-
En un humilde
barrio de Beirut, en el interior de un modesto salón de belleza, cinco mujeres
se reúnen a diario para compartir sus deseos, sus dudas y sus miedos. Ésa es la sinopsis central de "Caramel", el largometraje de la 2, que me endulzó la noche del pasado lunes.
Layale ama a un
hombre casado, y está pendiente de que su móvil suene para salir disparada en
su busca. Nisrine es musulmana y va a casarse, pero tiene un problema que no sabe cómo esconder: ya
no es virgen. Rima está atormentada porque se siente atraída por las mujeres,
una chacra "inmoral" en una sociedad que silencia la homosexualidad. Jamel se
resiste a envejecer y es adicta a las cremas y cualquier potingue que le prometa
juventud eterna. Rose es modista y teme enamorarse porque ha sacrificado su
vida para cuidar de su hermana mayor…
Amor, sexo, hombres
y maternidad son los temas que centran las conversaciones en el salón, creando
un microcosmos dulce, colorista y tierno, como un caramelo. Es inevitable que
los lazos estrechos y las confidencialidades que comparten las
protagonistas acaban traspasando la pantalla y una acaba subida en una nube de
golosina. Esta película es una sensual mezcla que te hace relamer el alma, te
deja un sabor a chuchería en la boca, sin llegar a pillar un empacho. Mmmm… ¡riquísima!
-

Chico conoce a chica, notan mariposas en
el estómago, saltan chispas en el primer beso, se enamoran.... Aunque lo
parezca, esto no es una historia de amor. 500 te quieros, 1000 besos,
millones de abrazos... Ésta es una película inteligente y divertida que
cuantifica todo lo que envuelve el amor y también el desamor.
El film comienza con una frase llenar
rencor, de alguien que ha querido y ha sido abandonado. ¿Quién no ha sufrido
alguna vez tal desdicha?: “Esta crítica es ficticia y cualquier parecido con
personas vivas o muertas es pura coincidencia. Sobre todo tú, Victoria. Zorra”.
500 días juntos hace un repaso, saltando hacia delante y hacia
atrás con dinámicos flashbacks y flashforwards, de una aventura amorosa normal
y común. Tom es un joven que cree en el amor, que piensa que no es
plenamente feliz hasta que no halle a su media naranja. De esta manera, se enamora
perdidamente de una chica que acaba de llegar a la oficina, una chica que
desgraciadamente no cree en el amor. Poco a poco ambos se van
conociendo, enrollando, abriéndose mutuamente. El espectador se ve en cada
caricia, en cada gesto, en cada carantoña en la cama y en esas miradas que
tanto te llenan cuando estás de subidón sentimental.
Un buen día, sin motivo aparente, ella
lo deja. Y ahí empieza el sufrimiento, el desamor, el dolor, que luego se
convierte en odio. Empieza la carrera a contracorriente para olvidarla, para
pasar página: pero todo le recuerda a ella, las películas, los helados, Ikea,
la carretera, la bañera… Parece que todo el puñetero planeta confabula para
recordarle que ella sigue ahí, que ella es especial, que no
encontrará a nadie como esa persona. Tom va perdiendo su idea romántica del
amor, se rebela contra sus propios ideales, su propio trabajo, se siente
engañado: las canciones, el cine hasta las tarjetas de felicitación nos venden
algo que no existe. Y llega entonces el día número 500, cuando Tom, a pesar del
fatalismo y de la incomprensión, conoce a alguien que le cuenta una historia
similar y le hace ver que le vida puede ser maravillosa. Y vuelve el
amor.
-

Ayer me dejé seducir por
un título sugerente, Desayuno en Plutón
y por su música, mítica y acertada, que dinamizó mi tarde de domingo. En un pueblecito irlandés, Patrick
es abandonado al nacer. Sin madre y sin saber
si quiera quién es su padre, se crea un mundo mágico y maravilloso,
donde todo es de color de rosa. En seguida Patrick
descubre que es diferente (le encanta la costura, la cocina, que le llamen
Gatita y las canciones románticas) no se acompleja por ello, y disfruta aún más
de su estrafalaria personalidad. No obstante, su madre adoptiva, una mujer
bigotuda llena de rencor le hará la vida imposible, hasta que Gatita decide marcharse al gran Londres,
donde un día su madre auténtica despareció.
Cual Marco de los 70, Desayuno en Plutón hilvana la aventura
de una chica joven, encarcelada en un cuerpo masculino, que ansía conocer a su
madre. A pesar de que Patrick se niega a tomarse la vida en serio, se
mueve casi a un palmo del suelo, más cerca de Plutón que de la Tierra, a su
alrededor se suceden episodios sangrientos de la IRA. E incluso a él, una
persona inocente y cariñosa, le salpicará uno de estos actos terroristas,
llevándolo a la cárcel. Sin embargo, Patrick siempre ve el lado positivo de las
situaciones, y hasta le cogerá el gusto de estar en una celda. Maleta en mano,
deambulará noche y día por las calles londineses, buscando a la Dama Fantasma, conociendo a personas muy distintas, a cuál más rara, unas que le entropecerán su búsqueda, otras que le echarán un cable, como en los aunténticos cuentos de hadas. Y aunque las cosas se pongan negras, Gatita nunca dejará de soñar, soñar conalguien que le regale flores, alguien que la lleve a bailar y la coja en brazos... Poco a poco, Gatita
irá conociendo la verdad de su historia familiar y de su propia historia.
Sin duda, una entrañable
película, desgarradora en algunos momentos, pero cómica, y dulce, que no hace
caer en la lágrima fácil. Y es que la vida es distinta, según los ojos que la
miran.
-
Una madre coraje. Una historia de inmigración. El sueño de
un paraíso terrenal. Ahora mezcla todo eso y aderézalo con una pizca de
problemática social actual. El resultado: Amerrika.
Muna es una mujer de unos cuarenta y tantos, vive en la
franja de Cisjordania, tiene un hijo
de 12 años y su marido la ha dejado por una chica más joven y delgada. Su
tierra natal lleva 40 años ocupada por el ejército israelí. En los últimos años
los controles militares para pasar de un lado al otro de la ciudad han
aumentado tanto que Suna tiene que salir dos horas antes para ir al trabajo, un
trayecto que antes hacía en 10 minutos. Tras muchas humillaciones y
resignaciones, cuando Muna recibe el permiso de residencia y de trabajo para Estados Unidos, se le abre un cielo lleno
de esperanzas. Desea ofrecerle un futuro mejor y una buena educación a su hijo,
y qué mejor que en el país de las oportunidades...
Sin embargo, solamente pisar suelo norteamericano, la
ignorancia y el repudio de la gente de allí hacen sentirla aún más extraña que
en su país. Nada de lo que soñaba se asemeja a la realidad de un pequeño pueblo
in the middle of nowhere, donde los
vecinos llaman "terrorista islamista" a cualquiera que provenga de Oriente
Medio.
Mientras su familia recibe amenazas de bomba, su hijo sufre
los insultos de chicos racistas en la escuela, Muna se vuelve loca para
encontrar un trabajo acorde a su profesión (contable en un banco). La falta de
dinero y el sentimiento de culpabilidad por estar en casa de su hermana "de
gratis", hacen que Muna acepte un puesto como camarera en una hamburguesería. Pero
para una mujer con tres carreras y con experiencia, es casi una vergüenza ir
con gorra con visera y servir menús de ternera, por lo que intentará ocultarlo a
toda la familia.
La directora palestina, Cherien
Dabis, intenta con su primera obra cinematográfica retratar las
dificultades de adaptación de una familia inmigrante, y de paso cargarse el
mito de Estados Unidos, tierra de todos, tierra de acogida y libertades. Amerrika es un reflejo real a lo que
millones de personas tienen que enfrentarse: la pena de dejar su país y sus
tradiciones, y encajar en un nuevo hogar que no los quiere.
-

Un
puñetazo en el estómago. Eso fue lo que sentí al ver Precious, una
conmovedora película que más que dejarme indiferente, me absorbió y me
sobrecogió hasta abrazarme. Desde el primer minuto del film sabes que el nudo
en la garganta no va a desaparecer hasta los créditos. Y es que se trata de una
historia desgarradora y cruel, pero a la vez tierna y entrañable, que
reflexiona sobre la condición humana y sobre la gran belleza de personas
aparentemente feas.
Clareece
Precious Jones es una chica obesa de 16 años, que sufre malostratos
de su madre egoísta, vaga y sin escrúpulos, a quien tan sólo le interesa cobrar
la pensión de los servicios sociales. En un apartamento lúgubre y oscuro de
Harlem, Precious se pasa la vida cocinando y comiendo, cocinando y comiendo, y
sirviendo a su madre apoltronada todo el día enfrente del televisor. Para echar
más drama a este cuento de cenicienta sin alegría y sin fe, Precious se
queda embarazada de su propio padre por segunda vez.
La
protagonista se evade en sus propios sueños con el fin de huir de su
horrible realidad, y, de esta manera, cuando algo le hace sufrir, aparecen en
su cabeza imágenes repletas de glamour, donde ella es una famosa artista, con
trajes caros y un novio guapo de pelo bonito.
Ahora
bien, el director del largometraje, Lee Daniels, no se conforma únicamente con
mostrarnos la cara cruel de la moneda, dejando a sus personajes que aparezcan y
desaparezcan inexorablemente, sino que construye una historia esperanzadora, de
superación y evolución personal. Poco a poco, a través de la educación
y gracias a la ayuda de una maestra, valiente y cariñosa, Precious va
aprendiendo a leer y escribir, a sentirse querida y a tener metas, más allá de
sus fantasías infantiles.
Sin
duda, una genial película dramática, elaborada sin dramatismos ni
convencionalismos. Precious actúa de forma contenida en casi toda la narración,
piensa hacia sus adentros, calla sus desgracias, hasta que en el punto del
clímax cinematográfico, se rebela, grita, se deja ir y...llora, y
entonces nos hace llorar a todos. Una sale del cine admirando a esa chica por
su valentía y por su fuerza, por no desfallecer, por esforzarse en ser buena
madre y por vislumbrar una pequeña luz, cuando todo lo que la rodea no
es más que porquería.
Precious
es realmente preciosa.
-

Sunshine Cleanning. Dedicada para aquellos y aquellas que buscan cine sobre gente normal, películas que llenen sin mucha pretensión y efecto especial, películas que huyan de la fórmula estándar comercial y que recuerdan que aún hay valores en este mundo.
Ésta es una historia, un drama y una verdad sobre otra familia desgarrada, humilde y con problemas, que sabe encontrar la felicidad gracias a su ímpetu por superarse, sea como sea.
Rose es una madre soltera, que limpia casas para sacar adelante a su hijo pequeño (Oscar), es valiente y trabajadora, pero hay algo que la retiene y la mantiene atada, y es que sigue enamorada de su antiguo novio de instituto, que hace años se casó con otra mujer. Su vida, difícil y sin sentido (al menos al principio), no es mucho mejor a la de su hermana menor, Norah, una rebelde sin causa a quien no le duran los trabajos más de dos días. El padre de ambas, Joe Lorkowski, es un tipo simpático y comprensivo, que encuentra cualquier negocio para trapichear. Y con este panorama uno se pregunta…¿cómo acabaran estos pobres?
Las hermanas, por falta de trabajo y dinero, acaban metiéndose en un negocio oscuro y maloliente, un tanto extraño: la limpieza de escenas de crímenes. En seguida descubren que hay mucha salida ahí, que se trata de un nicho de mercado aún por explotar, y así van creciendo y ganando, de crimen en crimen, limpiando y ayudando…
Lo genial del film es la manera en que Blunt y Rose se ayudan la una a la otra, se cuidan y se quieren, y mantienen la esperanza, incluso cuando las cosas se tuercen y se les vuelve en contra. Sin duda, un largometraje esperanzador y optimista, que relativiza los problemas y le devuelve la sonrisa a cualquiera que se sienta un poco deprimido.
-
La otra noche me sorprendió gratamente una película francesa, esas que te llegan al alma, te encogen el corazón y te dejan un dulce sabor para soñar por la noche. "El primer día del resto de tu vida" es un drama de una familia, que bien podría ser la mía o la de mi amiga, o la tuya, con sus problemas, sus alegrías, sus penurias...
La cinta está partida en cinco capítulos, cada uno de ellos se centra en un miembro de la familia: un hijo mayor que se quiere independizar, la hermana pequeña que pierde la virginidad y entra en guerra con su madre, el hermano mediano que está obsesionado con una historia de amor del pasado, la madre que pasado los 50 y quiere sacarse una carrera y el carné de conducir; y el esposo, padre y taxista que ha dejado de hablar con el mayor de sus hijos y que está enganchado al tabaco.
Cada parte tiene un título concreto y una música que define el período que está experiementando el protagonista de una de esas cinco historias, historias que comienzan en los 70 y van sucediéndose cronológicamente hasta el siglo XXI. De fondo se pueden ver los cambios en la sociedad y las modas que van pasando década tras década, los pantalones de campana, las cámaras analógicas, el grunche de los 90, la era de la cirugía estética...
Supongo que cada espectador puede verse identificado con uno o varios de los personajes, dependiendo de la edad y la personalidad... Pero yo, a mis 27 años, me veo partes o facetas en todos y cada uno de los 5 familiares, por ejemplo, de la hija quinceañera, veo mi mismo miedo a acostarme la primera vez con alguien y la lucha rebelde e intensa contra mis padres. Del hermano mayor, puedo coger la parte en la que se independiza, el salto del nido familiar para ir a su aire, mientras que del mediano, mes es cercana la vivencia de una gran historia de amor adolescente que te persigue el resto de tu vida.. Quizás de la madre puedo captar las ganas de aprender, de permanecer a la última, de estar siempre guapa, y del padre, es fantástica la forma en que se ve su vicio hacia los cigarrillos, pues al fin y al cabo, todos tenemos alguno, ¿no?
-
Algunos dicen que es la pareja más guapa de Hollywood, que
juntos forman un enlace brillante: son famosos, admirables y atractivos y, a
parte del dinero y los hijos, les une el amor.
Angelina Jolie y Brad Pitt, juntos conocidos como Brangelina,
se liaron durante el rodaje del “Sr y la Sra.
Smith” en 2005 y, desde entonces, viven una relación intensa,
con algunos malos rollos de por medio (sobre todo por lo celos que tenía y
tiene la Jolie a
la ex mujer de Pitt, Jennifer Aniston).
A pesar de las broncas en casa, en las que Brad se pillaba
la moto y se evadía plegando curvas, mientras a su esposa le entraban auténticos
ataques bulímicos contra la nevera, de cara a la galería, ambos han conseguido
mantenerse muy enamorados. La familia Pitt-Jolie bien feliz y unida y cada día
más grande. Ya son ocho, entre hijos adoptados y biológicos:
Knox Leon y Vivienne Marcheline, los nuevos miembros, y Maddox, Pax, Zahara y
Siloh.
Tan generosa con el mundo, tan dulce con los niños, tan
embajadora de la ONU
para los Refugiados, Angelina parece ser más un ángel que una actriz rica y
pija, que vive en la tierra de las celebrities.
Las apariencias de Angie son (a mi parecer) todo un súper
lavado de imagen para borrar su oscuro y turbulento pasado. Vamos, que no es
ninguna santa... En más de un video se la ha visto, cuando aún no la perseguían
los paparazzis, comentando sus escarceos con las drogas mientras sus colegas se
meten crack, videos en los que declara su gusto por pegar a los animales y sus rarísimas
experiencias sexuales.
Y es que haciendo repaso a sus años de
juventud, a una no le sorprende nada… Siendo adolescente, Angelina tuvo
problemas de autoestima y sociabilidad, vestía a lo punk y se fue a vivir con
su pareja cuando a penas cumplía 16. Por aquel entonces ya comenzó a aplicarse
la automutilación con cuchillos, que ella misma describía como algo "terapéutico".
Por si esto fuera poco, la actriz vivió,
antes de caer rendida a los pies del príncipe Pitt, tormentosas y complicadas relaciones. Con su segundo marido, Billy Bob Thornton, practicaba la autolesión como
forma de placer. Después de todo, la Lara Croft se mantiene la mar de bien, si tenemos
en cuenta que muchas noches se levanta con hambre animal en busca de pizza, y
luego se tira 20 horas sin probar bocado…
Una década más tarde, la mujer de los
labios más deseados del planeta parece haber fulminado todo este séquito de
extrañas experiencias y desviaciones mentales. Pero tampoco nos engañemos,
Angie es más conocida por sus acciones caritativas y por su faceta de mamá, que
por su trabajo como actriz. De hecho, pese a ser ganadora de un Oscar por “Inocencia
Interrumpida” es más admirada por su físico (tetas), que por su
capacidad expresiva e interpretativa. De cuerpo quizás es casi perfecta, pero
de la cabeza no ha andado jamás muy fina…
-
Hoy me dispongo a hacer algo inusual y quizás poco
ético, y es juzgar y criticar una película que ni siquiera he visto. La víctima
de este post es Hancock, lo último de Will Smith en la que el actor se disfraza
de un héroe borracho y un bala perdida.
El argumento a primera vista me pareció original y
atractivo, el trailer tiene algunos momentos de carcajada limpia y más después de
visionar a Smith rompiendo los carteles de una autopista con la cabeza y una
botella de whisky en la mano. Me gusta que el guionista haya buscado la otra
cara de un superman. Imaginad por un momento: ¿cómo sería un héroe lisiado o
viejo? Me agrada que se subviertan los roles, que se den la vuelta a los
estereotipos y se rompan los esquemas mentales de lo tradicional.
Hancock es, como dirían los americanos, un loser, un tipo
incomprendido que siempre organiza unos berenjenales tremendos al hacer una
buena acción. ¿Y qué hay de malo en eso? No todos somos perfectos, no todos
tenemos que tener éxito en la vida. ¿Qué pasaría si James Bond fuera en silla
de ruedas? ¿O si Batman fuera un machista acabado insoportable? Pues pasaría
que serían más cercanos a muchos de nosotros, más fiables a la realidad, más
criticables en la boca de todos, pero más difíciles de admirar.
Por desgracia (mía) el antihéroe Will Smith se somete a
un proceso de rehabilitación… Un director de marketing resulta ser el hada
madrina que le cambia su mala imagen de arriba abajo. ¡Qué bonito y encima sin
varita mágica! Es como la historia del patito feo que se convierte en cisne,
como el malo que se convierte en bueno, como el pequeño que se hace fuerte.
¿Por qué tenían que chafarnos el plan de la oveja negra de los héroes? Está
bien que ayuden a Hancock a ser más feliz, pero eso no va ligado a ser más
popular, más guapo o tener más dinero.
La película ni la he visto, pero sabiendo todo esto y siendo
coherente conmigo misma, se me quitan las ganas de verla. Pensaba que esta vez me iban a
sorprender…. Pero Hollywood prefiere seguir dándonos la misma fórmula:
cuentos con la idea de triunfo, de ser el mejor, de competitividad y de
rivalidad, de sueños imposibles. Porque si dejaran de mandarnos estos mensajes todo
se descuajaringaría y nosotros dejaríamos de estar alienados. Y eso no
interesa.
-
“Todo el mundo tiene un sueño. ¿Tiene usted un sueño? Ei,
usted, ¿qué sueños tiene?” Así empieza una de las películas más famosas del
siglo XX y una de las favoritas por el sector femenino, “Pretty Woman”. Aquella
fue la cenicienta contemporánea, la prostituta que acaba con un caballero,
guapo y con dinero. Un siglo después Sarah Jessica Parker es la nueva Julia
Roberts, aunque sin tal mal pasado, pero sí con el mismo deseo: ser princesa en
la Gran Manzana
y encontrar la glamurosa carroza de su príncipe azul.
Desde el primer minuto del film, sentí unas ansias fervientes
de parecerme a Carrie
Bradshaw, de tener si figura, su dinero para comprarme su
cientos de modelitos y zapatos “manolos”, su estilo para ir a la última, su suerte
para tener tres amigas incondicionales y su sex appeal para enamorar a un tipo
guapo y con mucha clase.
Demasiada floritura, demasiado dulzor y demasiada cursilada…
Parece que el guionista (el mismo que el de la serie de televisión) nos quiera
vender un cuento de hadas, recubierto de consumismo, frivolidad y
tradicionalismo. Vivir en un ático en Manhattan, asistir en primera fila a la
semana de la moda de Nueva York o tener más armario que salón, no significa ser
una chica independiente, sino más bien una pija empedernida, anclada en el
pasado y en el materialismo.
Y no es que la idea de la gran pantalla se aleje mucho de la
original de televisión... Pero es que tampoco es fiel al cien por cien: contiene
algunos diálogos tontos, gags inoportunos y escenas cortadas sin sentido,
además, todo gira entorno a la genial Sarah Jessica Parker, dejando en un segundísimo
plano a sus compañeras. Ni Samantha muestra su lado más sexual ni extrovertido,
ni Charlotte deja ir alguna ingenuidad de las suyas, ni Miranda mantiene su
genio…
Está claro que los años han pasado, que aquellas
treinteañeras han madurado, pero a mi me da la sensación que todo queda
eclipsado por la guapa y rubia Sarah, que para nada es tan guapa, si no fuera
por los tonos de maquillaje, la luz y tanto modelito caro. La actriz tiene dos
momentazos donde se luce más nadie, uno cuando se prueba la ropa antigua de su
ropero, y otro, cuando es fotografiada por la Vogue con trajes de novia de los
mejores diseñadores del mundo. En fin, un puro escaparate para los modistas más
famosos y, sobre todo, para ella misma.
No obstante, y a pesar de todo lo dicho, “Sexo en Nueva York” era
la mejor oferta de la cartelera del domingo, y más para seis amigas repletas de
chucherías, con el combo más grande de palomitas saladas y con unas inmensas ganas
de soñar… soñar con ser Carrie.
-
La interpretación en el cine es difícil de puntuar. Hay actores excelentes,
otros malos en pelis buenas, o flagrantemente horribles en filmes malos,
directores que saben conducir a su reparto al éxito y otros que los conducen a
un callejón sin salida. A todo esto hay que añadir la carga de subjetividad que
cada espectador tiene y que conlleva largas discusiones a la salida del cine.
Personalmente creo que si el panorama hollywoodiense fuera un concurso rollo Gran Hermano u
Operación Triunfo, más de uno hubiera sido nominado y expulsado a la primera de
cambio. Y es que para hacer creíble un buen papel no hace falta ser top model, medir
1’95 m o lucir barriga de tableta chocolate.
Lo que una desea al sentarse en la butaca es que le cuenten algo verosímil, sentirse
identificada, soñar y palpar imágenes de una realidad paralela. Necesita creer
en el protagonista y para eso se requiere, ante todo, talento. Una cara
insulsa, que no se inmuta cuando siente dolor ni cuando siente alegría, que parece
que tanto le da que peguen un tiro en la sien como experimentar un orgasmo,
para mí, no merece respeto como actor. Este grupo de “profesionales” del
séptimo arte sufren lo que conocemos por el síndrome de parálisis facial
permanente.
Eso es poco menos lo que vi en “El incidente”, que al margen de que sea una
de las peores películas de Night Shyamalan, la encabeza el rostro pétreo de Mark
Wahlberg. El actor, antes también cantante (era hermano de uno de los “New Kids
on the Block” y luego formó su propio grupo de rap) y modelo, transmite menos
que una zapatilla y, en algunas escenas de máxima tensión, sus ojos más que
miedo mostraban indiferencia.
Por supuesto este caso no es de los peores, los hay que dan ganas de dejar
plantados con la palabra en la boca en
mitad de la película o incluso de pegarles en la cabeza para comprobar
si sienten algo… ¡Es que tienen la sangre coagulada, horchata en las venas o coño
qué les pasa!?
Uno de los que puede liderar el ránquing de actores con cara de
hielo es, como no, Arnold Schwarzenegger, un pésimo actor sin discusión. Su físico de culturista no pudo ser mejor instrumento para interpretar al
robot asesino T-800 en Terminator, pero ojala no lo hubieran sacado de ahí,
puesto que en “Junior” y en “Desafío Total” fue un verdadero desastre. Otro de
los que mueve musculito pero cero expresión facial es Silvestre Stallone que,
con su boca de medio lado puede hacer tan sólo de boxeador maltrecho, como Rocky,
o de un tarugo militar, como Rambo.
Podría seguir señalando con el dedo a muchos más, como Jean-Claude Van Damme, John Tarvolta, Steven Seagal, Hayden Christensen, y
tampoco me olvido, a pesar de su gran fama de guaperas, de Tom Cruise o Keanu
Reaves. Y aún así se me pasarían millones de casos de actores malísimos,
por no hablar de actrices dignas de premios Razzie. Pero para eso necesitaría
otro post...
-
Asturias, patria querida… Asturias, de mis amores. El verde
de sus montes, los hórreos del paisaje, sus gentes campechanas, sus botellines
de sidra. Éste es el escenario norteño de “La Torre de Suso” y un personaje más del film,
un personaje en femenino.
Cundo (Javier Cámara) protagoniza y corta el bacalao en este
melodrama con toques de humor, al estilo de “Siete Vidas” (y es que su director
era uno de los guionistas de la serie de TV), sobre un asturiano que vuelve a
su tierra después de una década. Se
reencontrará con su grupo de amigos dispuesto a emborracharse como antaño, pero
el tiempo ha cambiado las cosas: han echado panza, algunos se han casado, unos
se sienten fracasados, otros se dejan llevar…
Detrás de la amistad entre machos están las mujeres,
desconocidas para algunos e inalcanzables para otros: maestras e intuitivas, y
que todo lo saben de antemano. Como verdaderas magas de la perspicacia, las
féminas parecen dar luz al camino de los perdidos.
Malena Alterio, que a veces da la sensación que le
falta un hervor, encarna a una chica entrañable, divertida e imaginativa que ha
creado su mundo, a medio camino entre la realidad y la fantasía. El mundo que
ha creado Mariana Cordero es muy diferente: encerrado en la cocina durante más
de 30 años, esperando a que su marido vuelva del bar o del puticlub, sufriendo
por su hijo poli toxicómano… Fanny Gautier es la ex novia del pueblo, que no se
ha movido del lugar, pero que, sin que Cundo se lo acabe de creer, ha sabido
crecer y rehacer su vida al lado de un genial marido. Y luego está una chica latinoamericana
que no le queda más remedio que trabajar de prostituta, un “estigma” que a su
novio le parece más insoportable que a ella misma…
Todas y cada una de ellas son fuertes y valientes, más duras
que las rocas, flexibles al discurrir del tiempo, pilares de la familia, hadas de las montañas, y configuran lo que los cuatro varones buscan: la tierra, la sorpresa, el misterio y el amor incondicional.
¡Puxa Asturies! Puxa las hadas de Asturias...
-
¿La familia? Bien, gracias… Se suele decir con amabilidad
hipócrita. La mujer deja ir una media sonrisa de complicidad y baja la mirada
para no mostrar lo que realmente es. Una mujer florero.
La primera escena de la película “Antes que el diablo sepa que has muerto” ya te da algunas pistas de
por dónde van a ir los tiros. Phillip Seymour Hoffman está haciendo el amor con
la atractiva Marisa Tomei en una postura a cuatro patas, en la que él se mira
constantemente al espejo, para verse dominar a su amante y esposa.
Marisa es una mujer desilusionada, débil, pasiva y marchita
como una flor, a quien su marido ha ido arrinconando para dedicarse a otros
asuntos. Su esposo, un hombre de negocios ambicioso, que de recadero subió como
las espuma hasta ser unos de los jefazos de en una empresa inmobiliaria, es un
adicto a la heroína y un obseso del dinero. Por sus vicios, no solo tiene
abandonada a su mujer, si no que mete a su hermano en un oscuro embolao, Ethan
Hawke, un pobre inocente que se rompe los cuernos para pagarle la pensión a su
ex mujer y su hija.
La aparente fortaleza de la personalidad de Hoffman se va descomponiendo
por momentos, se va desenmascarando la verdadera cara, sus miserias, sus
miedos, sus engaños... Escenas de acción y claustrofobia, que se consiguen
gracias a los saltos temporales y a los flashes de los distintos personajes (un
poco a lo Pulp Fiction) que se entrecruzan hasta crear un hilo lógico y
ordenado. Y el fuerte acaba siendo el más débil.
Marisa, que se ha dejado llevar por la situación durante
años, decide salirse del asqueroso mundo que rodea a su marido… La familia
destruida, pero ella estupenda.
-
Todas nos hemos sentido alguna vez así… partidas entre dos
mundos. Y hablo en femenino, una, porque soy mujer y puedo sentirme
identificada con razón con este sentimiento, y dos, porque la cosa va sobre el
universo femenino.
¿Se te ha presentado alguna vez una incertidumbre o duda
ante dos caminos opuestos? Ésta es la propuesta en la que se basa Claude Chabrol
en su nuevo film “Una chica cortada en
dos”, con el fin de fotografiar y ridiculizar la aristocracia francesa y la
incomunicación en las relaciones.
Gabrielle Deneige (Ludivine Sagnier) es una chica mona,
rubia, joven que tan sólo se preocupa por salir guapa en su breve espacio de información
metereológica de televisión. Alrededor suyo tantos hombres comos setas, la
miran, le tiran los tejos y la intentan conquistar. Hasta que llega el afamado
escritor Charles Saint-Denis (François Berléand), que con su verborrea y sus
frases célebres, la seduce como un buen vino con solera al paladar. La chica lo
cata, lo degusta y se emborracha enseguida de su sabor enigmático y adulador, a
veces dulce, paternal y tierno, otras veces, amargo, libertino y retorcido.
Pero Gabrielle también es el capricho de un joven rico
mimado y snob, quien no aceptará un ‘no’ por respuesta y no desistirá hasta conseguir
que la chica sea toda suya. Aunque el director nos plantee esta dicotomía
amorosa, la protagonista, siempre bajo un aire de inocencia, tiene claro desde
el primer momento qué camino desea elegir: sabe perfectamente de quien está
enamorada.
Pero la vida le reserva sorpresas con las que no cuenta.
Gabrielle se ve envuelta por una espiral de maquinaciones y energías exteriores
que harán girar su vida hacia un rumbo imprevisto. De esta manera, la joven se
verá arrastrada a un destino con el que no había soñado.
Pero así es la vida, unas veces se acierta y otras veces nos
equivocamos en la elección…