Progresivamente estamos entrando en el verdadero Dakar. La proporción de terrenos revirados aumenta poco a poco. Hoy salimos de Ingeniero Jacobacci, con 10° C de temperatura y llegamos Neuquen 27°C. Esta región es característica por los parques naturales, las aguas cristalinas y los dinosaurios (los fósiles, claro está). La etapa ha transcurrido por la estepa patagónica, con vegetación y pistas polvorientas, que han dificultado los adelantamientos y que han a dado más de un quebradero de cabeza a algún piloto.
Las zonas de fuera pista eran pocas, pero difíciles, con piedras, trialeras y partes con enormes desprendimientos de tierra a causa de las lluvias primaverales, que han obligado a los pilotos y copilotos hacer grandes esfuerzos para encontrar el paso correcto. Por otro lado están los arbustos típicos de la estepa patagónica, que esconden unos pinchos enormes que hacen estragos en los neumáticos de los participantes. Hoy alguno va a quedar cubierto por el polvo de los vehículos y va ha formar parte del legado jurásico que se encuentra en Neuquen.
Los pilotos se han acostumbrado a las pistas rápidas y sin peligros. Esto ha provocado algún que otro accidente entre los moteros que se han limitado a seguir el polvo de los participantes precedentes y no han prestado atención al libro de ruta.
Para mí la etapa ha sido buena hasta a 25 km del final, cuando un pincho nos ha perforado el neumático y nos hemos visto obligados a parar a cambiarlo.
La gente no se imagina lo peligroso que es el polvo, sobretodo en la parte trasera del pelotón. En una zona de fes-fes un concursante con una pick-up se paró sin activar el Sentinel para avisar de su parada y un camión lo envistió, destruyendo el vehículo y dejándolo fuera de carrera. ¡La seguridad ante todo!
Mañana encontraremos las temperaturas más extremas, alrededor de 45°C, y las primeras dunas al final de la etapa, que nos dificultaran un poco más la jornada, asociados a los 505 km de especial. ¡Será uno de esos días en los que se agradecería una neverita en el coche!