a mis diecinueve años “si le quieres no hagas caso de nada, vete con él, sé feliz”, me lo dijo después de encontrar una nota escrita por mí, ya escribía entonces, la leyó y se emocionó, él no era egoísta, fue el único hombre, la única persona que me quiso de verdad.
Han pasado otros doce años, no hemos vuelto a saber nada él uno del otro, ya no me emocionó como antes, he vuelto a amar después, pero él será siempre mi amor primero, por eso cada veintinueve de junio es el día de nuestro aniversario y hoy no podía olvidarme de ti mi querido Jessy...
Sé feliz, yo intento serlo.
Allí, dentro de mí... (Para Jessy)
06 de mayo de 2007
Mañana me olvidarás en el recodo de una lágrima,
verás amanecer bajo el toldo de una barra,
pero no trates más de ser así sin discordancia,
porque hoy dentro de ti, muy dentro allí,
sientes nostalgia.
Cuando se oculte el sol y brille más tu tez dorada,
cuando, allá sobre el mar ,veas lucir dos esmeraldas,
tus ojos, al mirar, ya no verán mi blanca barca,
que hoy, lejos de ti, ya no naufraga.
Nostalgia de mi amor tú llevarás en la mirada,
nostalgia yo de ti, derramaré amargas bagoas,
ayer te dije adiós y no responderé a tu carta,
mas hoy, dentro de mí, muy dentro allí,
siento nostalgia.
Nostalgia de un amor, que llevaré dentro del alma,
nostalgia de los dos, de nuestros sueños y miradas.
nostalgia del querer, cuando no se pedía nada,
nostalgia de sentir, al recordarte, como amaba,
la dulce sensación de juventud enamorada.
Chiquillo de mi amor, mi dulce niño, te adoraba,
sentí sólo por ti, mi corazón, mi amor, mi alma,
y ahora sola al fin, sin ti, sin mí, sin esperanza,
recordando tu amor, que bello es sentir nostalgia.
Verano del amor fue hasta, siento nostalgia,
presente sin amor es hasta, sentir nostalgia,
amor, amor, amor, amor de corazón y alma,
amor de juventud que al recordarlo aún estalla,
aún late el corazón, aún se acelera y danza,
que bello es vivir y revivir cuando se ama,
que lindo recibir una visita inesperada,
no sé, ni describir, lo que sentí al ver tu cara,
fue una sensación única e incontrolada,
veinte años después, de despedirnos sin palabras,
gracias, por recordar, donde está mi casa,
gracias por ser así, y por venir, gracias, mil gracias,
gracias por acudir a mi llamada.
Once años después el corazón maduro y en calma,
ya no sueña por ti, ni añora tanto aquella etapa.
No sé si destruí, con mi adiós, una esperanza,
de vida junto a ti enamorada,
lo que no pudo ser, tal vez mejor, siempre se gana,
la dulce sensación de no romper aquella magia,
del sueño de cristal, que al recordarlo vive y clama,
por no haberse roto, será por siempre, amor del alma.
Mas hoy, aquí y allí, vuelvo a... sentir nostalgia,
recuérdame otra vez, cuando vuelvas la mirada,
y si quieres venir, aquí estará, por si te pasas,
el brillo de unos ojos, esperando en la distancia,
el milagro, luz de amor, en los tuyos reflejada.
(1974-2007) C. R. C.
Allí, donde tú estés...
Que el sol brille en tu mirada.
29 de junio de 2008
Carmen