Lunes por la mañana sin trabajo, y me siento perezosa, aún estoy en pijama, el pelo revuelto y sin ganas de bajar a la calle. Fuera llueve, el día está gris. Dentro de un rato me ducharé, me vestiré y saldré, lastima que no pueda sentarme en mi banco, me apetecería hacerlo, cerrar los ojos y dejar que el sol me adormeciera, mientras pienso en ti... Ayer hablamos poco, me decías que me notabas extraña, no lo estaba o no más que otras veces. Esta noche cuando nos veamos te contaré lo que se me ocurrió, porque tienes razón, “las epístolas son para que las lea el destinatario”. ¿De verdad te apetece leer mis “epístolas”? ¿O sólo fue una frase que te quedó redonda como todas las tuyas?... Lo ves, once y poco de la mañana y en vez de estar haciendo algo de provecho sigo pensando en lo que me dices y en lo que callas, pero... me encanta pensar en ti, me gusta mantenerte en mi cabeza durante el día, ingenuamente, “por qué eres tan ingenua”... porque me da la gana, porque me gusta y porque para avispada, espabilada, inteligente, perspicaz, de vuelta de todo, a la que salta, a la defensiva, desconfiada, escéptica, borde, materialista, egoísta, altanera, soberbia, desencantada, sensual, sexy, voluptuosa, hechicera, coqueta, manipuladora, seductora, insensible, insinuante, hedonista, Afrodita, Diana, Antubel, Circe, Hera, Atenea, Sherezade, ya están tus diosas. De ser alguna de ellas elijo a Psique para enamorar a Eros y engendrar a Volupta... Placer... inalcanzable para una simple mortal como yo.