miércoles, 23 de abril de 2008 1:34
por
macarey
Mi mejor amiga y su peor enemiga
Hacía unos días que no se sentía bien. Su cabeza no paraba de decirle que sabía de sobras que tarde o temprano ocurriría, por lo tanto no tenía justificación esa sensación de desasosiego que la atormentaba, tenía que asumir que había llegado el tiempo de aceptarlo. Había apagado la luz y se disponía a dormir, su cabeza se había apoyado en el terciopelo morado del almohadón que, cuando como esa noche sabía que tardaría en llegar el sueño, colocaba encima de su almohada. Cruzó los brazos sobre el pecho, estiró sus piernas y cruzó un pie sobre el otro, los ojos abiertos mirando fijamente la oscuridad del techo rota por el reflejo de los faros de los autos que pasaban por la calle. De vez en cuando se escuchaba el pitido del semáforo dando paso a los peatones, el motor de algún coche al acercarse y el sonido de fondo de una televisión en algún lugar cercano. Había más gente que no dormía y ella en esa posición absolutamente inmóvil esperaba que llegara el sueño, mientras dialogaba consigo misma diciéndose que no valía la pena seguir engañándose y dándose ánimos para seguir adelante con ese proyecto que ahora le parecía una decisión poco acertada porque no se sentía con fuerzas de llevarlo adelante. Faltaban siete días, aún estaba a tiempo de cancelarlo todo y algo me había comentado esa misma tarde, pero sé que no lo hará, si lo hiciera se arrepentiría de su debilidad y no quiere fallarse, es la última oportunidad de conseguir cerrar ese capitulo de su vida que ha dejado siempre pendiente para más adelante y ahora ya no hay vuelta atrás y lo sabe, si abandona no habrá otra oportunidad porque ya no valdrán las disculpas que siempre se buscaba par aplazarlo, así que no tiene vuelta de hoja o lo hace o lo hace, y lo sabe, por más que ahora ya no le apetezca tiene que seguir y enfrentarse a ella misma, basta de excusas, el temor a no estar a la altura nunca fue un obstáculo para ella, es una luchadora y saldrá airosa como siempre que se ha enfrentado a un desafío. Es de esas personas que se valoran poco y siempre tienen miedo a no ser lo bastante buenas, sin embargo los que la conocen saben que cosa que emprende la lleva a termino y rara vez lo hace mal. No es perfeccionista pero tiene un algo, que la hace destacar en todo lo que acomete. Recuerdo que un día me comentó que de pequeña no quiso ir al colegio sin saber leer, a sus escasos cuatro años ya era cabezota y su madre tuvo que enseñarle a leer en casa antes de su primer día de preescolar. Después a lo largo de su vida siempre fue igual, nunca buscó destacar en nada y si podía se escabullía de todo aquello que le producía esa sensación de no estar a la altura hasta que no le quedaba más remedio que ponerse a ello o porque era ella la que tenía que hacerlo o porque había que hacerlo y los que lo podían hacer en su lugar ni lo intentaban. En otra de nuestras charlas recordaba un día en que su segundo jefe después de aguantar su enfado porque no sabía como hacer lo que le había mandado, le contestó “puedes protestar lo que quieras, pero sabes que lo harás” y vaya si lo hizo, se sonreía al recordarlo, y se sonreía también cuando me decía que los jefes que había tenido incluyendo el actual, aguantaban sus estallidos de mal genio y de no morderse la lengua precisamente porque sus protestas sabía que eran justificadas y también sabían que buscaría el modo de que todo estuviese hecho a tiempo y sin mandar a los demás supiese darles a cada uno las directrices para que todos colaborasen con la misma entrega que veían que ella ponía. Ahora es algo personal, pero sabe que debe continuar, por eso le cuesta tanto no tirar la toalla, sólo se fallaría a sí misma y los que la queremos no se lo vamos a permitir, no debió hacernos participes de ese proyecto o tal vez lo hizo por lo de siempre, para no poder decir que no, así es ella mi mejor amiga y su peor enemiga. Ha cerrado los ojos y sonríe, mañana faltará un día menos y siente un cosquilleo familiar en su estómago, no puede fallar.