IÑAKI DE VILLA -VERSOS POPULARES

Versos atrevidos, para lectores sin complejos..
Las leguas en España.

BBC Los políticos españoles suelen tener problemas para entenderse sobre los grandes asuntos del país, pero desde esta semana los miembros del Senado pueden intentarlo en cinco lenguas... con traductor incluido.

Un cambio en el reglamento de la Cámara Alta española permitió a sus miembros discutir en cualquiera de las lenguas cooficiales del país: catalán, euskera, gallego o valenciano, además del castellano que todos hablan.

Los defensores de la medida afirman que sirve para reflejar la variedad lingüística de las distintas regiones de España, que la Constitución pide respetar y proteger.

Pero los críticos sostienen que el cambio convierte al Senado en una Torre de Babel y que la necesidad de una traducción simultánea en el hemiciclo aumenta el gasto en tiempos de ajuste y crisis.

La polémica, en la que se han involucrado el presidente del gobierno español, José Luis Rodríguez Zapatero, y líderes opositores, tiene para muchos un valor más allá de lo anecdótico.

«Es el símbolo de un país que no tiene claras las prioridades y no sabe cómo resolver su integración», dijo Juan Carlos Rodríguez, investigador de la consultora española Analistas Socio- Politicos, a BBC Mundo.

Lenguas españolas

La crispación entre los políticos españoles sobre las lenguas regionales del país está lejos de ser una novedad.

El debate ha girado en los últimos tiempos en torno al empleo de determinada lengua en espacios públicos o en aulas de distintas partes de España.

En el pleno del Senado español, la única lengua reconocida hasta esta semana era el castellano, aunque las lenguas cooficiales podían utilizarse en reuniones de comisiones.

Pero en julio los senadores decidieron que a partir de 2011 se permitiría hablar las cinco lenguas en pleno hemiciclo para la discusión de mociones, aunque no de proyectos de ley o en las preguntas al Gobierno.

El primer senador en hacerlo fue el socialista Ramón Aleu, cuando el martes habló en catalán en pleno hemiciclo, mientras sus colegas se ponían los auriculares para escuchar la traducción al castellano.

Según medios españoles,el costo del servicio de traducción será el equivalente a unos US$473 mil anuales.

Al defender la iniciativa, Zapatero recordó que el Senado es la cámara de representación territorial de España y, por lo tanto, está llamada a reflejar la «pluralidad» que hay en el país con sus distintas lenguas.

«Son todas ellas lenguas españolas», afirmó el jefe de gobierno socialista.

Pero el opositor y conservador Partido Popular sostiene que en las instituciones estatales debe hablarse el castellano como lengua común y afirma que el cambio supondrá un gasto innecesario.

«Esto en un país normal no se produce», dijo el líder opositor Mariano Rajoy.

Tensión acumulada

Algunos se preguntan qué pasaría hoy en el Senado español si el uso de las lenguas cooficiales se hubiera permitido desde el fin del régimen de Francisco Franco y la entrada en vigor de la Constitución de 1978.

«Hubiera sido todo más fácil», dijo Gonçal Mayos, profesor de filosofía contemporánea en la Universidad de Barcelona, en diálogo con BBC Mundo.

Mayos aseguró que existe una «tensión acumulada» en torno al uso de las lenguas cooficiales en España y su empleo ahora en el Senado «tiene un valor simbólico de reivindicación» por parte de algunos miembros.

«Que se haya tardado 31 años en poder hacer este gesto, incluso simbólico, indica un problema: no se ha conseguido despolitizar el hecho lingüístico», dijo.

En las regiones de España, las lenguas locales suelen verse como un rasgo de identidad propia y 18% de la población del país considera una de ellas como su lengua materna (más allá del castellano), según un estudio de Eurobarómetro en 2005.

Pero Rodríguez, de Analistas Socio-Politicos, indicó que cualquiera que viaje al Cataluña, Galicia, el País Vasco, la Comunidad Valenciana podrá comunicarse en castellano sin inconvenientes ni necesidad de traductores.

«La sociedad es mucho más libre y de acomodación recíproca que la clase política, que (plantea) las cosas mucho más en términos de blancos y negros», aseguró.


 

los cojines.

Los cojines del obispo,

los cajones del altar

Qué cojines! Qué cajones!

Qué cajonazos tendra!

 

¿Zapatero socialdemócrata?


¿Es el Gobierno Zapatero socialdemócrata?

En la entrevista que Ana Pastor le hizo al presidente del gobierno, el Sr. Jose Luís Rodríguez Zapatero, en el programa Los desayunos de la 1 de TVE (lunes 31 de enero de 2011), éste negó que su gobierno pudiera definirse como neoliberal (tal como Ana Pastor le indicaba que muchos críticos lo definían), mostrando como prueba del error de tal diagnóstico el hecho de que el gasto público social en España había aumentado durante su período de gobierno (2004-2010) de una manera muy notable, muy por encima, de los gobiernos conservadores presididos por el Sr. Jose María Aznar. El Presidente Zapatero tomó este crecimiento del gasto público social como indicador de su identidad socialdemócrata.
Los datos que tenemos confirman que el gobierno Zapatero ha incrementado el gasto público social de una manera muy significativa, mucho más de lo que hizo el gobierno del PP. En sanidad, por ejemplo, el gasto sanitario público por habitante pasó de ser 1.264 euros estandarizados (euros modificados para homologar su capacidad de compra en países de distinto nivel de desarrollo económico) en 2004 a 1.675 en 2008, el último año del primer mandato del Presidente Zapatero y último año también que EUROSTAT (la agencia de recolección de datos de la Unión Europea, UE) ha publicado datos comparables para toda la UE. Durante tal período (2004-2008) el gasto público sanitario creció un 32%, un porcentaje más elevado que el período comparable anterior del gobierno del Partido Popular (2000-2004). Este crecimiento de gasto público sanitario que ocurrió en prácticamente todas las áreas del estado de bienestar español, fue facilitado por la alianza que el gobierno socialista estableció durante su primer mandato con los partidos a su izquierda. Debido a este notable crecimiento, el déficit de gasto público sanitario per cápita entre España y el promedio de la UE-15 (el grupo de países de semejante nivel de desarrollo que España) fue disminuyendo, aunque debido al enorme retraso de gasto público social heredado por el gobierno Zapatero, este déficit continuó siendo muy acentuado, permaneciendo España en la cola de los países de la UE-15 en gasto público sanitario.

Desde 2008 la situación se ha revertido como resultado de la crisis, habiendo descendido el gasto público sanitario (y social) per cápita. No es pues cierto lo que el Presidente Zapatero indicó en su respuesta a Ana Pastor cuando afirmó que el gasto público sanitario español es ya casi el mismo que el promedio de la UE-15. En realidad, continuamos muy por detrás, situación que no se conoce o percibe por las clases dirigentes del país. En realidad, no existe plena consciencia de los enormes déficits del estado del bienestar español por parte de los establishments políticos y mediáticos de nuestro país, pues en su mayoría utilizan los servicios privados (envían a sus hijos a las escuelas privadas concertadas y van a la sanidad privada o reciben trato preferencial cuando van a la sanidad pública).
Dicho todo esto, hay que reconocer (y aplaudir) que el gobierno Zapatero mostró una sensibilidad social en la mayoría de su mandato, traducida en un mayor gasto social que su antecesor, el gobierno Aznar. Pero ello, en sí, no justifica que se defina como socialdemócrata. Después de todo, ha habido gobiernos de la UE-15 de otras tradiciones políticas distintas a la socialdemocracia que han aumentado su gasto sanitario público incluso en porcentajes mayores que España.

Cómo se confirma si un gobierno es socialdemócrata
Para definir a un gobierno como socialdemócrata hay que evaluar el grado de cumplimiento en sus políticas públicas del principio básico en toda tradición socialista (no debe olvidarse que socialdemocracia significa socialismo en democracia) que indica que el objetivo del socialismo es construir una sociedad en la que rija el principio de “a cada uno según su necesidad y de cada uno según su capacidad y habilidad”. Y esta sociedad se construye o destruye en bases diarias como consecuencia de las políticas públicas que toman los gobiernos (centrales, autonómicos y locales). El gasto público social, tal como el sanitario, cumple la segunda condición (a cada uno según su necesidad), pues suele asignarse y utilizarse según la necesidad de la población. Pero lo que ha caracterizado a la socialdemocracia es la primera parte del principio, es decir, “de cada uno según su capacidad y habilidad”, es decir su énfasis en la financiación progresiva del estado y, muy en especial, de su estado del bienestar. Y es ahí donde el gobierno Zapatero suspende, pues no sólo la carga fiscal del Estado Central se ha hecho más regresiva durante su mandato, sino que los equipos económicos de su gobierno han rechazado explícitamente que la política fiscal debiera tener funciones redistributivas. Podría citar declaraciones de responsables de las políticas económicas (e industriales) del gobierno Zapatero, subrayando tal postura. (Véase mi libro El Subdesarrollo social de España: Causas y consecuencias. Editorial Anagrama. 2006).

Resultado de esta mentalidad, compartida por los equipos económicos del gobierno Aznar, España es uno de los países de la UE-15 con un tipo máximo del impuesto sobre la renta más bajo, con un 43% (que subirá a partir de 2011 al 45%). Sólo, Portugal y Luxemburgo, tienen tipos inferiores y la disminución del tipo máximo ha sido la más acentuada en la UE-15 (13 puntos entre 1995 y 2010). Con las reformas del Gobierno Zapatero, los tipos efectivos de recaudación del IRPF, la figura fiscal más redistributiva, se redujeron en 2009 hasta los niveles de 2003. Este mismo gobierno ha bajado a su vez el impuesto de Sociedades, pasando del 35% establecido durante el período 1995-2006, al actual 30%, justificándolo bajo el lema de hacer más competitivas a las empresas, a costa de disminuir los ingresos del estado.

Otros indicadores de regresividad fiscal incluyen la tolerancia, hasta hace muy poco, hacia el fraude fiscal (80.000 millones de euros, que es aproximadamente la misma cantidad que el déficit de gasto público social de España, es decir, la cantidad de euros que debieran añadirse a la financiación del estado del bienestar para alcanzar el nivel de gasto público social que nos corresponde por el nivel de desarrollo económico que tenemos), las subvenciones a las rentas superiores (desgravaciones por propiedad de vivienda, por planes de pensiones y por aseguramientos privados), además de subvenciones a empresas, con un abanico de “fondos de beneficio” a las rentas elevadas y a grandes empresas, así como eliminación del impuesto de patrimonio y un largo etcétera, que explica que el sistema fiscal español sea uno de los que dependen más en la UE-15 del consumo y de las rentas del trabajo. Ello explica que cuando el desempleo aumenta y con ello disminuyen las rentas del trabajo, los ingresos del estado caigan en picado en España, habiendo sido el país en el que tales ingresos han bajado más en estos años de crisis. Los ingresos del Estado en impuestos sobre la renta disminuyeron desde 2007, del 12.9% del PIB al 9.6% en el 2009, con una disminución de más de 3 puntos, porcentaje superior a la disminución que se dio en la UE-15, que pasó del 13.8% al 12.6% del PIB de 2007 a 2009. Y si consideramos los ingresos totales al Estado a cargo de impuestos, éstos bajaron muy marcadamente durante su mandato, pasando de representar el 38.5% del PIB en 2004 al 34.7% en 2009, mientras que el promedio de la UE-15, mucho más alto que España, subió durante el mismo período, pasando de 44.2% del PIB al 44.5%. Es sorprendente que el Presidente Zapatero se enorgullezca de esta situación, pues en su respuesta al Sr. Rajoy (que quiere reducir tal porcentaje incluso más) el Presidente le contestó (las Cortes españolas, 9 de febrero de 2011) que “estaba muy satisfecho, pues sus políticas habían hecho posible que la presión fiscal en España sea ahora más baja que hace 6 años…hemos suprimido el impuesto sobre el patrimonio, hemos bajado el impuesto de sociedades y bajado el impuesto de la renta”, y podría haber añadido otros impuestos. Pero bajar los impuestos no es de izquierdas cuando ello representa que España continúe a la cola de la UE-15 en gasto público social. En realidad, el crecimiento de gasto público social (que fue insuficiente para alcanzar el nivel de gasto que debiéramos tener por el nivel de desarrollo económico que tenemos) del cual el Sr. Zapatero está legítimamente orgulloso, se consiguió primordialmente como consecuencia del crecimiento económico (muy notable en los últimos años, resultado de la burbuja inmobiliaria) y no de la redistribución de recursos, tal como hubiera hecho un gobierno socialdemócrata. De ahí se explica que cuando el crecimiento colapsó el aumento del gasto social (excepto el seguro público de desempleo) también bajó.

La respuesta a la crisis
Consecuentemente con estas políticas que han mermado los ingresos al Estado (que según el Fondo Monetario Internacional explica el 40% del déficit estructural del Estado) y han aumentado su regresividad, hemos visto la respuesta del equipo económico de Zapatero a la crisis, respuesta que ha sido típicamente neoliberal. En lugar de reducir el déficit del estado a base de aumentar los ingresos mediante reformas fiscales progresivas y progresistas (de nuevo, tal como hubiera hecho un gobierno que siguiera principios socialdemócratas) el equipo económico ha escogido hacerlo mediante recortes del gasto público (incluyendo el social) y aumentando incluso más la regresividad fiscal, medidas todas ellas que dañan a sus bases electorales, de donde procede su descenso electoral desde que tales medidas se han ido implementando.
Todo el debate mediático sobre personalidades (que si Zapatero, que si Rubalcaba, que si Carme Chacón, etc) es totalmente irrelevante y refleja una visión muy generalizada en los medios que constantemente subestiman la inteligencia del electorado. No son las personas sino las políticas neoliberales las que son profundamente impopulares. No es socialista intentar salir de la crisis a costa de los derechos sociales y laborales (tal como hacen los conservadores y neoliberales en otros países de la UE-15) y sin haber afectado los intereses de aquellos que causaron la crisis (tales como el capital financiero), ni haber hecho una reforma fiscal que debería tener como objetivo la aplicación del principio redistributivo de “de cada uno según su habilidad y capacidad”. En realidad, el declive tan notable de apoyo popular al gobierno y al partido gobernante se debe a su distanciamiento del proyecto socialista (reflejado, en parte en, su programa) y a su sustitución, en las áreas económicas, por la versión “light“ del neoliberalismo. No es de extrañar que los grupos más desafectados sean sus bases electorales entre las clases populares.
Ni que decir tiene, que algunas de las áreas sociales en el gobierno Zapatero siguen una trayectoria claramente socialdemócrata. Pero la trayectoria que establece el tono y condiciona las posibilidades de las áreas sociales es su política económica llevada a cabo por su equipo económico, claramente neoliberal, responsable de la percepción popular de que el gobierno Zapatero es neoliberal.

Existen políticas alternativas posibles
Una última observación. A la pregunta de Ana Pastor sobre si había alternativas a sus políticas económicas, el Presidente indicó que no las había. Estoy seguro de que está plenamente convencido de ello pues toda la información que le llega de su equipo económico y sus asesores confirma tal supuesto. En realidad, la uniformidad ideológica de sus asesores y colaboradores económicos es preocupante. Es más, la información que le llega por parte de los mayores medios de difusión y persuasión del país acentúan la certeza de su diagnóstico y la necesidad de sus recetas. Un ejemplo de ello es el apoyo casi unánime, por parte de los mayores medios de información, a su propuesta de retrasar la edad de jubilación obligatoria de 65 a 67 años. El consenso del establishment mediático y político a favor de tal medida es abrumador y preocupante en un país democrático y seguro que ejerce una enorme presión sobre el gobierno.

Pero el Presidente debiera haber oído también la opinión de las clases populares, donde nada menos que un 82% están en desacuerdo con tal medida. Y ello no se debe –como seguramente le dirán sus consejeros económicos- a que la población es ignorante y no puede comprender la necesidad de tales medidas de austeridad, sino que la gente normal y corriente de este país (que conoce, palpa y sufre la realidad mejor que sus consejeros económicos y los establishments mediáticos y políticos) sabe que el gobierno no se atreve a “enfrentarse a los poderosos y se atreve en cambio con los débiles”. Esta percepción ampliamente sostenida entre las clases populares está basada en la realidad y ejemplos de ello hay muchos. El descenso del déficit se está haciendo a base de recortar el gasto público social, en lugar de aumentar los impuestos de los que no contribuyen según su capacidad. Las ayudas, en la crisis, se están centrando en ayudas a la banca, sin apenas atención a los desahuciados por parte de la banca (ver mi artículo “El excesivo poder de la banca en España: la ley hipotecaria”, en www.vnavarro.org). Y así un largo etcétera.

El Presidente debiera escuchar la opinión popular y a los expertos críticos de la sabiduría convencional neoliberal que han documentado que otras políticas alternativas a las que el gobierno está haciendo son posibles (ver sección Economía Política en www.vnavarro.org). A la luz de estas realidades centrar el debate sobre el futuro del PSOE en personas es de una enorme frivolidad. A no ser que estas políticas cambien, veremos el enorme declive del PSOE lo cual será un hecho sumamente negativo para el país, pues su acentuado declive debilitará a todas las izquierdas durante mucho tiempo.

Artículo publicado en la revista digital SISTEMA (10.02.11)

Vicenç Navarro es Catedrático de Políticas Públicas. Universidad Pompeu Fabra, y Ex Catedrático de Economía Aplicada de la Universidad de Barcelona
www.vnavarro.org


        
 

Publicado el: viernes, 18 de marzo de 2011 3:51 por JODECA | 2 comentarios
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Por sus palabras los conocereis

Ver desde fuera

Por sus palabras los conoceréis

Resulta casi un lugar común afirmar que el ser humano es capaz de acostumbrarse a casi todo. En el resquicio establecido por el “casi” cada uno tiene sus propios ejemplos, que van desde lo anecdótico a lo relevante, y tanto en el ámbito de lo privado como de lo público. En mi caso, y en lo tocante a la esfera de la política, nunca conseguiré admitir como normal la falta de precisión en el lenguaje, bien sea por los excesos que se cometen o bien por la ignorancia de quienes hablan.

En muy pocos días cualquiera que haya seguido la información en diferentes medios se habrá podido encontrar con varias perlas, en todos los casos procedentes de miembros del Partido Popular. Primero, Celia Villalobos se permitió calificar al presidente del Congreso de los Diputados de fascista, en uno más de los exabruptos a los que esta mujer acostumbra; luego, Esteban González Pons se refirió a las medidas de ahorro energético como propias de un modelo soviético, de acuerdo con una forma de expresarse a la que asimismo nos tiene habituados, y finalmente el diputado Carlos Floriano dijo que las citadas medidas le recordaban las cartillas de racionamiento.

Entre los políticos socialistas, no es José Bono uno de los que suelen contar con mi simpatía, pero desde luego nunca se me ocurriría afirmar que es un fascista, término que la diputada dijo luego que retiraría si al aludido le molestaba, mientras insistía en que se trataba de una conversación privada, de modo que el ciudadano se queda con la interrogante de cómo se retira algo de un diálogo particular, si bien la dirigente popular aún se permitía un alarde de erudición histórica y declaraba que fascista viene de fascio, sin ninguna otra referencia ni aclaración.

Por su parte, González Pons no ha aclarado nada sobre su opinión, pero debemos suponer que en ningún momento quiso decir que quepa establecer analogía alguna entre el modelo totalitario consolidado en la Unión Soviética de Stalin y el del Estado de Derecho vigente en nuestro país, entre otras cosas porque si ahora viviéramos en un sistema totalitario (de acuerdo con la caracterización de Hannah Arendt), él no podría ser miembro de la oposición, y mucho menos hacer declaraciones públicas.

En cuanto a las cartillas de racionamiento, todos sabemos que fueron propias de un modelo económico de autarquía en un momento concreto de la dictadura franquista, el inmediatamente posterior a la segunda guerra mundial, y que por lo tanto no tienen ninguna conexión posible con la economía de mercado existente hoy día.

Los tres políticos, pues, han hecho afirmaciones falsas. El problema está en determinar si sus palabras responden a un acto premeditado con intencionalidad pretendidamente política o si por el contrario sus opiniones nacen de su ignorancia. He consultado los datos sobre cada uno de ellos en la página web del Congreso de los Diputados. Celia Villalobos es Funcionaria (no consta su titulación académica), González Pons es Doctor en Derecho y Abogado y Carlos Floriano es Doctor en Derecho y Profesor Titular de Economía Aplicada en la Universidad de Extremadura. Con esos datos parece difícil imaginar que no sepan qué es ser fascista, en qué consiste el modelo económico soviético o qué fueron las cartillas de racionamiento. Porque además concurre la circunstancia de que si bien Celia Villalobos pertenece a una generación anterior a los otros dos, los tres tienen edad suficiente como para no pertenecer al sistema educativo establecido por las últimas leyes, según los populares tan perjudiciales para nuestros alumnos y causantes del bajo nivel de las últimas generaciones.

Así pues, si no cabe achacarles desconocimiento, debemos pensar en una manera de hacer política que sitúa la crítica en la desproporción y en la exageración, que falta el respeto al rigor histórico y que solo busca el mayor desprestigio posible del oponente, sin preocuparse del daño que pueda provocar para el crédito de la política ese juego con un lenguaje incorrecto e impreciso, pero que por otra parte tan querido ha sido siempre de la derecha española, incluso cuando, en un nuevo alarde lingüístico propio del carnaval, se disfrace de centro.

 


* José Luis Casas es Profesor de Historia

 

El espíritu del capitalismo.

Max Weber y el espíritu del capitalismo.
 .
Francisco Javier Gea Izquierdo
El investigador y erudito alemán Max Weber (1864-1920) es uno de los fundadores de la sociología moderna. De hecho para algunos especialistas se trata del más importante de estos (Auguste Comte, Karl Marx o Émile Durkheim) y de los estudiosos posteriores. Weber realizó extensos estudios de historia, economía, derecho y filosofía, y ha creado una obra inmensa. Entre sus aportaciones para comprender la sociedad y la política destacan sus trabajos sobre la religión, las clases sociales, la importancia de las ideas en la configuración social, los tipos de acción social y de racionalidad, la necesidad de buscar una ciencia libre de valores, la distinción entre la ética de la convicción y la de la responsabilidad, así como el desarrollo del proceso de secularización y la burocratización de las sociedades modernas. Una sola de estas investigaciones es suficiente para convertir a alguien en un destacado científico social.

En un principio se vio influido por el predominio de las teorías de Marx, si bien sus planteamientos derivaron pronto hacia una idea de la sociedad muy distinta. La diferencia fundamental entre ambos radica en que Weber rechaza el materialismo histórico marxiano, según el cual lo que mueve a la sociedad a través de la historia son las condiciones materiales de la existencia humana y no las ideas o creencias. Weber admite desde luego que las condiciones materiales de la existencia influyen en la sociedad así como en las ideas y creencias de la gente, pero también afirma que ocurre lo opuesto, es decir, que estas pueden determinar profundamente los fenómenos sociales. En este sentido su célebre obra 'La ética protestante y el espíritu del capitalismo' constituye una de las contribuciones clave de la sociología moderna. En ella, de cuya publicación se cumple ahora un siglo, su autor muestra, con una contundencia que rara vez se ve en las ciencias sociales, no ya que el protestantismo sea un producto de la sociedad capitalista, como supondría el materialismo histórico, que tanto predicamento ha tenido desde mediados del siglo XIX y durante la mayor parte del siglo XX, sino que por el contrario es el protestantismo el que da lugar al capitalismo.

En efecto este fenómeno aparece en el Norte de Europa y en los Estados Unidos a partir del siglo XVII porque la religión allí predominante es el protestantismo. Según esta trabajar duramente no es un medio para obtener dinero, sino un valor ético-ascético en sí mismo. El hombre protestante tipo no acumula dinero para luego gastárselo y vivir bien, sino porque esa actividad le da verdadero sentido religioso a su vida. El protestantismo profesaba la idea teológica de la predestinación divina, de acuerdo con la cual Dios, en su infinita omnisciencia, sabe quién se va a salvar y quién no, y haga lo que haga uno no puede cambiarlo. Lo único que le cabe al creyente es tener fe y tratar de buscar algún signo de hallarse entre los elegidos por Él. Pues bien los fundadores del protestantismo, sobre todo Calvino, creían que el signo inequívoco de haber sido elegido era tener éxito en el trabajo y en los negocios. Por eso el protestante tipo lo que procura es trabajar mucho y acumular dinero a lo largo de su vida, que invertirá para aumentar sus negocios y no para gastarlo, y eso es lo que da lugar al singular fenómeno del capitalismo.

Un ejemplo paradigmático de la mentalidad capitalista protestante, que ofrece el propio Weber en 'La ética protestante y el espíritu del capitalismo', es el de Benjamín Franklin (1706-1790), el célebre científico y político norteamericano que entre otras cosas redactó junto a Thomas Jefferson y John Adams la Declaración de Independencia de su país. Pues bien, Franklin opinaba respecto al trabajo y el ahorro lo siguiente: «El tiempo es dinero. El que puede ganar diariamente diez chelines con su trabajo y dedica a pasear la mitad del día, o a holgazanear en su cuarto, aun cuando sólo dedique seis peniques para sus diversiones, no ha de contar esto sólo, sino que en realidad ha gastado, o más bien derrochado, cinco chelines más». Desde luego, en otras sociedades y en otras épocas ha habido también gente muy ocupada en enriquecerse, pero su objetivo no era acumular dinero por acumularlo, sino tener más para poder gastarlo. Por así decirlo, llegado el caso, preferirían nacer ricos y morirse pobres antes que nacer pobres y morirse ricos.

Weber también señaló que el capitalismo hacía tiempo que había olvidado su origen religioso y descansaba sobre 'fundamentos mecánicos', y fue muy crítico respecto al mismo. De sus protagonistas pensaba entre otras cosas que eran especialistas sin espíritu y gozadores sin corazón que imaginaban haber llevado a la humanidad a una fase nunca antes alcanzada. Sin embargo, no creía que el comunismo fuese mejor, porque considera al igual que Durkheim que lo único que cabe esperar de él es que empeore las cosas aumentando el nivel de burocratización de la sociedad. Con posterioridad a lo que Weber pudo estudiar, Occidente se ha hecho menos religioso (proceso que viene de largo y que anticipó con clarividencia) y de un ideario y una sociedad de la acumulación del capital se ha pasado a un ideario y una sociedad del consumo. Fenómeno este que es totalmente congruente con las ideas weberianas y cuyo comienzo puede cifrarse tal vez a partir de los años veinte, cuando se inventa en los Estados Unidos de América la compra a plazos.

Max Weber ha tenido menos predicamento fuera de los estrictos círculos intelectuales que otros autores menos decisivos, ya que su obra es muy rigurosa y carece de concesiones, pero eso no significa que sea menos relevante. Como ha señalado el sociólogo británico Anthony Giddens, la teoría weberiana Embarrasseddel origen del capitalismo es importante, entre otras razones, por ser capaz de ir más allá de los límites del sentido común sin caer en el absurdo, por explicar un hecho sorprendente y complejo, y porque supone un enfoque capaz de abrir nuevas perspectivas en otros ámbitos de la sociología. Por eso, esta y otras ideas de Weber constituyen aún un punto de partida inestimable para tratar de entender el tiempo que tenemos por delante.

 

Se puede esperar todo.

PINCHA Y ESCUCHARÁS EL POROMPOMPERO EN francés.

Dedicado especialmente a: La que no suele estar debajo de un almendro.

Besotes.

Jose Mari y las moñas de las bancas

                     JOSÉ MARI Y LAS MOÑAS DE LAS BANCAS

 

                 En los años sesenta el mundo vivió una increíble época de transformaciones. En aquella década prodigiosa se llegó a acariciar el sueño de un mundo mejor para todos. Un sueño que desgraciadamente se fue al traste, pero fue bonito mientras duró. Al pueblo también llegaron aquellos aires de cambio y muy pocos se resistieron a las nuevas modas que venían de fuera. Aquella fiebre por lo nuevo trajo cosas buenas, la mayoría, y también algunas malas. Entre las malas estuvo el desprecio y el abandono de los muebles y objetos de uso cotidiano que nos habían acompañado desde  muchas generaciones atrás y que ya se habían convertido en nuestras señas de identidad. Muchas de esas señas de identidad fueron arrojadas a la basura sin contemplaciones. Basta darse una vuelta por El Rastro para ver todo tipo de objetos que en su día abandonamos como trastos viejos e inservibles y  que ahora se venden allí a precios astronómicos. Puede que nos deshiciéramos de ellos para romper con un pasado espeluznante, quizás esos objetos nos recordaban demasiado la pesadilla del franquismo que a toda costa queríamos olvidar. Pero ellos no tenían la culpa de nuestra desgracia. De aquella época data la extinción masiva de bancas. Las viejas y sólidas bancas de madera construidas por artesanos locales, pasadas de padres a hijos como sagrada reliquia fueron cayendo una a una en manos del tapicero que les arrancó la moña, esa especie de cresta de madera tallada que coronaba el respaldo. Después de ser desmoñadas, fueron rellenadas de espuma y finalmente tapizadas con horrendas telas estampadas o escai barato. Y de esa forma, la noble banca pasó a convertirse en un triste sofá común y corriente. Aquello que entonces se veía como el no va más de la modernidad ahora nos parece un desatino. Era como tener un cuadro de Goya y para no verlo, porque nos hemos cansado de él y porque además sus tonos no hacen juego con las cortinas, no se nos ha ocurrido otra cosa que darle una mano de pintura encima y colocarle un almanaque con cuatro chinchetas.

Con el paso de los años no dimos cuenta que la banca, que dormía largas décadas de injusto confinamiento debajo de una gruesa capa de espuma forrada de escai, era mil veces más bonita que el triste y anodino sofá y nos pusimos a recuperarlas. Los artesanos se aprestaron a rescatarlas y restaurarlas. Entonces se descubrió que algunos tapiceros forasteros habían dado el cambiazo y en vez de la banca que les entregamos allá por los sesenta había un tosco armazón de madera de pino. Muchas desaparecieron para siempre y las que quedaron estaban mutiladas porque les faltaba la moña. Se hicieron pesquisas, pero las moñas nunca aparecieron y el mueble decapitado quedó como un objeto patético que nos señalaba y acusaba permanentemente. Por suerte, ahora no habría nadie tan necio e insensato que cambiara la banca de su casa (un legado de sus antepasados que está obligado moralmente a entregar a sus descendientes tal y como la recibió) por un sofá de saldo.

            He dicho que no habría nadie tan insensato para hacer algo semejante, pero si que lo hay y se llama José María Aznar.  Este hombre ha entregado la “banca” del Estado a cambio de unos golpecitos en el hombro y la siniestra sonrisa de calavera de la extrema derecha norteamericana, los señores del petróleo y las industrias de armas. La única y verdadera amenaza para el mundo. Ojalá que en las próximas elecciones se le ponga en el sitio que merece por habernos metido con semejante mafia. Pero, aunque José Mari y los suyos pierdan las elecciones, el mal ya está hecho. El gobernante que venga tendrá que restaurar la “banca” del Estado. Pero va a ser imposible dejarla como estaba porque la “moña”, es decir, el prestigio, el honor y la reputación que tenía entre la comunidad de naciones se ha perdido.  Algún día, José Mari, alguien te pondrá la mano en el hombro y no será tu amigo Bush sino la historia para juzgarte. 

             

 

             

Me ha salido un sacristán

me ha salido un sacristán
carente de to sentido
no se de que coños habla
aunque  aguces el oído.

cuando dejé mi colegio
mi colegio episcopal
pensaba que había dejado
de oir chorradas y tal.

qué tendrán en la cabeza
estos réptiles obscenos
que no dejan descansar
a las almas sin consuelo.

cómo podéis pedir nada
si vuestro trabajo es
confundir con embelecos
diciendo sólo  patrañas.

esta gente dios lo quiera
viva siempre entre nosotros
pero por favor les pido
hagan en broma sus veras.

Un saludo de iñaki de Villa.

El personaje casi real habita en un pueblo manchego, no diré cual, y dedica el día a cansinear con el amor a su dios y el odio hacia los otros...vamos, un prenda.

Materialismo

Materialismo

Teoría filosófica para la cual la totalidad de la realidad puede explicarse en términos de materia en movimiento.

Como teoría filosófica, el materialismo se opone:

  • al idealismo, para el que la materia es un producto de la mente o espíritu;
  • al espiritualismo que considera imposible reducir el espíritu a materia.

El materialismo afirma que sólo existen sustancias corpóreas, que el mundo natural puede explicarse a partir de sí mismo, sin referencia alguna a un principio explicativo exterior como Dios. El materialismo defiende el ateísmo (excepto en aquellos casos en que interpreta a Dios en términos corpóreos, como en la filosofía de Epicuro) y considera que la vida anímica y la conducta humana no son manifestaciones de una supuesta substancia espiritual o alma sino del cuerpo, particularmente del cerebro.

A lo largo de la historia de la filosofía encontramos diversos tipos de materialismos, desde el materialismo de los atomistas griegos hasta el materialismo del siglo XX consecuencia de la primacía de la ciencia. En el siglo XVIII muchos de los enciclopedistas defienden tesis materialistas, destacando los materialistas Lamettrie, Helvétius, Maupertuis En Alemania los sistemas idealistas, desde Kant hasta Hegel rechazaron el materialismo, pero tras la muerte de éste último, con el desarrollo de las ciencias naturales, y de modo destacado a partir del evolucionismo de Darwin, prolifera de nuevo el materialismo. Marx acepta el materialismo y fue influido particularmente por el que defiende Feuerbach.

Ideología

Ideología

Sistema de representaciones del mundo (filosofía, arte, religión, derecho, moral, ....) que utiliza la clase dominante para legitimar su posición privilegiada frente a las clases oprimidas.

En sociología se llama ideología a todo conjunto más o menos sistemático de creencias que intentan explicar al hombre y el mundo, a la vez que orientar su conducta a partir de ciertos valores aceptados como correctos. En este sentido general, toda teoría del mundo es una ideología: lo es tanto el punto de vista reaccionario como el conservador, tanto el progresista como el radical (incluido el propio marxismo). En todas las sociedades encontramos teorías del mundo o ideologías puesto que, como señaló Engels, "todo lo que mueve a los hombres tiene que pasar necesariamente por sus cabezas". Pero el marxismo añade a este concepto general las siguientes peculiaridades:

a) entiende la ideología de un modo tan amplio que acaba identificando ideología con cultura; en la "Crítica de la economía política" nos dice Marx que la ideología abarca el derecho, la política, la religión, el arte, la filosofía, y (sugiere) hasta la misma ciencia;

b) las ideologías no describen al hombre y su situación en el mundo y la sociedad de un modo correcto, sino de un modo deformado, falso;

c) esa deformación en la descripción del hombre es consecuencia del interés de la clase dominante por mantenerse en su situación de dominio; como nos dice Marx en "La ideología alemana" "las ideas de la clase dominante, son, en todas las épocas, las ideas dominantes". La clase dominante dispone de los medios de producción material, pero también del control y producción de los bienes espirituales, de la producción de la cultura, por lo que las ideas que en una sociedad triunfen serán las que la clase dominante quiera que dominen;

d) las ideologías son un "producto social": los pensamientos de los hombres son conse­cuencia de la sociedad en que viven, particularmente del orden económico vigente;

e) como resultado de la tesis anterior, las distintas formas de ideología (religión, política, filosofía) no tienen historia ni desarrollo propio; esto quiere decir, por ejemplo, que una historia de la filosofía que explique los distintos sistemas filosóficos a partir de los problemas y las soluciones que los filósofos han presentado (una historia "interna" de la filosofía) es una mala historia de la filosofía; la "buena" historia de la filosofía debe mostrar la relación entre los sistemas filosóficos que aparecen a lo largo de la historia y las circunstancias económicas de las que son un reflejo.

Dada esta interpretación de la ideología como una forma de alienación, una de las tareas fundamentales de la filosofía será la de desenmascarar el supuesto carácter objetivo de las descripciones ideológicas; la filosofía se concibe esencialmente como filosofía crítica. Esto es lo que intenta hacer el marxismo, por ejemplo, con su crítica a la religión y a la economía política clásica. Y es también lo que lleva al marxismo a creer que una de las tareas más difíciles será lograr en el proletariado una conciencia de clase pues, dado el control que tiene la clase explotadora de las distintas formas de producción espiritual, lo más probable es que el propio proletariado defienda ideas que no le convienen, ideas que son las que a la clase dominante le interese que piense. La superación definitiva de las ideologías sólo podrá realizarse con la desaparición de la explotación del hombre por el hombre.

En el siguiente texto, Karl Marx presenta el concepto de ideología como las representaciones que el hombre se hace de la realidad ligadas a las condiciones materiales de existencia, las condiciones reales en las que se desenvuelve la vida humana.
"Los hombres son los productores de sus representaciones, de sus ideas, etc., pero los hombres son reales y actuantes, tal y como se hallan condicionados por un determinado desarrollo de sus fuerzas productivas y por el intercambio que a él corresponde, hasta llegar a sus formaciones más amplias. La conciencia no puede ser nunca otra cosa que el ser consciente, y el ser de los hombres es su proceso de vida real. Y si en toda la ideología los hombres y sus relaciones aparecen invertidos como en la cámara oscura, este fenómeno responde a su proceso histórico de vida, como la inversión de los objetos al proyectarse sobre la retina responde a su proceso de vida directamente físico. Totalmente al contrario de lo que ocurre en la filosofía alemana, que desciende del cielo sobre la tierra, aquí se asciende de la tierra al cielo. Es decir, no se parte de lo que los hombres dicen, se representan o se imaginan, ni tampoco del hombre predicado, pensado, representado o imaginado, para llegar, arrancando de aquí, al hombre de carne y hueso; se parte del hombre que realmente actúa y, arrancando de su proceso de vida real, se expone también el desarrollo de los reflejos ideológicos y de los ecos de este proceso de vía. También las formaciones nebulosas que se condensan en el cerebro de los hombres son sublimaciones necesarias de su proceso material de vida, proceso empíricamente registrable y sujeto a condiciones materiales. La moral, la religión, la metafísica y cualquier otra ideología y las formas de conciencia que a ellas corresponden pierden, así, la apariencia de su propia sustantividad. no tienen su propia historia ni su propio desarrollo, sino que los hombres que desarrollan su producción material y su intercambio material cambian también, al cambiar esta realidad, su pensamiento y los productos de su pensamiento. No es la conciencia la que determina la vida, sino la vida la que determina la conciencia. Desde el primer punto de vista, se parte de la conciencia como del individuo viviente; desde el segundo punto de vista, que es el que corresponde a la vida real, se parte del mismo individuo real viviente y se considera la conciencia solamente como su conciencia."

Marx, La ideología alemana
Naturaleza del hombre.

Naturaleza Del Hombre

O rasgos del hombre que dependen de su propio ser.

En el tomo I de "El Capital", Marx distingue entre la naturaleza humana en general y la naturaleza humana históricamente condicionada por cada época. Con esta distinción señala que el hombre posee algunos rasgos que van más allá de la posible influencia de la sociedad, dependientes de nuestra estructura biológica y psicológica, y que determinan apetitos o inclinaciones comunes a todos los hombres (por ejemplo el instinto por satisfacer el hambre, el instinto sexual, la inclinación a la sociabilidad, ...). La sociedad podrá encauzar y realizar las disposiciones que dependen de esta naturaleza constante de distintos modos, pero nunca podrá eliminarlas. Frente a estos rasgos universales se encuentran los que son consecuencia de las estructuras sociales y las condiciones de producción y que son distintos en cada momento histórico. El concepto de naturaleza humana es importante porque sirve de fundamento para la universalidad de la crítica marxista: la explotación del hombre por el hombre es inaceptable porque todos los hombres son por naturaleza iguales, porque todos los hombres por naturaleza son seres activos cuyo destino es la perfección y el bien en la esfera del trabajo. Pero también es importante indirectamente por descartar que en dicha naturaleza se encuentre el derecho de propiedad de los medios de producción. Este derecho es consecuencia de un orden social que no siempre se ha dado y que dejará de darse tras la revolución. La moral burguesa, al entender la propiedad privada como un "derecho natural", hace la trampa de convertir un hecho (el hecho de que realmente se dé dicha propiedad en la sociedad capitalista) en un derecho.

Dialéctica.

 

Dialéctica.

En Marx este término designa tanto el peculiar proceso con el que se desenvuelve la sociedad a lo largo de su propia historia como el modo en que se debe pensar para captar adecuadamente dicho proceso.

Etimológicamente significa "arte de conversar": de "día", reciprocidad, intercambio, y "logos", palabra, discurso. Este concepto no es una invención de Marx, ni siquiera de Hegel, pues ya la encontramos en la filosofía griega aunque con un sentido muy distinto. En el mundo griego la dialéctica era el arte de discutir y se oponía a la "retórica" o arte que enseñaba a hablar bien ante un auditorio. En este primer momento la dialéctica se situaba en el nivel del discurso: por ejemplo, Sócrates practicaba el arte de la dialéctica (el diálogo) con sus discípulos para ayudarles a alcanzar las esencias de las cosas; en Platón se identifica con la filosofía misma, y es el método para el conocimiento de las Ideas y el descubrimiento de la Idea de Bien como fundamento de la totalidad de la realidad. La filosofía posterior utilizó esta palabra para designar las enseñanzas dirigidas al aprendizaje de la discusión, y en algunos casos se la identificó con la lógica. En Kant también se sitúa en el nivel del discurso, aunque para referirse propiamente a aquellas argumentaciones que parecían ser verdaderas sin serlo realmente. Con Hegel el concepto "dialéctica" adquiere un significado más rico e importante. La dialéctica sigue siendo un peculiar movimiento de la razón, pero, dado que la realidad es racional, también un peculiar modo de desenvolverse la realidad. Hegel considera que la Idea o Dios se realiza en el mundo finito (crea el mundo finito) a partir de su propio ser, y se niega a sí misma y a su infinitud transformándose en Naturaleza, la cual a su vez se negará de nuevo dando lugar a una realidad superior que incluye en su seno las dos anteriores y dando lugar al mundo del Espíritu. A su vez, el Espíritu se desenvuelve en procesos dialécticos hasta culminar en el Espíritu Absoluto y en la autoconciencia del Espíritu Absoluto mediante la propia filosofía. Marx toma el concepto de dialéctica de Hegel pero elimina toda la interpretación religiosa o teológica, considerando que el movimiento descrito por la dialéctica tiene como sujeto el mundo de la naturaleza y de la historia, el mundo finito.

Podemos caracterizar la dialéctica como la teoría que acepta:

1) El cambio: a diferencia de otros modos de entender las cosas que identifican el ser con lo permanente, la concepción dialéctica concibe al movimiento como una de las categorías fundamentales del ser, la realidad está sometida al devenir y la historia, por lo que quien no sea capaz de captar un objeto en términos de su construcción histórica, de su formarse a través del tiempo, no comprenderá bien dicho objeto.

2) La contradicción: el cambio tiene su origen en la existencia de contradicciones en el seno mismo de las cosas; la realidad es el ámbito en donde se da el conflicto, el enfrentamiento, y ello tanto en la Naturaleza como en el mundo humano o historia propiamente dicha. Esta idea, traducida en términos de teoría política, implica comprender cómo las distintas construcciones sociales son consecuencia del conflicto entre clases sociales antagónicas.

3) Racionalidad del cambio: el cambio no es un movimiento caótico, desordenado, sino que sigue una ley, una racionalidad; hay un orden racional en el desenvolvimiento de la realidad. El esquema más abstracto de todo cambio es el de tesis, antítesis y síntesis:

  • tesis: o momento de afirmación de una realidad;
  • antítesis: o momento de negación de la realidad anterior;
  • síntesis: o momento de integración de las dos realidades contradictorias anteriores; esta síntesis es, a su vez, una tesis nueva que da lugar a otra antítesis, la cual da lugar a una síntesis nueva, etc.

(Los términos "tesis", "antítesis", síntesis" se encuentran más en la filosofía hegeliana y el idealismo alemán que en los textos de Marx y Engels, quienes prefieren los términos "afirmación, negación y negación de la negación").

4) Interpretación no fragmentaria de la realidad: las cosas son lo que son en la medida en que forman parte de todos más amplios, en la medida en que participan de relaciones con el todo; cada objeto real es un caso particular o momento del todo. Hegel describe este rasgo indicando que "lo verdadero es el todo". Esta idea se refleja en la primacía que el marxismo da a la sociedad y al Estado sobre el individuo, en la comprensión del individuo a partir de sus relaciones sociales.

Pero de todas las características citadas, la más importante es la de la contradicción: para la dialéctica la contradicción, el enfrentamiento entre opuestos, es una dimensión fundamental de la realidad. En este punto, tanto Hegel como Marx reconocerán un antecedente en la idea heracliteana de la "guerra", es decir, la oposición de los contrarios, como "el padre de todas las cosas", la esencia íntima del ser.

Las diferencias fundamentales entre la concepción de la dialéctica marxiana y la hegeliana son las siguientes:

  • para Hegel el sujeto de la dialéctica es la Idea o Dios, para Marx el mundo finito, la Naturaleza, y el mundo humano;
  • para Hegel el momento de la negación de la negación (la síntesis) incluye en su interior los momentos anteriores (la tesis y la antítesis), para Marx la negación de la negación no lleva necesariamente a ello; Marx señala más bien el momento de contradicción, de enfrentamiento entre elementos opuestos, y su capacidad para promover el cambio. La prueba de que este momento de síntesis no recoge los términos antitéticos es que en la sociedad comunista las clases sociales desaparecen, no se mantiene en su seno ninguna de las clases antagónicas.
Dictadura del proletariado?

¿Dictadura Del Proletariado?. Quita la palabra dictadura y piensa.

El capitalismo no tiene capital, el único capital está en las manos de los hombres y mujeres. ¿ A qué es paradójico? . Iñaki de Villa.

 

Momento posterior a la revolución en virtud del cual el proletariado usa de su poder para expropiar a los capitalistas los medios de producción y concentrarlos en manos del Estado. Es una fase de transición al sistema económico propuesto por Marx como sistema económico ideal: el comunismo.

"El proletariado usará de su poder político para arrancar paso a paso a la burguesía todo su capital, centralizar todos los instrumentos de producción en manos del Estado, es decir, del proletariado organizado como clase dominante, y acrecentar con la mayor rapidez posible el cúmulo de fuerzas productivas. En un principio, todo ello sólo es posible, naturalmente mediante intervenciones despóticas en el derecho de propiedad y en las relaciones burguesas de producción, es decir , mediante medidas que pueden parecer económicamente insuficientes e insostenibles en sí mismas pero que, en el transcurso de todo este movimiento, van, en su alcance, más allá de sí mismas y resultan imprescindibles para la transformación radical de todo el sistema de producción.
Estas medidas habrán de ser, como es natural, diversas de conformidad con la diversidad de los países. en el caso de los países más avanzados, las siguientes medidas tendrán, sin embargo, una aplicación más o menos general:
1. Expropiación de la propiedad territorial y dedicación para gastos del Estado de la renta del suelo.
2. Impuesto fuertemente progresivo.
3. Supresión del derecho de herencia.
4. Confiscación de la propiedad de todos los emigrados políticos y rebeldes.
5. Centralización del crédito en manos del Estado.
6. Centralización de la red de transportes en manos del Estado.
7. Ampliación del número de fábricas nacionales, instrumentos de producción, roturación y mejora de terrenos de acuerdo con un plan general.
8. Imposición a todos de la obligación de trabajar, organización de ejércitos industriales, especialmente para la agricultura.
9. Explotación combinada de la agricultura y la industria. Intervención encaminada a la eliminación gradual de diferencias entre la ciudad y el campo.
10. Educación pública y gratuita de todos los niños. Eliminación del trabajo fabril de los niños en la forma actual. Interacción coordinada entre la educación y la producción material.
Cuando, en el transcurso de este proceso, vayan desapareciendo las diferencias de clase y la totalidad de la producción se halle en manos de los individuos asociados, el poder público perderá su carácter político. El poder político en su sentido más genuino no es sino el poder organizado de una clase para la opresión de las otras. Cuando el proletariado se una forzosamente como clase en su lucha contra la burguesía, se constituya en clase dominante mediante la revolución y como tal clase dominante suprima por la fuerza las viejas relaciones de producción, suprimirá con ellas la condición misma de los antagonismos de clase, las clases como tales y su propia dominación de clase.
En lugar de la vieja sociedad burguesa, con sus clases y antagonismos de clases, surgirá una asociación en la que el libre desarrollo de cada uno será la condición para el libre desarrollo de los demás."
Marx, Engels, El manifiesto del partido comunista, capítulo II
"Los comunistas consideran despreciable el ocultar sus opiniones e intenciones. Proclaman abiertamente que sus objetivos tan sólo se pueden alcanzar mediante el derrocamiento violento de todo el orden social preexistente. Que las clases dominantes tiemblen ante una revolución comunista. Los proletarios nada tienen que perder en ella, salvo sus cadenas. Y tienen un mundo que ganar.
¡Proletarios de todos los países, uníos!
Marx, Engels, El manifiesto del partido comunista, capítulo III, 4
Fuerzas productivas

Fuerzas Productivas

Conjunto de medios de producción que cada sociedad utiliza para obtener los distintos bienes necesarios para la subsistencia. Comprende las riquezas naturales o materias productivas, los conocimientos y medios técnicos utilizados para la producción, y la propia fuerza productiva del ser humano.

Las fuerzas productivas evolucionan con el paso del tiempo y aumentan con el progreso científico y tecnológico. El materialismo histórico considera que a cada estadio de desarrollo de las fuerzas productivas le corresponde un tipo determinado de relaciones de producción, y, más en general, un tipo de sociedad y de política.

Dos textos de Karl Marx en los que destaca el filósofo alemán la depedencia de los modos de producción, las relaciones sociales y la superestructura de las fuerzas productivas.
"Las relaciones sociales están íntimamente vinculadas a las fuerzas productivas. Con la adquisición de nuevas fuerzas productivas, los hombres cambian su modo de producción, y con el cambio del modo de producción, de la manera de ganarse la vida, cambian todas sus relaciones sociales... Los mismos hombres que establecen las relaciones sociales en consonancia con su producción material, producen también los principios, las ideas, las categorías, en consonancia con sus relaciones sociales."
Marx, La miseria de la filosofía, 1847
"Las condiciones de producción corresponden a un estadio determinado del desarrollo de sus fuerzas productivas materiales. La totalidad de esas condiciones de producción constituye la estructura económica de la sociedad, la base real sobre la que se levanta una superestructura jurídica y política y a la que corresponden unas determinadas formas sociales de conciencia. El modo de producción de la vida material condiciona la vida social, política e intelectual en general."
Marx, Introducción a la crítica de la economía política, 1859
Comunismo

Ninguna idea, de nadie, es una verdad absoluta e inamovible. Si lees esto como un dogma, es mejor que no sigas leyendo. Este escrito como cualquiera es perfectamente revisable, criticable y analizable. No olvides que a Marx lo congelaron, e intentan mantenerlo congelado.

Iñaki de Villa.

Comunismo.

Sistema social en el que no existe la propiedad privada. La sociedad en su conjunto, no los individuos particulares, es la dueña de los fuerzas productivas.

A diferencia de otras propuestas comunistas (como la que Platón desarrolla en la "República"), Marx no explicó con detalle y precisión los rasgos de la sociedad comunista, ni su modo de organización social. Pero de los textos se pueden extraer las siguientes características:

  • no existe la propiedad privada: la etapa anterior al comunismo, la dictadura del proletariado, se encargó de la abolición de la propiedad privada de los medios de producción. En la sociedad comunista la propiedad es del conjunto de la sociedad; el modo concreto de realizar esta idea no está claro, pero parece que sólo mediante organismos o instituciones que distribuyan los beneficios y den a cada cual en función de sus necesidades y exijan de cada cual en función de sus posibilidades;
  • sociedad sin clases: por no existir la propiedad privada no existe la división social en clases sociales, ni la explotación del hombre por el hombre; el hombre ya no es un mero instrumento para la producción, una cosa más que se puede vender y comprar en el mercado, sino un fin en sí mismo, una entidad con realidad propia;
  • abolición del Estado: cuando Marx propone la abolición del Estado parece que se refiere al Estado en la medida en que éste es un instrumento para el domino de un grupo sobre otro, no tanto al Estado entendido como conjunto de instituciones que organizan la vida social (derecho, educación, sanidad, orden social, ...), que se acepta porque en la sociedad comunista ya no es expresión de las ideologías sino simple medio para la racionalización de la vida comunitaria. Con la desaparición del Estado burgués desaparece igualmente la política entendida como el ámbito de discusión de opciones económicas, sociales y morales distintas; desaparece la política y entran en juego sólo las discusiones de índole técnico relativas a la mejora de la comunidad;
  • desarrollo ilimitado de las fuerzas productivas.


Ver "
comunismo" en el Vocabulario de la economía de Piernas Hurtado.

Karl Marx defiende en este texto el comunismo como la única posibilidad de superar la secular alienación humana.
"El comunismo es la abolición positiva de la propiedad privada, de la autoenajenación humana y, por tanto, la apropiación real de la naturaleza humana a través del hombre y para el hombre. Es, pues, la vuelta del hombre mismo como ser social, es decir, realmente humano, una vuelta completa y consciente que asimila toda la riqueza del desarrollo anterior. El comunismo, como naturalismo plenamente desarrollado, es un humanismo y, como humanismo plenamente desarrollado, es un naturalismo. Es la resolución definitiva del antagonismo entre el hombre y la naturaleza y entre el hombre y el hombre. Es la verdadera solución del conflicto entre la existencia y la esencia, entre la objetivación y la autoafirmación, entre la libertad y la necesidad, entre el individuo y la especie. Es la solución del dilema de la historia y sabe que es esta solución."

Marx, Manuscritos filosófico-económicos, III
El comunismo como posibilidad para la realización vital de cada individuo.
"...en todas las sociedades anteriores (el hombre ha sido) cazador, pescador, pastor o crítico, y no tiene más remedio que seguirlo siendo, si no quiere verse privado de los medios de vida; al paso que en la sociedad comunista, donde cada individuo no tiene acotado un círculo exclusivo de actividades, sino que puede desarrollar sus aptitudes en la rama que mejor le parezca, la sociedad se encarga de regular la producción general, con lo que hace cabalmente posible que yo pueda dedicarme hoy a esto y mañana a aquello, que pueda por la mañana cazar, por la tarde pescar y por la noche apacentar el ganado, y después de comer, si me place, dedicarme a criticar, sin necesidad de ser exclusivamente cazador, pescador, pastor o crítico, según los casos."
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