A veces, es necesario dejar de hacer el tonto o la tonta, sin palabras innecesarias, ¿para qué decir lo que todos entendemos? Confiar en alguien está bien, es bonito, es ser positivo, es todo lo que pensamos que debía ser una relación entre amigos que se aprecian,  familias que se quieren, compañeros con los que pasamos más horas que con otras personas y por supuesto confiar en la persona que dice que nos quiere o a la que decimos que queremos es la clave para que realmente queramos y nos sintamos queridos. Eso de que amar es no tener que decir nunca lo siento, tiene bastante de verdad. Si se ama no se traiciona con una mentira ni con una desconfianza, por lo tanto quien no diga la verdad a quien dice querer no lo o no la ama. Tendría que decir lo siento no por fallar, todos fallamos, sino por mentir tratando de ocultar ese fallo o de engañar sin más florituras ni palabras a medias, por lo tanto ese lo siento mentiroso es el del que no ama. Hay gente a la que le gusta sentirse querida pero es una pobre gente que no sabe querer. Tuve un compañero que me decía que como su mujer ninguna, pero desde que eran novios, las demás le “ponían ojitos” y así sigue, porque eso le da gusto y cada una de sus “amigas” es un motivo para que su vida sea fascinante y cada día sea una aventura que le hace vivir ilusionado, en eso consiste eso que a las mujeres nos cuesta tanto entender.  Me dijo que era el “instinto de cazador”.  Los hombres dicen que las mujeres somos complicadas y que no nos entienden. Las mujeres tampoco entendemos a los hombres, pero claro, cuando eres uno más para ellos, hablan y al escucharlos se va aprendiendo a entender como piensan los hombres. Está también el que cuenta que no tiene el cien por cien con su pareja, eso del cien por cien se me quedó grabado, ¡cien por cien! vamos que hay que ser iluso, para pensar que las mariposas en el estómago duran para siempre. Ellos quieren sentir esa excitación del primer beso, cada vez que dan un beso a su pareja y  que con verla aparecer se abalanzarían sobre ella y harían el amor como locos, con ternura si se aman, pero como locos,   y eso si ocurre sí que sería un milagro. El amor se cuida, se cultiva, es una flor delicada y no me voy a poner cursi, también lo podemos comparar con el filamento de una bombilla, se pone incandescente al encenderla, al principio nos da luz a tope, pero como nos dediquemos a  agitarla y a tratarla a mamporrazos, ¡zas! filamento roto, adios luz, calor, incandescencia... hay que comprar otra bombilla y aún encima pensaremos que era de mala calidad, si la segunda que compramos de la misma marca nos ocurre lo mismo, es la bombilla seguro, entonces siempre podremos comprar otra y no tratarla tan mal, la dejamos llenar de polvo y se va poniendo opaca, se va atenuando su luz, y ya no  nos alumbra al cien por cien, ni se nos ocurre pasarle un paño para que vuelva a brillar con toda la luz que puede dar su filamento, ¡que va ¡  se van a una tienda de baratillo y se compran un montón de bombillitas de colores con luz intermitente como una guirnalda navideña... fiesta... ya hay lucecitas que nos alumbran... cuantas más mejor, que bonitos colores tienen, como brillan, no saben cuál les gusta más, la roja, la amarilla, la verde, la azul... la bombilla de luz blanca polvorienta, esa... no sabe brillar ni nos da luz, pero las otras... que maravillosa sensación de cosquilleo al ver sus luces, que gozada de bombillas cuanta variedad, eso si que brilla y da calorcita.

Y todo este rollo para hablar de confiar en.... Que no es cuestión de confianza es cuestión de querer o no querer. Hacerse el tonto o la tonta como que no es lo mismo que ser tontos de remate. No creamos en quien no merece ser creído o creída, no es cuestión de confiar es cuestión de confiabilidad, y hay gente que no es confiable. Bombillas de colores y cepos los sabemos usar y poner todos y todas. Lagrimas de cocodrilo son fáciles de verter. No nos engañemos, si queremos variedad no habrá nunca calidad, los auténticos sibaritas paladean el placer.