Je t’aime


Los sentimientos no tienen explicación, son irracionales, por más que la razón busque una causa que haya provocado lo que el corazón proclama, no la hay. No valen los métodos empíricos, ni los racionalistas, no vale el existencialismo ni el esencialismo, no se puede argumentar platónica o aristotélicamente, ni Darwin ni Confucio, la Nueva Escuela, ni María Montessori, tal vez Bécquer, Neruda, Benedetti, incluso Sabina, pero ni siquiera ellos, Alfonsina Estorni, Sor Juana Inés de la Cruz, Dulce María Loynaz, Luz o tal vez ni ellas. Cada uno de nosotros es único, por eso lo que provoca que alguien nos toque allí donde surge la emoción, en ese lugar nuestro que escapa a leyes, aprendizajes, desencantos, desconfianzas, autosuficiencia, escepticismo, realismo, resumiendo ese lugar que escapa por ser más libre a nuestro libre albedrío imponiendo el suyo, ni el yin ni el yang, no hay nada que escape a su fuerza poderosa, se puede hacer oídos sordos a su grito, ignorar su mensaje, enmascarar con nuestro conocimiento su presencia, ocultarnos de quien ha provocado su presencia, podemos usar la llave que todos tenemos en nuestra cabeza y hacer que dé siete vueltas al candado que protege los grilletes de ese loco que late en nuestro pecho, podemos, y al final ¿qué conseguimos?, ¿somos más felices por hacerlo?, o ¿la felicidad consiste en abandonarnos a él?, ¿era eso lo qué nos faltaba?,eso que negamos más de tres veces cuando juramos no negarlo jamás, ¿vale la pena nuestro huerto de los Olivos?, ¿es necesaria esa permanente crucifixión que redima nuestro orgullo?, cuánto daría por volver a ser la que esperaba que llegará ese que sin decirme nada, sólo con mirarme en sus ojos hiciera que mi cuerpo desfallecido desease el cobijo de sus brazos, la dulzura de su voz, el arrebato de fuego que incendiase mis entrañas, el deseo de su cuerpo, su mirada libidinosa, nuestras manos recorriendonos, nuestras bocas devorándonos, la agonía del placer, el éxtasis de mi cuerpo penetrado por el suyo, la dejadez sudorosa del instante posterior, su sonrisa de placer, su grito de plenitud, el peso de su pecho dejándose caer sobre el mío, el jadeo de nuestras respiraciones, la laxitud de unos cuerpos aún uno, el abandono total, no de una noche, el abandono total de mi vida en la suya.

No tiene explicación because l’amour est un oiseau rebelle, but je t’aime, amour mon amour, rien de rien explica que ma vie est rose, solo tú, brindis de una reina por un bohemio, por quen eu morro, sin ti... fallaste corazón ¡no vuelvas a apostar!, y sin embargo... te sueño... te espero... te amo... si tú me dices ven...