Yo quiero ser Carrie Bradshaw
“Todo el mundo tiene un sueño. ¿Tiene usted un sueño? Ei,
usted, ¿qué sueños tiene?” Así empieza una de las películas más famosas del
siglo XX y una de las favoritas por el sector femenino, “Pretty Woman”. Aquella
fue la cenicienta contemporánea, la prostituta que acaba con un caballero,
guapo y con dinero. Un siglo después
Sarah Jessica Parker es la nueva Julia
Roberts, aunque sin tal mal pasado, pero sí con el mismo deseo: ser princesa en
la Gran Manzana
y encontrar la glamurosa carroza de su príncipe azul.
Desde el primer minuto del film, sentí unas ansias fervientes
de parecerme a Carrie
Bradshaw, de tener si figura, su dinero para comprarme su
cientos de modelitos y zapatos “manolos”, su estilo para ir a la última, su suerte
para tener tres amigas incondicionales y su sex appeal para enamorar a un tipo
guapo y con mucha clase.
Demasiada floritura, demasiado dulzor y demasiada cursilada…
Parece que el guionista (el mismo que el de la serie de televisión) nos quiera
vender un cuento de hadas, recubierto de consumismo, frivolidad y
tradicionalismo. Vivir en un ático en Manhattan, asistir en primera fila a la
semana de la moda de Nueva York o tener más armario que salón, no significa ser
una chica independiente, sino más bien una pija empedernida, anclada en el
pasado y en el materialismo.
Y no es que la idea de la gran pantalla se aleje mucho de la
original de televisión... Pero es que tampoco es fiel al cien por cien: contiene
algunos diálogos tontos, gags inoportunos y escenas cortadas sin sentido,
además, todo gira entorno a la genial Sarah Jessica Parker, dejando en un segundísimo
plano a sus compañeras. Ni Samantha muestra su lado más sexual ni extrovertido,
ni Charlotte deja ir alguna ingenuidad de las suyas, ni Miranda mantiene su
genio…
Está claro que los años han pasado, que aquellas
treinteañeras han madurado, pero a mi me da la sensación que todo queda
eclipsado por la guapa y rubia Sarah, que para nada es tan guapa, si no fuera
por los tonos de maquillaje, la luz y tanto modelito caro. La actriz tiene dos
momentazos donde se luce más nadie, uno cuando se prueba la ropa antigua de su
ropero, y otro, cuando es fotografiada por la Vogue con trajes de novia de los
mejores diseñadores del mundo. En fin, un puro escaparate para los modistas más
famosos y, sobre todo, para ella misma.
No obstante, y a pesar de todo lo dicho, “Sexo en Nueva York” era
la mejor oferta de la cartelera del domingo, y más para seis amigas repletas de
chucherías, con el combo más grande de palomitas saladas y con unas inmensas ganas
de soñar… soñar con ser Carrie.