lunes, 21 de abril de 2008 13:53
por
macarey
Tan sólo fue un sueño
Esta noche no he soñado, o al menos no recuerdo que haya tenido ningún sueño, tal vez no recordarlo sea porque no me ha hecho ni feliz ni desgraciada. Hay sueños felices, reencuentros con quienes nos han dejado o con esas personas que están lejos físicamente o incluso que forman parte de nuestro pasado y sin llamarlas conscientemente nos visitan una noche para poder decirles aquello que hemos callado cuando estaban a nuestro lado. Esos sueños nos hacen despertar alegres, no dejan de producirnos una melancólica sensación de no poder ser, sin embargo sentimos que hemos estado con esas personas y de alguna manera ellas tienen que haber compartido esos momentos. Otros sueños son pesadillas de las que despertamos angustiados, sudorosos y con el pulso acelerado. Incendios, asesinatos, maremotos, derrumbamientos, incluso el fin del mundo... recuerdo ese sueño, el sol iba a explotar engulléndonos, y en esos minutos que quedaban para que nuestro mundo se extinguiera lo único que me apetecía era beber un vaso de agua... absurdo, pero cierto, eso fue lo que soñé.. Por supuesto al despertar sobresaltada y aliviada por comprender que no era real, me levanté de mi cama y fui a por ese vaso de agua que fue el que más saboreé en toda mi vida. Recuerdo también nadar en una piscina y ahogarme, no podía subir y me debatía por encontrar la superficie y respirar... desperté y me encontraba debajo de las sábanas completamente enredada en ellas y a los pies de la cama, tanto había braceado para salir a flote que en mi intento por sobrevivir el aire que me faltaba era por estar tapada por la ropa de mi cama, ¿cómico verdad?. Todos recordamos esos sueños especiales que por algún motivo permanecen en nuestra mente cuando despertamos, incluso soñamos en ocasiones con objetos y lugares que nunca hemos visto o eso nos decimos cuando en algún momento posterior aparece ante nuestros ojos ese objeto o ese lugar que ya conocíamos. De todos los sueños raros que he tenido hay uno que me ha dado la mayor sensación de paz y felicidad que nunca he llegado a vivir. Era en una especie de castillo, o mansión antigua, sus muros eran bloques de granito de tono gris, las paredes eran altas y la habitación en que me encontraba enorme, no había muebles, las puertas eran de recia madera oscura y no estaba sola, alguien cuyo rostro no vi o no recuerdo me cogía en sus brazos y me llevaba, recuerdo el crujido de la tela de mi vestido cuando me levantó del suelo, un vestido largo de vuelo, uno de esos vestidos de otra época... sólo duró unos segundos pero al despertar y cada vez que recuerdo ese sueño, sé que lo único que deseo es sentir alguna vez la sensación de abandono, de paz, de amor total y confiado que me invadió mientras me llevaba y mis brazos rodeaban su cuello. Sólo fue un sueño pero al menos en sueños sentí la mayor felicidad que puedo imaginar, soy afortunada por haberlo soñado y poderlo recordar.