lunes, 14 de abril de 2008 22:41
por
macarey
Fin de la convalecencia
El sábado me levanté como todos los fines de semana, más tarde, con la pereza de no tener que salir a la calle para ir al trabajo. Desayuné, charlé con mi hija y bajé sola a comprar, ella tenía que estudiar y no me acompañó. Cuando volví a casa, me rebelé un poco por algún comentario hecho que me hizo recordar que el resto del mundo vivía de otra manera, contesté, ya ni me acuerdo cuál fue mi respuesta y de repente como si de un niño chico que se enfada y da un par de patadas en el suelo, me rebelé del todo y le dije a mi hija, me voy, este puente me voy sola a donde se me ocurra. No me creyó, me miró y me dijo “no te lo crees ni tú, eso es lo que tenías que hacer”, eso mismo me lo había dicho muchas veces, que me decidiera y que dejara de ver como pasaban los días siempre iguales. En esa ocasión no sé por qué pero algo dentro de mí se sublevó del todo y olvidándome de todos los motivos que han hecho que me quede viendo como los demás viven, me dejé llevar por el impulso liberador del momento y me lancé. Conecté el portátil y busqué la página que mi cabeza me estaba ordenando y tras un momento de quedarme mirando sin atreverme del a cubrir con mis datos el formulario que se mostraba ante mis ojos, empecé a escribir y envié la reserva. Casi no me creía lo que había hecho, pero sabía que esta vez iba a hacerlo, me iba a ir, sola, pero iba a hacer lo que me dictaba esa niña a la que no quiero soltarle la mano. Cuando volvió mi hija, le dije que me iba, y le enseñé la reserva del hotel. Ella me miró, sonrió y volvió a decirme que al final no iría. Esta mañana he ido a comprar los billetes y ahora me siento liberada, ya era hora de sacudirme mi estúpido sentido de la responsabilidad, ya que me dicen que si no hago lo que quiero es porque no me da la gana, ha llegado el momento de que me de la gana. Se lo debo a quien me tomó de la mano cuando algo muy dentro de mí layaba, no la voy a defraudar, ha llegado el momento de dejar de esperar.