JESUS DEL GRAN PODER
Queridos Todos.
Se han quedado huérfanos, sí, sí, huérfanos cual hijo con la falta de su padre, ya hora andan perdidos. Se les ha apagado la luz, quizás no se les vuelva a encender. Ahí están, como hienas salvajes, rezando, si es que de eso saben, y esperando las declaraciones de de heredero del gran imperio, Ignacio. Ignacio el gran desconocido y del que en Ferraz desconfían. El heredero trae cambio y eso asusta, asusta a todos aquellos que viven y han vivido del cuento, sí del cuento mediático, aquellos que aprovecharon la sombra del gran Jesús para degustar las mieles de la poltrona de Moncloa, léase el caso del ex – presidente González, de quién dijo en 1983 “…será presidente mientras yo quiera”, o el más reciente las filtraciones del 11 M de 2004 a la Cadena Ser y la posterior campaña contra la persona del Presidente Aznar, que terminaría con su Gobierno días más tarde. Vendrán cambios, cambios que terminarán con la falsedad de este Gobierno y de quienes ostentan el poder, aunque ya puedo imaginarme al bueno de Pepiño orquestando una campaña en la sombra para destronar al heredero, que ha venido, desde su nombramiento noviembre de 2006, a purgar un imperio mediático que siempre ha servido y sirve a los más iluminados intereses de esta izquierda zafia, grotesca, republicana, y anticonstitucional que regenta la presidencia del Gobierno español, y al lado de la cual creció desde mediados de los setenta. No cabe duda que las cabezas pensantes del PSOE están haciendo encajes de bolillos para atarles los machos al bueno de Ignacio I, cual a modo de Antonio Asensio Junior habrá de rodearse de la más y mejor ingeniería política y económica para resistir el brutal ataque de quienes han sido sus protegidos en los últimos treinta años, y poner su imperio de una vez al servicio de la sociedad española sin miramiento alguno. Huérfanos se han quedado, no los adoptarán, Ignacio I en su lugar los PONDRÁ. CUIDATE, CUÍDATE hasta de tu primo Javier, quién un día se postuló como sucesor, del gran imperio, para ocupar tu lugar, y nada cambiar.