Sangrando y roto en un cepo.
No sabéis lo que es un hombre sangrando y roto en un cepo,
si lo supieseis vendríais en las olas y en el viento,
desde todos los confines, con el corazón deshecho,
enarbolando los puños para salvar lo que es vuestro.
Si llegáis ya tarde un día y encontráis frío mi cuerpo -de nieve-
a mis camaradas entre sus cadenas muertos,
recoged nuestras banderas, nuestro dolor, nuestros sueños,
los nombres que en las paredes con dulce amor grabaremos.
Y si nos cerráis los ojos, dejadnos los muros dentro
que se pudran con el polvo de nuestra carne
y no puedan ser nuevas tumbas de presos.