Amerrika no quiere a todos
Una madre coraje. Una historia de inmigración. El sueño de
un paraíso terrenal. Ahora mezcla todo eso y aderézalo con una pizca de
problemática social actual. El resultado: Amerrika.
Muna es una mujer de unos cuarenta y tantos, vive en la
franja de Cisjordania, tiene un hijo
de 12 años y su marido la ha dejado por una chica más joven y delgada. Su
tierra natal lleva 40 años ocupada por el ejército israelí. En los últimos años
los controles militares para pasar de un lado al otro de la ciudad han
aumentado tanto que Suna tiene que salir dos horas antes para ir al trabajo, un
trayecto que antes hacía en 10 minutos. Tras muchas humillaciones y
resignaciones, cuando Muna recibe el permiso de residencia y de trabajo para Estados Unidos, se le abre un cielo lleno
de esperanzas. Desea ofrecerle un futuro mejor y una buena educación a su hijo,
y qué mejor que en el país de las oportunidades...
Sin embargo, solamente pisar suelo norteamericano, la
ignorancia y el repudio de la gente de allí hacen sentirla aún más extraña que
en su país. Nada de lo que soñaba se asemeja a la realidad de un pequeño pueblo
in the middle of nowhere, donde los
vecinos llaman "terrorista islamista" a cualquiera que provenga de Oriente
Medio.
Mientras su familia recibe amenazas de bomba, su hijo sufre
los insultos de chicos racistas en la escuela, Muna se vuelve loca para
encontrar un trabajo acorde a su profesión (contable en un banco). La falta de
dinero y el sentimiento de culpabilidad por estar en casa de su hermana "de
gratis", hacen que Muna acepte un puesto como camarera en una hamburguesería. Pero
para una mujer con tres carreras y con experiencia, es casi una vergüenza ir
con gorra con visera y servir menús de ternera, por lo que intentará ocultarlo a
toda la familia.
La directora palestina, Cherien
Dabis, intenta con su primera obra cinematográfica retratar las
dificultades de adaptación de una familia inmigrante, y de paso cargarse el
mito de Estados Unidos, tierra de todos, tierra de acogida y libertades. Amerrika es un reflejo real a lo que
millones de personas tienen que enfrentarse: la pena de dejar su país y sus
tradiciones, y encajar en un nuevo hogar que no los quiere.