viernes, 16 de mayo de 2008 21:32
por
macarey
Un paseo
Viernes por la tarde, fin de semana por delante, apetece descansar, apetece mañana ese paseo hasta mis plazas, caminar lentamente, tal vez contemplar las palomas en la primera de ellas. Estará vacía, tal vez suenen las campanadas de algún reloj, me tengo que fijar si siguen sonando las campanas, lo recordaré para mañana. Mientras me siento en el banco de piedra, rebuscaré en mi bolso y encenderé el primer cigarrillo del paseo, mi mirada se perderá en la fachada del edificio que preside la plaza y en el vuelo de las palomas, escucharé el graznido de las gaviotas, me gusta ese sonido, ojalá huela a verano, ojalá el cielo azul me contemple, ojalá... Me levantaré, continuaré mi paseo hasta la segunda plaza, esa donde la palmera más alta me recuerda a quien la plantó, la más alta. Sonreiré y mis pensamientos serán para él hombre que sabía soñar como nadie y que se fue sin hacer ruido hace ya veintidós años, su palmera sigue ahí, y yo también. Me sentaré en una mesa bajo el entoldado y recordaré una noche y unas manos de otro hombre que acariciaban mi brazo, era verano, fueron las noches de verano que me hicieron saber lo que era amar, sonrisa para ti también donde quiera que tú estés. Nuevo cigarrillo y mi mirada será más soñadora en esa plaza, encierra entre sus árboles recuerdos y sueños y sé que soñaré con otras manos mientras me levante y algo tambaleante continúe mi paseo. Llegaré a la tercera plaza, saludaré a Neptuno y me sentaré junto a la verja, ¿habrá rosas en ella como en la primera foto que me hice allí, o simplemente soñaré como la segunda vez que me paré junto a ella?, miraré el mar, respiraré y suspiraré, ¿cuantos años han pasado desde aquella primera fotografía? ¿treinta años? Sí, treinta años, hay que ver como pasa el tiempo, y que siga soñando como la primera vez, y como soñaba cuando la segunda foto sólo hace cinco años, y mañana no habrá tercera foto, ni mi madre ni mi hija estarán para apretar el botoncito de la cámara, la primera porque ya no viene a pasear hasta tan lejos, se cansa y la segunda porque estará paseando en compañía de quien la hace soñar. Me levantaré y bajaré las escaleras camino del puerto, me apetecería seguir por el paseo marítimo, veré alguna pareja caminar, y me acercaré a la barandilla para asomarme al mar, siempre el mar, ¿qué poder tiene sobre mí mi mar? Me relaja, me gusta su sonido y su olor. En el puerto no hay olas pero es mar, tranquilo pero mar. Volveré sobre mis pasos, subiré una cuesta y me acercaré hasta ese parque donde había pavos reales y donde una noche de aquel verano, me sentí la mujer más feliz mientras bailaba y cantaba oyendo a ese que sabe como nadie decir con su voz rota, mientras unas manos sujetaban mi cintura y acariciaban mi vientre y una voz me susurraba al oído las estrofas de cada canción, mientras sus labios besaban mi cuello. Aquella noche fuimos hasta mi faro y no me hizo falta soñar. El mar, la noche, las estrellas y el faro fueron testigos de que no soñé. Ahora vuelvo a soñar, ya no hay quien me susurre, ni quien me acaricie, ya no hay nadie a mi lado, pero sueño de nuevo. El recuerdo de aquel verano me hace sonreír pero hoy no sueño con él, sueño contigo aunque no estés. No me olvides te dije hace unos días, recuérdame me dijiste tú hace tres noches. Te soñaré mientras paseo y te recuerdo, sueño que compartimos algo más que un sueño y que tú no me olvidarás. No quiero dejar de soñar.