Vivir en Plutón, ¿y qué?

Ayer me dejé seducir por
un título sugerente, Desayuno en Plutón
y por su música, mítica y acertada, que dinamizó mi tarde de domingo. En un pueblecito irlandés, Patrick
es abandonado al nacer. Sin madre y sin saber
si quiera quién es su padre, se crea un mundo mágico y maravilloso,
donde todo es de color de rosa. En seguida Patrick
descubre que es diferente (le encanta la costura, la cocina, que le llamen
Gatita y las canciones románticas) no se acompleja por ello, y disfruta aún más
de su estrafalaria personalidad. No obstante, su madre adoptiva, una mujer
bigotuda llena de rencor le hará la vida imposible, hasta que Gatita decide marcharse al gran Londres,
donde un día su madre auténtica despareció.
Cual Marco de los 70, Desayuno en Plutón hilvana la aventura
de una chica joven, encarcelada en un cuerpo masculino, que ansía conocer a su
madre. A pesar de que Patrick se niega a tomarse la vida en serio, se
mueve casi a un palmo del suelo, más cerca de Plutón que de la Tierra, a su
alrededor se suceden episodios sangrientos de la IRA. E incluso a él, una
persona inocente y cariñosa, le salpicará uno de estos actos terroristas,
llevándolo a la cárcel. Sin embargo, Patrick siempre ve el lado positivo de las
situaciones, y hasta le cogerá el gusto de estar en una celda. Maleta en mano,
deambulará noche y día por las calles londineses, buscando a la Dama Fantasma, conociendo a personas muy distintas, a cuál más rara, unas que le entropecerán su búsqueda, otras que le echarán un cable, como en los aunténticos cuentos de hadas. Y aunque las cosas se pongan negras, Gatita nunca dejará de soñar, soñar conalguien que le regale flores, alguien que la lleve a bailar y la coja en brazos... Poco a poco, Gatita
irá conociendo la verdad de su historia familiar y de su propia historia.
Sin duda, una entrañable
película, desgarradora en algunos momentos, pero cómica, y dulce, que no hace
caer en la lágrima fácil. Y es que la vida es distinta, según los ojos que la
miran.