Todo el mundo tiene un precio
Estos días estoy fuera trabajando. Menos mal que los hoteles tienen unas habitacioncitas muy monas que se llaman Business Center y que tienen muuuuuuchos ordenadores modernísimos a disposición de una para no desconectarse de la "vida en los blogs"
El Businé Center de este hotel, un Grand Hyatt, que digo yo que lo de Grand será por lo grande que es el hotel, porque tardo casi 15 minutos en llegar de mi habitación a la recepción, es excepcional porque te dejan fumar y te sirven bebida, así que aquí me tenéis, en uno de los descansos-escaqueos del trabajo, divina de la muerte con un Marlboro Light y un Cola, también light, y escribiendo como una posesa para contaros lo que me pasó anoche.
La verdad es que cuando trabajo no suelo salir por la noche, no me gusta, a no ser que la gente con la que viajo me lo pida, me quedo en el hotel por si surge algún problema con la gente del grupo, pero lo que sí hago es disfrutar mucho del hotel.
Me encanta sentarme en el bar y observar a la gente. Los hoteles, así como los aeropuertos, son escenarios perfectos para imaginar historias porque hay gente tan dispar, absolutamente pasajera, con motivos para estar allí tan diferentes a los que yo he imaginado... que a mi se me pasa el tiempo en un suspiro.
Yo, incluso, adopto una personalidad diferente. Siempre he dicho que mi trabajo me permite adoptar personalidades distintas, tan dispares a mi vida cotidiana, que es como si viviera dos vidas, la vida del campo sencilla, serena, estable y muy feliz junto a mi churri, y la vida de glamour, de lujo, de personajes diferentes de mis viajes. Así que yo, muy camaleónica, me adapto a las situaciones.
Estoy en Istanbul, en un hotelazo y tiene un piano bar espectacular.
Anoche me sentía como una chica muy interesante, de mundo, misteriosa y con gran personalidad. Siempre me he imaginado que las personas que van solas a los hoteles y bajan al restaurante o al bar sin más compañía que su propia compañía son valientes y muy interesantes. Generalmente nos solemos escudar en un libro, en el teléfono, en algo que nos haga parecer ocupados para no delatar lo solos que nos sentimos.
Pues ahí estaba yo, toda vestida de negro, el negro es el mejor color para hacerse la interesante, es neutro, es elegante, es clásico pero muy moderno a la par, y bien combinado con los complementos es éxito seguro..., sentada sola en un sillón del bar del hotel. Ningún libro, tampoco mi móvil a la vista, solo mi copa y yo.
La copa es otro punto importante. Yo no bebo alcohol, y menos cuando trabajo, así que hay que escoger una bebida que te de ese toque de interés para el que te observa. Yo lo tengo claro, agua mineral con dos rodajas de limón.
Visto de lejos puede parecer un gin-tonic, bebida con personalidad, y si alguien adivina que es agua, el hecho de que tenga limón le da ese punto diferencial. Además, que leches, es que a mi me encanta el agua con limón ¡!!
Bueno, pues este era la postal de Dina anoche mismo... y yo espectacularmente emocionada porque tenía todo un bar para mi solita para observar, sin sospechar que estaba siendo minuciosamente observada....
Al cabo de una media hora de estar allí, se me acercó un caballero y me preguntó si podía sentarse en mi mesa.
Mi primera reacción fue: - NO ¡!! , pero lo miré de arriba a abajo, y de abajo a arriba y me lo pensé mejor, así que asentí.
Era el tío más guapo que he visto en mi vida. Moreno, es que a mi los morenos me pierden, ojos verdes, dientes muy blancos, traje de perfecto corte, impecable, educado... con ese aire de "savoir faire" del que atesora vivencias, vamos un modelazo de hombre.
Se sentó, y empezó a hablar... Inició él la conversación más que nada porque yo estaba muda del impacto. Qué hacía ese bellezón tropical sentado delante mío ¿?
Me preguntó como me llamaba...
- Dina
- Yo me llamo Nasser.
Me explicó que era egipcio, que estaba en Istanbul por negocios, y que llevaba dos días observándome....
Y a bocajarro, sin paños calientes me preguntó:
- Quieres pasar la noche conmigo ¿???
- No ¡!! Yo tenía los ojos como platos de lo asombrada que estaba. No había tardado ni cinco minutos en preguntármelo.
- Oh ¡! Entiendo...
Y mirándome fijamente a la cara me puso 3 billetitos lilas encima de la mesa... Vamos que me daba 1.500 € por pasar la noche con él. 
Mi asombro iba in crescendo, y muy digna, con esa voz de radio que me han enseñado a poner mis amigas, le pregunté que le hacía pensar que yo iba a pasar la noche con él, y encima cobrando....
Y entonces, el que se asombró fue él.
En estos países están poco acostumbrados a ver a mujeres solas en los bares, y sin compañía alguna, con la seguridad y el aplomo de estar disfrutando de la velada. Les parece que algo van a buscar, y no entienden que sencillamente estén disfrutando de una copa. Así que el caballero se pensó que estaba esperando algo y el vino a darme lo que se suponía que yo esperaba.
Muy amablemente le dije que se fuera al cuerno, pero mira, me dio pena, porque con lo bueno que estaba y lo bien que me hubieran venido los 1.500,00 € , en fin, que se me fue la olla un rato... pero eso me hizo preguntarme... Que hubiera pasado si en lugar de 1.500 me hubieran ofrecido 6.000 ¿?? O si yo no hubiera estado trabajando y no tuviera pareja ¿? Hubiera aceptado ¿??
Alguien me dijo hace poco que todo el mundo tiene su precio...
Que creéis ¿??