jueves, 08 de mayo de 2008 14:34
por
macarey
Una oportunidad
Cuando miro atrás y me veo es cuando desde la distancia puedo apreciar que esa vida tan aparentemente monótona no lo ha sido. Mi primer recuerdo es el de unos visillos en la galería de mi primera casa, miraba la calle y disfrutaba de una onza cuadrada de chocolate; aún recuerdo aquella onza, la veo sin cerrar los ojos: era cuadrada con un circulo en el centro y un hórreo dibujado en su interior, menuda tontería de recuerdo para ser el primero pero en los recuerdos, como en el corazón, no se manda, van por libre. Después me veo querida, mimada, protegida, casi idolatrada por mis padres, ser hija única de un padre que a sus cincuenta y cuatro años y tras un primer matrimonio sin hijos se encontró con una princesita de cabellos negros y rizos suaves, no es por presumir pero fui una niña preciosa, tenía una sonrisa picara, cara de satisfacción y unos ojos interrogantes y muy abiertos o muy grandes en aquella carita de niña, vamos que parecía una muñequita y a mi padre se le caía la baba con su nena, como le entiendo ahora, como siento lo que me quiso y como lamentó no poder darle un beso y decirle que le quiero por todo lo que me dio, hasta su forma de ser, soñador, feliz con nada y tan ruidoso a veces y tan queriendo pasar desapercibido... papi te quiero, por ti y porque somos dos gotas de agua, y ahora me he dado cuenta de que soy como decía con mi lengua de trapo icalita, icalita a ti. Pido perdón por haberme sentido fruto de un contrato, sin amor, eso es lo que pensaba ¿sabes?, una manera de darle a mi madre alguien que la acompañara cuando tú no estuvieses, alguien que la protegiera, no me sentía nada más que eso y tal vez por eso la adolescente que fui había decidido no casarse nunca, no creía en el amor, me sentía incapaz de confiar en nadie y sobre todo no me daba la gana de depender de nadie, que siempre fui muy autosuficiente y ya de aquella quería ser yo la que decidiera por mí sin tener que contar con el visto bueno de un marido, la época dictaba lo contrario y no estaba dispuesta a someterme porque sí. Después me casé, y... se veía venir, vaya si veía venir, demasiado distintos, demasiado tradicional él y demasiado adelantada yo, inevitable el punto final. Lo peor fue mi sentimiento de culpabilidad, me sentía culpable por no saber amar, me convencí de ello y por supuesto si de adolescente iba por libre a partir de ese momento la decisión fue rotunda, no más hombres en mi vida, nunca más, ni me iban a hacer daño ni lo haría yo, a encerrar el corazón y a regirme por mi cabeza, ella sería mi dueña y señora. A trancas y barrancas lo conseguí, con algunos momentos de sentimientos de soledad que según venían mandaba a paseo, y de repente un día sin más o por todo ello me quebré como una muñeca rota, no se puede negar lo que se siente y me sentía sola, demasiado fuerte frente a todo, demasiado yo lo haré, demasiado mentirme y negarme, y a pesar de todo seguí adelante no tiré la toalla ni me apeé en marcha de este mundo como deseaba. Ahora me he ablandado, lo que tenga que ser será, lo que tenga que amar amaré, me da miedo, me da pánico no saber hacerlo, pero no te negaré ni me negaré, si lo único que deseo es amarte, oír tu voz y soñar que puede ser, no me daré la vuelta, no huiré, me dejaré llevar por el corazón, que va siendo hora de que su voz sea la que me guíe y el me susurra que el tuyo es el corazón que me aguarda y que está tan muerto de miedo como el mío, menudo par de dos somos, tal para cual, y pese a todo nos queremos, ¿nos damos esa oportunidad o nos la negamos? Nos la damos, te la doy, ¿me la das tú?
http://es.youtube.com/watch?v=wlHW3w-XCiw
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