A por el antihéroe
Hoy me dispongo a hacer algo inusual y quizás poco
ético, y es juzgar y criticar una película que ni siquiera he visto. La víctima
de este post es Hancock, lo último de Will Smith en la que el actor se disfraza
de un héroe borracho y un bala perdida.
El argumento a primera vista me pareció original y
atractivo, el trailer tiene algunos momentos de carcajada limpia y más después de
visionar a Smith rompiendo los carteles de una autopista con la cabeza y una
botella de whisky en la mano. Me gusta que el guionista haya buscado la otra
cara de un superman. Imaginad por un momento: ¿cómo sería un héroe lisiado o
viejo? Me agrada que se subviertan los roles, que se den la vuelta a los
estereotipos y se rompan los esquemas mentales de lo tradicional.
Hancock es, como dirían los americanos, un loser, un tipo
incomprendido que siempre organiza unos berenjenales tremendos al hacer una
buena acción. ¿Y qué hay de malo en eso? No todos somos perfectos, no todos
tenemos que tener éxito en la vida. ¿Qué pasaría si James Bond fuera en silla
de ruedas? ¿O si Batman fuera un machista acabado insoportable? Pues pasaría
que serían más cercanos a muchos de nosotros, más fiables a la realidad, más
criticables en la boca de todos, pero más difíciles de admirar.
Por desgracia (mía) el antihéroe Will Smith se somete a
un proceso de rehabilitación… Un director de marketing resulta ser el hada
madrina que le cambia su mala imagen de arriba abajo. ¡Qué bonito y encima sin
varita mágica! Es como la historia del patito feo que se convierte en cisne,
como el malo que se convierte en bueno, como el pequeño que se hace fuerte.
¿Por qué tenían que chafarnos el plan de la oveja negra de los héroes? Está
bien que ayuden a Hancock a ser más feliz, pero eso no va ligado a ser más
popular, más guapo o tener más dinero.
La película ni la he visto, pero sabiendo todo esto y siendo
coherente conmigo misma, se me quitan las ganas de verla. Pensaba que esta vez me iban a
sorprender…. Pero Hollywood prefiere seguir dándonos la misma fórmula:
cuentos con la idea de triunfo, de ser el mejor, de competitividad y de
rivalidad, de sueños imposibles. Porque si dejaran de mandarnos estos mensajes todo
se descuajaringaría y nosotros dejaríamos de estar alienados. Y eso no
interesa.