El lago Ness
Cuando se pregunta por un lago mágico, con misterio, brumas y algún que otro monstruo, no cabe duda. Todo el mundo responde… ¡el lago Ness! Tuve la gran oportunidad de visitarlo hace unos años, y debo decir que aunque me sobrecogió (todo lo que se dice de él es verdad, la niebla que lo cubre impresiona un montón), también me decepcionó. Ha llegado el turismo masivo.
Me explicaré. No es porque sea un destino turístico anunciado en todas las agencias de viajes, es por el afán de ganar millones a costa de sus aguas y del pobre Nessie. En las cercanías del castillo de Urquhart, que se encuentra en su orilla, podemos encontrar un centro de interpretación del monstruito. Allí, dejando de lado toda la historia del lago y de sus alrededores, lo único que se puede ver es la imagen de Nessie explotada al máximo (debería cobrar una comisión). En este lugar puedes comprar desde llaveros del bichito hasta hacerte fotos junto a una maqueta suya de tamaño natural. Sinceramente, aquello parece de serie B.
Salvo esta pequeña gran aberración, el resto del entorno es increíble, como decía antes. El lago Ness es muy alargado, y en sus dos extremos se hayan dos poblaciones dignas de visitar. En la orilla sur está Fort Augustus, una preciosa villa con esclusas que permiten el paso de barcos al lago. Allí hay una curiosa estatua de Nessie, os recomiendo que la veáis.
La otra es la ciudad de Inverness, en el extremo norte del lago. Es la capital de las Highlands, las Tierras Altas, y en Escocia se conoce como “La joya del Norte”. Es una preciosa ciudad, repleta de arquitectura típica y lugares pintorescos. Allí comienza el “Loch Ness Trail”, la senda turística del Lago Ness. Ambas ciudades y el Lago Ness, de lo mejorcito que he visto en mi vida… ¡y eso que fui en invierno!
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