Antes que la familia la destruya
¿La familia? Bien, gracias… Se suele decir con amabilidad
hipócrita. La mujer deja ir una media sonrisa de complicidad y baja la mirada
para no mostrar lo que realmente es. Una mujer florero.
La primera escena de la película “Antes que el diablo sepa que has muerto” ya te da algunas pistas de
por dónde van a ir los tiros. Phillip Seymour Hoffman está haciendo el amor con
la atractiva Marisa Tomei en una postura a cuatro patas, en la que él se mira
constantemente al espejo, para verse dominar a su amante y esposa.
Marisa es una mujer desilusionada, débil, pasiva y marchita
como una flor, a quien su marido ha ido arrinconando para dedicarse a otros
asuntos. Su esposo, un hombre de negocios ambicioso, que de recadero subió como
las espuma hasta ser unos de los jefazos de en una empresa inmobiliaria, es un
adicto a la heroína y un obseso del dinero. Por sus vicios, no solo tiene
abandonada a su mujer, si no que mete a su hermano en un oscuro embolao, Ethan
Hawke, un pobre inocente que se rompe los cuernos para pagarle la pensión a su
ex mujer y su hija.
La aparente fortaleza de la personalidad de Hoffman se va descomponiendo
por momentos, se va desenmascarando la verdadera cara, sus miserias, sus
miedos, sus engaños... Escenas de acción y claustrofobia, que se consiguen
gracias a los saltos temporales y a los flashes de los distintos personajes (un
poco a lo Pulp Fiction) que se entrecruzan hasta crear un hilo lógico y
ordenado. Y el fuerte acaba siendo el más débil.
Marisa, que se ha dejado llevar por la situación durante
años, decide salirse del asqueroso mundo que rodea a su marido… La familia
destruida, pero ella estupenda.