Estos días de descanso siempre son bienvenidos. Pensaba pasarlos de otra forma, más distinta a la de todos los días, algo me había hecho sentir que serían distintos a los de otros años. No ha sido así, simplemente están discurriendo como tantos otros. Hace frío y ni me apetece bajar a la calle, ni pasear por mi parque, ni adentrarme en el bullicio de las calles del centro, tan llenas de gente estos días, gentes venidas de tantos sitios, unos vuelven a su tierra y se encuentran con la familia y los amigos que se quedaron en este rincón del que algunos cantaron que aquí nacieron y aquí querían quedarse, pero hasta esos se han ido, no hay nada que los retenga aquí, sólo la nostalgia de los días azules de los veranos pasados. Somos pocos los que quedamos como sirenas varadas a las que el océano no nos ha llevado a otros puertos. Estos días las calles se llenan de acentos de mil sitios, de esa gente que vuelve y de esa otra que nos visita. Los primeros volverán año tras año, y son esperados y los abrazos del reencuentro se repetirán mientras haya alguien que vuelva y alguien que los espere. Los segundos se llevarán el recuerdo de unos paisajes, de una gastronomía y de una vida tranquila y amable, nos recordarán con una sonrisa y tal vez apunten en su agenda viajera que tienen que volver y seguir descubriendo nuestros rincones y compartir nuestra media sonrisa y nuestras carcajadas, nuestra melancolía y nuestra algarabía, para algo somos misterio en nuestra forma y en nuestra expresión, y el misterio atrae con su magia y su bruma dorada, como una puesta de sol sobre el océano.

Por eso, porque nadie que fuera por mí esperado ha venido, y no he tenido abrazos, ni sonrisas que ofrecer al viajero, me he quedado en mi rincón, nadie me echará de menos en las calles, a nadie extrañará mi ausencia, ni nadie me buscará entre la gente, simplemente esperaré la llegada del martes para sacudirme la pereza de estos días y continuar con la vida diaria, en ella si me echarían de menos, nadie es imprescindible, pero se me echaría en falta si no tuviera a punto los archivos, los datos, los números, mejor que estén listos y nadie me eche en falta por no encontrarlos cuando los necesite. Ahora descansaremos de todo y ya volveremos a esperar otros días en que alguien nos busque por el simple placer de charlar un rato, de sonreir juntos o de compartir un café negro y con azúcar.