Ayer de nuevo hablando con ese del cien por cien, va y me dice: “Yo también iría si tuviera con quien” ¿Si tuviera con quién? Vamos que hay frases que habría que acuñarlas para la posteridad... frases que se dicen sin pensar porque si las pensásemos dos veces no las diríamos. Tiene todo el tiempo que quiera, nadie le  puede decir que vaya o venga a trabajar, tiene medios para ir a donde le dé la gana, tiene la compañía de esa mujer que no es su “cien por cien” pero que le acompaña todos los días y comparte con él su vida aunque no sepa apreciarlo, tiene todo lo que se puede tener para ir y aún así va y suelta la frasecita de marras... Es cierto el dicho de que nadie está contento con su suerte y más cierto el de que Dios le da pan a quien no tiene dientes... No le contesté nada, entre otros motivos porque estoy algo enfadada aún por el egoísmo que demuestra y como me ha dicho esa a quien hoy le comenté su frase... es que decirte eso a ti o a mí... vamos que es el colmo de la desfachatez. Yo añado que es como mentar la soga en casa del ahorcado... y si esperaba que le dijera que se viniera con nosotras, ni locas... ni eso ni agradecer las facilidades para dejarnos ir, se agradecen, sé que lo dice de “verdad”, no pienso como ella que es para tener algo que cobrarnos más adelante... no, yo sé que no es por eso... tal vez sean más simples sus motivaciones, la primera que se me ocurre es que piensa que vuelvo a estar inestablemente a la que salta, la segunda que quiere seguir haciéndose perdonar por lo que él y yo sabemos, la tercera y en esa tal vez algo de razón tenga ella, es que si no se me compra con dinero, ni con lisonjas, ni con ofrecerme lo que supone que me falta, tal vez dándome esa dadiva del tiempo porque sobra el tiempo y él y otros que me nombró no tienen nada mejor que hacer, nosotras podemos irnos sin limite de tiempo, cuando y por cuanto tiempo queramos... tal vez así deje de pensar de él lo que pienso y que sé que le duele, el por qué le duele, mejor no decirlo pero... lo siento, no se puede ir por la vida de buena persona y después sentirse  mal cuando alguien que tiene la lengua larga y  la frente alta se atreve a gritarle a la cara todo lo que piensa de él y a pesar de todo y porque lo que le dije era la pura verdad no lo pudo negar... ha pasado más de un año, no lo ha vuelto a intentar, no ha vuelto a mencionar el tema, pero... de lo único que me ha servido mi tormenta interior fue para esos relámpagos que desprendieron  mis ojos y  esos truenos que emergieron de mi garganta  sin importarme nada sus consecuencias, no me importaba nada y por eso pude echar fuera todo lo que durante seis largos años callé y aguanté casi a solas conmigo misma... Hay  personas a las que se usa y se manipula sin importar lo que puedan estar sufriendo por dentro... porque su silencio les da la impresión de que o son tan idiotas  que   no se dan cuenta de que les están utilizando o incluso pueden pensar que se sienten importantes con esa falsa dignidad que les han otorgado... Es igual, no merece la pena volver sobre el tema, el pasado y sus actos si tienen que pasar factura lo harán, estoy dispuesta a asumir mi responsabilidad y no espero que nadie dé la cara por mí si llega el momento de darla, tal vez por ello, ahora sí, intenta que no ocurra nada que pueda darme la razón de lo que le grité  que sería su reacción si llegara a pasar eso que intenta evitar por todos los medios... ¿por todos los medios?... no con un único medio, sigue pensando que todos tienen un precio... lo malo ha sido que encontró a quien su precio no eran unas monedas, y ese precio que se paga por los demás era lo que menos esperaba y ante el cual no puede competir ni él ni los que supieron sólo la mitad de lo que se había pagado... ¿resentimiento?... no, amargura, un poso de asco y unas ganas enormes de dar un portazo y marcharme, pero... hay por quien debo seguir, pese a mí. Pasar página y seguir como si nada, con esa falsa apariencia de camaradería y balsa de aceite... sólo cuando vuelve por sus fueros... ya no puedo callar y se me nota... aún sin hablar o porque no hablo se nota y le duele... vaya si le duele... por eso intenta congraciarse como sea... o tal vez tenga miedo de lo que pueda decir en voz más alta... podría negarlo... pero por si las dudas mejor que no me dé por gritar la verdad... por más que diga que con negar todo nadie podría culparlo de nada... queda la duda... a quién creerían si a ésta le da por contarlo todo... “todo”...  Esa duda es lo que le reconcome, nada más... ni arrepentimiento, ni lastima, ni aprecio... le reconcome el miedo a que sea más creíble mi verdad que su negación... y el miedo es libre... aunque le haya asegurado que nunca saldrá de mi boca una palabra en contra... en fin... lo dicho, no creemos que los demás sean capaces de hacer lo que nosotros no haríamos por nadie... eso es lo que le pierde, y ante eso no puedo hacer nada. Él se seguirá sintiendo  acorralado por ese  “no vaya a ser...” seguirá inquieto ante esos ojos reprobadores y esas palabras mordaces,  mientras el  tema  esté pendiente y no haya pasado el tiempo necesario para que todo haya prescrito... por si acaso... tal vez... mejor tener a la fiera acomodada, su sonrisa  es más tranquilizadora... hagámosla sonreír.