Bego y el desenlace
Bego me contó toda la historia con detalle.
Hacía mucho tiempo que no hablábamos, pero con la conversación del otro día lo compensamos...
J y Bego estuvieron juntos durante 1 año y 7 meses en total. Al principio ambos tuvieron muy claro que era solo sexo, que era un historia de morbo, de pasión, de trasgresión y rebeldía pero ambos se enamoraron, y además profundamente. Lo malo es que el orgullo retrasó mucho las confesiones, y eso que habían prometido es a lo que jugaron durante muchos meses, y aunque a Bego le dolía en el alma que J llegara a su casa, la follara y se fuera, jamás se quejó, y siguió jugando. Y J se sintió mil veces sucio y malaje por no expresar su cariño hacia Bego y esforzándose por darle el sexo más salvaje del mundo, cuando lo que en realidad le apetecía era decirle cuanto la quería mientras la mecía en sus brazos. Pero ambos callaron y siguieron interpretando su papel de chicos duros durante meses, hasta que ya no pudieron más. Una tarde J llamó a Bego.
- Bego, tengo una hora libre después de una reunión. Nos vemos ¿
- Solo una hora ¿?
- Solo una.
- Ok , menos es nada.
- Pues a las 6 en tu casa.
- A las 6 ¿? No puedo, te recuerdo que salgo a las 7 de trabajar.
- Sal antes, soy tu jefe ¡!!!
- A las 6. 
J llegó a las 6.15, lo que les dejaba menos margen para el sexo, así que apenas hablaron. Desde que Bego le abrió la puerta se dedicaron el uno al otro de forma salvaje, como siempre hacían, quizá para ocultar esa parte dulce que tanto luchaba por salir.
A las 6.45, J empezó a vestirse y Bego rompió a llorar. Se sentía como una puta, y le recriminó que solo faltaba que J le dejara el dinero en la cómoda antes de salir. Le dijo que no quería continuar así, que ya no podía más, que le quería y que ya estaba harta de seguir ocultándose de todo y de todos. J se quedó muy sorprendido, no se esperaba esa reacción y huyó. De repente, y aunque sentía lo mismo, se vio envuelto en una historia muy complicada en la que tomaba relevancia el tercer personaje, siempre en la sombra, y al que temía mucho dañar. En 5 segundos su vida y todas las consecuencias a un cambio drástico le pasó por delante de sus ojos y tuvo mucho miedo. Se fue sin despedirse.
Durante semanas Bego no supo nada de J. Bien, si supo pero solo a nivel profesional, y eso fue lo que más le dolió. Ya no había mails subiditos de tono, y las despedidas se habían convertido en el consabido “saludos cordiales” que tanta rabia da.... “saludos cordiales” , “saludos cordiales”, “saludos cordiales”... Tanta cordialidad sin respuesta le llevó a tomar una decisión y decidió tenderle una trampa. Quería saber hasta que punto estaba o no implicado con ella, porque sospechaba que tan magna huida era fruto de sentir lo mismo que ella sentía.
Así que le llamó,
- J ¿
- Si ¿? Quien es ¿
- Bego, muy seca... ( Como que quién era ¿? Acaso había borrado su número del móvil ¿?? )
- Ah, Bego, cómo estás ¿
- Bien, tenemos que hablar. Es importante
- Ui, Bego, dime, en que puedo ayudarte ¿? - J, cómo me hablas así ¿?? Tengo que hablar contigo, tenemos que vernos.
- Bego, no va a poder ser... dime que puedo hacer por ti...
Así que esas tenía... no quería verla... tanto miedo tenía ¿?? O si no era miedo, qué pasaba que no quería ni quedar a tomar un café ¿???
- Bueno, pues si que me puedes ayudar, J, y siento tener que decírtelo por teléfono pero como no quieres verme...
- No es eso Bego, no seas así...
En realidad J ardía en deseos de ver a Bego, de abrazarla, de susurrarle lo mucho que la quería y de lo mal que lo estaba pasando sin verla, y que incluso se estaba planteando dejar a su mujer... pero no se atrevió, no le salían las palabras...
- J , tengo un retraso de dos semanas, así que, en respuesta a tu pregunta, sí me puedes ayudar. 
- Cómo ¿???????????????????????????????????????
- Ya me has odio J, mañana voy al ginecólogo para ver si estoy o no embarazada y quería que me acompañaras.
- Mañana ¿ No puedo.... pero te llamaré para saber el resultado y decidiremos.
J no llamó, ni al día siguiente ni a la semana siguiente y Bego creyó morir de la desilusión. 3 semanas después le envió un e-mail que rezaba “Falsa Alarma”, y él ni siquiera le respondió.
Se evitaron en reuniones y cenas y actos de empresa y durante meses no supieron nada el uno del otro.
Llegó el invierno, frío y muy duro y Begoña tuvo una oferta de trabajo. Se fue, sin despedirse, sin decir a donde iba ni siquiera a sus compañeros y aprovechó esa racha de cambios para cambiar de casa y de teléfono. Intentó no dejar huellas porque quería empezar de nuevo limpia, sin ataduras emocionales. Pasó página y aunque le costó muchas lágrimas, muchas noches de soledad, de dolor físico por la carencia de sus caricias, de luto en su corazón, al final salió adelante. Puso punto y final y siguió con su vida.
Pasaron muchos meses, y un día le llegó un precioso ramo de rosas a su nueva oficina. No había ninguna nota. Al día siguiente llegó otro ramo, también sin nota, y así durante una semana entera. El último ramo si traía nota, y decía “60 rosas por los 60 años que merezco de castigo, y por los 60 minutos de cada hora, de cada día, de cada mes que no dejo de pensar en tí” Y, por supuesto, firmaba J.
No lo llamó.
A la semana siguiente se repitió el proceso. De lunes a jueves llegó una preciosa docena de rosas diaria y el viernes llegó el ramo también, pero esta vez lo traía J. La había buscado y la había encontrado y tenía algo que decirle.
- Begoña. Te quiero. Te he querido siempre pero ahora ya puedo decírtelo.
- Desapareciste cuando más te necesité.
- Lo siento, lo siento tanto que no sabes como lo he sufrido, pero ahora ya estoy preparado. Begoña, he dejado a mi mujer... por tí. Quiero estar contigo.
Begoña creyó que se desmayaba. Había dejado a su mujer, estaba libre... pero...
- J, ya es tarde. Lo siento. Pasé página hace tiempo y ya no voy a volver atrás.
Y se fue sin mirar atrás.